TURNO DE URGENCIAS. LA DESCONEXIÓN

Son casi las dos de la madrugada. Víctor deja atrás el gran edificio gris. Enorme masa de acero, cristal y cemento. Cientos de ventanas cerradas, luces apagadas, seres en vilo, casi mil almas descansan dentro. Oscuridad en todo el edificio, menos en la planta baja. Allí la gran boca de urgencias tilila, verde y amarilla, en espera de nuevos enfermos, pacientes, clientes o usuarios. Modas para etiquetar personas.
Pero el turno de noche acabó, como siempre con demasiado retraso, y Víctor empieza la desconexión mental.
Es un proceso inicialmente complejo, pero que se aprende como casi todo en la vida, con el paso del tiempo, la práctica y a base de bastantes noches en vela.
La desconexión es el mecanismo que usa el médico para poder seguir funcionando fuera de la trinchera. Olvidar los malos momentos, apartar la incertidumbre, y no llevarse los problemas a casa, no llevarse los pacientes en la mochila. Igual que hacía su abuelo hacía setenta años separando la paja del trigo gracias al viento, Víctor debe diseccionar acciones, omisiones, errores, emociones, dudas y pasiones.
Todo empieza al despojarse del pijama verde. Con gestos mecánicos hijos de la repetición, el trozo de tela verde queda olvidado en el cesto. Con esa misma celeridad el joven médico va seleccionando buenos momentos y guardándolos con mimo en la memoria, el resto cae en el cesto de la ropa sucia.
A veces queda un halo turbio empañando los recuerdos. Con el tiempo se aprende a no caer en los engaños de la mente. No entrar en pensamientos tóxicos, pues te envenenas siempre ¿Y si me equivoqué...?, ¿Y si el paciente vuelve?, ¿Podría ser que...?
Víctor gira la llave y su viejo seat Ibiza ruge como un oso herido rompiendo la noche.
-Demasiados kilómetros a sus espaldas- piensa Bárcenas mientras enciende la radio.
La música electrónica, pulsátil y repetitiva, rítmica y pegadiza, le ayuda a pensar.
Entonces algo acude a su mente:
-Joder, realmente no he curado a nadie hoy- piensa.
Es cierto, no ha sido un turno de grandes diagnósticos. No han habido vías centrales para coger ni ha llegado la ambulancia con ningún paciente en estado crítico. De hecho la mayoría de los pacientes fueron patologías crónicas, agudizaciones de sus achaques (me molesta, me pica, lloro, me aprieta, me falta, me duele la vida...). Veintisiete pacientes visitaron su consulta azul. Todos volvieron a casa (control por su Médico de Familia y volver si varía cuadro)
Rememora su turno. Cierto, no ha sido un turno de los que salen en las series de televisión.
Recuerda a Carmen, ochenta y dos años, con dolor torácico, que salió con una sonrisa porque el médico le dijo que se parecía a su abuela. A Dolores, setenta años y cólico biliar , que volvió a casa con una sonrisa porque el médico le dijo que si se la encontraba en la feria le pediría un paquete de palomitas. Recordó a Marga, veintidós años, con ganas de morirse, que salió pensando que quizás la vida debe ser algo más que adorar a un chico que la humilla. Recordó a Antonio, setenta y nueve años, que acudía por primera vez al hospital en su vida porque se había caído en el huerto luxándose el hombro, que a modo de agradecimiento le dijo "muy bonito su hospital, todo tan nuevo y reluciente".
Y pensó en Cristina, que a sus seis años había tenido por fin el valor de abrirle la boca al médico.
Un soplo de brisa nocturna acaricia su cara trayéndole aromas de jazmín.
En esos momentos Amalia, ochenta y dos años, ampuloma de cabeza de páncreas, fallece en su cama rodeada de sus tres hijos. Se va lentamente y sin dolor, como debe ser. El médico les había explicado cómo sería el final, y cómo manejar la morfina. Amalia sonríe y se apaga.
En ese momento Luis, cincuenta y tres años, ha invitado a cenar a su mujer a una pizzería del centro. No salían a cenar desde hacía más de veinte años. Hablan como dos adolescentes:
-No me esperaba esto- dice ella- además las velas son tan románticas...
-Bueno, creo que te lo mereces, por aguantarme tantos años- responde él, mientras recuerda las palabras de aquel joven vestido de verde:
-Luis, esa mancha no es ningún cáncer, ni el dolor ningún infarto. Ha venido a urgencias dieciocho veces en dos meses. Quizás se muera mañana, y quizás yo también. Y a lo mejor hay algo que se quedará sin hacer porque está pendiente de "sus enfermedades". Piénselo.
Arriba la luna robada, un gran agujero de luz en la noche; abajo un seat Ibiza aparcado junto a la cuneta. Junto a él Víctor Bárcenas respira la noche del Sur.
Definitivamente no ha sido un turno espectacular, pero le gusta lo que hace.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

tienes la capacidad de ver más allá de lo que mucha gente ve, y además descrbirlo. Me encanta!

carmen dijo...

me gusta leer tus narraciones y escritos, llegas a plasmar de forma clara y amena aquellas situaciones, pensamientos y senntimientos que nos acompañan a los que trabajamos en la sanidad, tya sean unas urgencias, una uci ou otro servicio. Felicidades y sigue con ello.

Anónimo dijo...

Genial, como siempre.
Soy una estudiante de medicina y ultimamente me preocupa la incertidumbre en cuanto la eleccion de espcialidad.
Volverias a coger familia?
Que otras espcialidades tenias en cuenta en el mmto de la elección?
A dia de hoy que otras espcialidades te atraen?
Siento desviarme del tema, me encanta como escribes :)

Anónimo dijo...

es verdad, me encanta como eres capaz de plasmar en unas hojas esos sentimientos, pensamientos...... y que reflejan nuestra realidad dia a dia......
Genial!!!!

salva dijo...

Hola!
Sin duda volvería a coger Familia con los ojos cerrados. Las razones son miles, pero si lees mi blog encontrarás la causa: me gusta. Te recomiendo que cojas una especialidad porque te guste. Yo tenía posibilidad de coger las oncologias, interna, anestesia, intensivo, micro y algunas otras. De todas formas al final serás el tipo de médico que quieras ser. Conozco cirujanos que son extraordinarios Médicos. Al final, siempre lo diré: nuestro tabajo se limita al encuentro de dos seres en un consulta. . Eso lo harás independientemente de tu especialidad (menos si haces analisis clinicos, etc...)Si no te gusta ese encuentro, micro.
por otra parte familia tiene salidas, tiene trabajo,y puedes enfocar tu trabajo a la faceta que más te guste(primaria, urgencias, gestion, etc...)Eso no quita que al principio haya trabajo precario, contratos malos y jornadas penosas. Pero eso pasa en cualquier especialidad, y más en estos tiempos.
Un saludo

monica dijo...

Admiro la capacidad de sintesis y expresividad en tus narraciones. Estoy enganchada a tus narraciones... haces que no me sienta sola en mi forma de ver la medicina y la reelación con mis pacientes...Admiro tu capacidad de mantenerte ilusionado con tu trabajo...¡como lo haces??? soy internista y me encanta serlo... pero no me gusta las condidicones de trabajo.. Siempre con prisas y presionada... siempre demoras en los estudios... Aguantando a personas maleducadas que gritan y exigen sin parar... Con tus relatos mne ayudas a recuperar un poco la ilusión para continuar un día más a intentar ser un poco más compresiva...paciente... a recordar que me gusta lo que hago... por eso soy médico...Muchas gracias...continúa por favor.