FIEBRE DE MUNDIAL

Ella ha visto tantas cosas que a veces prefiere no pensar. Pero es que...la mente funciona con vida propia.
Sabe que una fiebre prolongada durante varios días no suele revestir ninguna gravedad, especialmente si se trata de un niño, se lo dice a todas las madres en la consulta, pero es que...esta vez se trata de su hijo.
Sabe, pues lo ha dicho miles de veces, que no hay que preocuparse, pues casi siempre se trata de un proceso banal. Casi siempre, y es el casi el que la mata...También sabe que un niño de diez años no suele, no debe, tener procesos de gravedad, pero ha visto tantas cosas que...
Pablo tiene fiebre desde hace cinco días. Todo sucedió aquel miércoles por la tarde. Tarde histórica de amigos, cervezas, panchitos y gintonics. Tarde de risas y rosas. Tarde de Mundial.
Han quedado en casa de Marta, y son los de siempre, esta vez van todos con La Roja. Juan y su bufanda de Naranjito, su tesoro desde hace casi treinta años. Marta y Luis con su oso de la suerte. Y también vinieron Laura, Jose y Blas. No podía faltar Pau totalmente vestido de rojo y amarillo, bandera en ristre.
Pero algo no iba bien del todo...
Era el partido de su vida, el partido del siglo. Sabía que más de veinte millones de personas lo veían a más de ocho mil kilómetros de distancia, que éste sería su último campeonato del mundo. Muchos habían cuestionado su llamada en la selección, pero al final lo habían convocado. Carles, aquel niño feo, de nariz grande y pelos encrespados había llegado a convertirse uno de los ídolos de un país paralizado por el fútbol. No era el más guapo, ni el más alto. No era el que metía los goles, tampoco el que vendía más camisetas. Pero ahí estaba, y esa noche iba a darlo todo.
Habia jugado cientos, miles de partidos en su carrera, pero sabía que aquella fría noche africana podía cambiar su vida.
En el descanso del partido Pablo ha dicho que le duele la cabeza, que tiene frío. El termómetro rondaba los cuarenta grados cuando el balón rozaba el palo y la ciudad tronaba con un uuuyyyy!. Calles vacías. Ella lo ha explorado una y mil veces. La garganta, el pecho, el abdomen. Nada delata un foco infeccioso, pero la fiebre sigue ahí después de seis días. Fiebre sin foco, fiebre sin foco...
-Mamá, me voy a la cama- había dicho el niño en el descanso.
Pablo adoraba el fútbol. Había coleccionado todos los cromos de los jugadores, y se sabía la alineación de memoria: Iker, Ramos, Capdevilla, Piqué, Puyol...pero esa noche se quería ir a la cama.
Descanso. Carles ha estado a punto. Ha cometido errores, lo sabe. También sabe que estos partidos son a cara o cruz, que el seleccionador puede tomar una decisión en el descanso, que quizás no vuelva al césped. También sabe que es éste su último Mundial. Abandona el campo con el pie derecho, como tiene acostumbrado, y mira al cielo azul.
En el vestuario se acerca a Xavi y comentan algo a solas:
-¿Lo probamos?
-No sé, igual no sale- dice el jugador de pelo encrespado.
-Nunca se dijo nada de los cobardes. Tú atento, porque en el segundo córner lo probamos- responde el jugador de mirada inteligente.
-Vale.
Los amigos siguen disfrutando de la tarde de fútbol y emoción entre bromas, copas, nervios y risas. La tarde acompaña y todo es perfecto. Casi todo, porque Ella sigue nerviosa. Apenas puede comer porque un nudo atenaza su estómago. Bebe un trago y enciende un cigarrillo con la esperanza de calmar la ansiedad, pero la angustia aflora con más fuerza.
Son casi las diez de la noche, Ella decide abandonar a los amigos y subir al dormitorio a controlar la fiebre de Pablito y explorarlo por enésima vez. Mientras sube la escalera no puede evitar una súplica. Abajo los amigos siguen expectantes el partido del siglo.
Son casi las diez de la noche, es el segundo córner para la selección. Lo han hablado. Nadie más que ellos dos los saben pero es el momento. Los separan casi cincuenta metros, pero los dos jugadores se cruzan una mirada. Carles está en el centro del terreno de juego, Xavi coge carrerilla para sacar el córner. En ese momento, como activado por un resorte, el joven del pelo encrespado y la nariz ganchuda, sale disparado hacia el área rival. Nadie lo esperaba.
-¿Pero qué...?- grita el seleccionador sorprendido.
-Suerte...- piensa Xavi mientras golpea el balón.
Ella vuelve a comprobar la temperatura de Pablo. Fiebre. Ausculta el pecho; toca nuevamente la barriga, explora la piel en busca de manchas sospechosas; el cuello, el oído...nada.
-A ver...abre la boca grande y saca la lengua- le dice con palabras casi temblorosas. Ella enciende la linternita, y mira.
Lo habían ensayado miles de veces. Treinta y tres pasos a la carrera, llegar al punto de penalti y saltar con todo. Carles confió en no fallar, pero sabía que aquello no solía funcionar.
Toda una vida pasó por su cabeza mientras cruzaba aquellos metros corriendo alocadamente. Treinta y dos, treinta y tres...entonces cerró los ojos, saltó empleando en ello sus últimas energías, y cuando se consideró en todo lo alto, giró el cuello poniendo en ello todo su alma... oyó un zumbido, había golpeado el balón...zzuuuum!! Milésimas de segundo, no se atrevió a abrir los ojos, pero antes de comprobar el resultado del cabezazo, el estallido de todo un estadio se lo confirmó: -¡Gooooool!....
¡Había funcionado!
Varios millones de personas saltaron de los asientos vibrando, los comentariastas ensalzaron la gran jugada de estrategia, los entendidos alabaron al entrenador, los aficionados grabaron a fuego aquellos instantes que pasarían a la memoria colectiva durante muchos años, las portadas hablarían de Puyolazo durante semanas. Carles había tocado la gloria. Y lo sabía.
Los siguientes segundos, minutos, incuso días son la historia que todos conocéis.
En el mismo instante que Carles saltaba Ella encendía la linternita y repetía:
-Venga campeón, abre un poco más esa boquita...
El niño hizo un último esfuerzo, y de pronto apareció. Allí estaban, detras de la amígdala derecha. Exactamente donde deberían haber estado siempre, unas hermosas placas de amigdalitis blancas y brillantes. Ella pensó que era la imagen más bonita, la más deseada, la más ansiada, que había visto jamás. Por fin, allí estaba el maldito foco, el origen de la fiebre, el desencadenante, la causa que explicaba todo y que ponía fin a la angustia. Al fin empezaría con un antibiótico que pondría fin a la pesadilla. Ella besó su frente febril y se apartó una lágrima:
-No es nada, en dos días estarás bien- le susurró. Abajo, en la terraza se oyó entonces la algarabía por el gol- Además, creo que hemos marcado.
-Mami, quiero bajar a verlo.
-Vamos, dame la mano, ahora te voy a dar un jarabe y verás como te curas.
Diez y media de la noche, los dos jóvenes se abrazan sobre el césped y se dicen algo al oído. Al otro lado del planeta veinte millones de personas sonríen satisfechos. En la terraza, Ella sonríe aliviada junto a Pablo. Una felicidad encontrada detrás de la amígdala derecha de un niño de diez años, la felicidad de las pequeñas historias de cada día.
PS: Dedicado a todos los que somos sanitarios y sufrimos las fiebres de los nuestros. Vaya semanita.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me ha encantado,sólo GRACIAS, una vez más.

Anónimo dijo...

Tío.... te superas..... cada dia.... mejor..... Enhorabuena....

Anónimo dijo...

una vez más me hiciste llorar...

PAQUI dijo...

te superas y me haces llorar de nuevo
GRACIAS

Anónimo dijo...

QUE DECIR,CON LO QUE TE HAN DICHO YA,ERES GENIAL¡¡.SABES MEZCLAR DE UNA MANERA INGENIOSA,DOS REALIDADES DISTINTAS,QUE ENCAJEN A LA PERFECCIÒN Y SIEMPRE CON LO SANITARIO POR MEDIO.....ME DEJAS SIN PALABRAS....
PD;NO PIERDAS LA INSPIRACIÓN¡¡¡
FLORENCE

Anónimo dijo...

Que mal vicio el de los sanitarios,ante cualquier sintoma en nuestro seres queridos siempre vamos mas alla....

Aniña dijo...

insuperable y rela como la vida misma
enhorabuena!

danisanz dijo...

Realmente el saber de dónde viene la fiebre puede dar tranquilidad...si encuentras el foco...¡y mucha inquietud si no lo haces!! saber que no sabemos tanto, ¡crea tanta angustia!!nos enseñán que somos los mejores estudiantes en el cole, en el instituto, en la carrera...¿para finalmente poder afirmar, como diría el sabio y filósofo, "sólo sé que no sé nada"?
Puyol, ¿un crack? sí, un crack del esfuerzo y de la dedicación, a ver quién corre lo que corre él sin entrenar...Gracias por este relato que me trae a la realidad una vez más, tratando de manejar la incertidumbre con los pies un poquito más en el suelo.