NIÑA DE ARENA (II)

Desde hace tres años, y coincidiendo con la llegada del verano, Zeina, la niña de arena, cruza el desierto con destino al Norte. La familia Hassana vive en una jaima en los campos de refugiados saharahuis de Tindouf. Igual que otras quince mil familias, viven en mitad del desierto de la Hamada, sin agua, sin apenas comida, sin trabajo y sin otro futuro que la solidaridad internacional. Sin derecho a nada.
Cosas de mayores que los niños no entienden.
Aquel primer verano, con ocho años de edad, viajó por primera vez. Recuerda la larga fila de niños saliendo de los campamentos. Miles de niños de ojos negros, cada uno con su pequeña maleta, algo de ropa, un bocadillo y una bolsita de plástico con pulseras hechas a base de recortar y pintar tubos de PVC. Algunos lloraban, mientras los más mayores les intentaban consolar. Atrás quedaban las familias, el cuscús, las tardes de té y los cuentos del abuelo Musa. Después de diez horas por una carretera de tierra, la gran caravana de viejos Land Rover, dejó a los niños en un desolado aeropuerto de Argelia. Horas de espera. Cuatro horas de avión y más espera en un nuevo aeropuerto del Norte. Aquello era otro mundo. Su primera sorpresa fue notar que no se le llenaba la boca de arena al respirar, luego disfutó con el brillo del suelo y paredes, las luces de colores y los cientos de tiendas también llenas de luz y color. En el avión conoció a Fátima, con ella compartió los primeros miedos e ilusiones.
Hace tres años que conoció a su familia de acogida en vacaciones. Una familia del norte, con los lujos, la abundancia de comida y la amabilidad de los blancos. Al principio lloró cada una de las noches, pero en pocos días encontró nuevas amigas, nuevos juegos, unas comidas desconocidas y exquisitas; pero sobre todo descubrió la gran piscina. Millones de litros de agua dulce y azul donde pasaban las tardes. Por las noches la niña de arena, después de rezar, dedicaba un recuerdo a sus padres, a sus hermanas, a Fatima y al abuelo Musa. También conoció a Penélope, su amiga del norte. Una niña de ojos grandes y pelo rubio con la que compartió cada día, cada juego, cada momento. Finalmente, y después de dos meses, Zeina regresó a casa con ganas, pero sabiendo que volvería.
El segundo año todo fue más fácil. Zeina sabía que le esperaba un verano de vacaciones, juego, buena comida y sobre todo la gran piscina dulce y azul. Fue un verano fantástico. Penélope y Zeina compartieron vestidos y juegos; compartieron amigas y Zeina intentó enseñar algunas palabras árabes a su amiga del Norte. Fueron dos meses de risas y diversión. Casi sin darse cuenta había germinado una gran amistad de esa manera que sólo los niños saben construir.
Este año todo iba a ser igual. Por fin llegaban las vacaciones, las notas habían sido buenas y contaba los días ansiosa por volver a viajar.
La gran caravana partió una mañana con destino al aeropuerto de Argelia. Zeina ya no lloraba, Ahora era una veterana. Sabía dónde iban, y en las largas horas de espera consolaba a los más pequeños. Diez horas de carretera. Cuatro horas más en el aeropuerto. Rondaba la medianoche cuando empezaron a entrar en ordenadas filas. Pero algo no iba bien ese año. Zeina lo notó en las caras de algunos soldados. Dos horas más tarde se paralizaba la fila. Un soldado vestido de verde cerró las puertas y gritó algo que nadie entendió. Había algún problema...
Noche en los campamentos. Todos duermen en Tindouf. El ruido de un motor rasga la noche.Minutos más tarde Layla Hassana se despierta, levanta la cabeza y descubre la silueta de una niña a la entrada de la jaima. Detrás, la luna redonda. Zeina ha sido devuelta desde el aeropuerto. La niña de arena sostiene su carterita de Mickey, dentro una bolsita con regalos para su amiga del norte, este año había conseguido un anillo genial, Zeina llora.
Layla se levanta y abraza a la niña.
-¿Qué ha pasado? -la madre habla un dialecto del árabe.
-No sé -los sollozos hacen que la niña no pueda apenas hablar- nos dijeron los soldados que este año no hay más vuelos al Norte.
Zeina recuerda a su amiga de grandes ojos y pelo rubio, las bonitas flores del norte, la enorme piscina azul y dulce.
La niña de arena no entiende nada. Eran sus vacaciones, su regalo por las buenas notas. Se había portado bien todo el año.
La madre duda ¿Acaso en el norte ya no la querían?.
A mil kilómetros de distancia, todo esta preparado. Miles de niños desembarcan en los aeropuertos de luz y colores. Pero algo ha ido mal, algo no ha funcionado. La niña de arena no figura en los listados. Así de sencillo, así de claro. No figura, no viaja. No hay vuelta atrás.
Zeina ha perdido las esperanzas de viajar este año. Han llamado por teléfono a su familia de acogida. Allí no saben qué pudo haber pasado, pero ya no habrán más vuelos este año.
Tres días más tarde alguien marca un número de teléfono.
Ha pasado casi una semana desde el último vuelo. Son las doce de la mañana de un viernes de Junio. Cuarenta y dos grados. Un jeep aparca junto a la Jaima de los Hassana, se acercan dos soldados.
-¿Es ésta la jaima de Zeina Hassana?- el tono suena áspero, ronco.
-¿Quien pregunta por ella? -responde el viejo Musa mientras prepara el enésimo té del día.
-Mañana parte un último avión para el Norte, Zeina está en los listados. Quizás llegue a tiempo. Si nos damos prisa.
...Y la niña de arena volvió a tener sus vacaciones de agua dulce y azul.
PS: Tras innumerables problemas burocráticos y llamadas telefónicas, Zeina Hassana de diez años embarcó en el último vuelo Tindouf-Barcelona dentro del programa Vacaciones en Paz. Es su tercer año. Posteriormente viajó en autobús atravesando toda la península hasta Málaga.
En estos instantes la niña de arena duerme exhausta en la que será su habitación los próximos dos meses. En la habitación de al lado escribo este post. Sonrío y sigo...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

enhorabuena por conseguirlo!! :))))

Anónimo dijo...

Estas son de las historias que me dejan sin palabras. Enhorabuena.

Malena dijo...

Precioso. Precioso lo que escribes y la historia que encierra.

Anónimo dijo...

Qué bonito Salva....... qué suerte tienes..... qué verano tan bonito te espera..... Yo en un futuro no muy lejano haré igual.... si está en mi mano.... y para entonces quizá tb tenga una preciosa piscina azul q ofrecer.........