CINCO POR CINCO

-Andriuuuuuuu!!!- grita la Josefa. La cámara enfoca dos enormes tetazas blancas ocultas por una bañador negro de proporciones cachalotescas. Se va alejando y nos deja ver la oronda figura de La-Josefa plantada con los brazos en jarra sobre la arena de la playa. La cámara se aleja aún más y vemos cientos, miles de personas, un enjambre humano de toallas y sombrillas que siembran la arena. Es verano, y estamos en la costa del Sol. Es la playa de Fogirola
-Andriuuuuuuuuuuu!! ¡¡Donde tas metío, ven acá pa pacá y te comes aunque sea un petisuí!!
La familia Rando ha vuelto a sus adorados cinco por cinco. Son los veinticinco metros cuadrados de playa que ocupan de forma religiosa cada año. Su parcela, su trozo de verano, su mini-universo.
Este año vienen todos, porque en Córdoba hace más calor que alicatando pirámides.
Ocho sombrillas (dos de Pepsi, una de Nivea y las otras del Carrefú), doce toallas (siete con el logo de diversos hoteles de costa, una de la Juani, que las saca del hospital y el resto de los chinos por supuesto)
El abuelo Curro, pantalón largo, camisa y gorra calada hasta las cejas, ocupa la zona más sombreada. Pasa el día intentando matar cucarachas con el bastón. La abuela Cándida con su bambo marrón (medio luto desde hace treinta y cinco años) se sienta en su tumbona azul y blanca (no hay otro color para las tumbonas de centro comercial que rayas, azules, verdes y blancas, es un complot mundial).
Alberto, el padre tiene tres cometidos clave, y a ellos se entrega en cuerpo y alma bigote en ristre. Es su dedicación plena durante el verano:
Encender la barbacoa donde hábilmente es capaz de conseguir pinchitos con sabor a sardina y sardinas con sabor a cerdo carbonizado; oír la radio y estar al día de los últimos fichajes del verano. Y por supuesto enterrar cada día la sandía y localizarla (ya ha perdido tres sandías este verano, el año pasado fueron siete).
Existe una leyenda que dice que Alberto un año se metió en el agua, pero como todas las leyendas es falsa de toda falsedad.
La Josefa, esposa de Alberto, presuntamente de vacaciones se encarga de alguna cosilla: lava la ropa de doce personas, hace las camas, lava los platos, prepara cada noche un macro-tortillón de patatas, una ensaladilla rusa, barre el suelo y pone las toallas a secar. La Josefa no come, pero tiene un problema y es que retiene líquidos.
Y el Andriu que es más malo que pegarle a un padre, no para de correr junto al primo Míiigue, llenando de arena a los vecinos. De hecho hace años que la Familia Rando tiene un perímetro de seguridad de varios metros en torno a sus veinticinco metros cuadrados.
La Vane, hermana del Andriu ya cumplió diecisiete, luce orgullosa sus piercing del ombligo-nariz-labios (de la cara)-ceja. Pasa las horas mandando sms con su móvil de tecnología cuatribanda (sumergible doscientos metros, que aguanta temperaturas de seiscientos grados, tiene internet, te depila las axilas y que tiene cobertura hasta en el Himalaya) hablando con su amiga Ainara. Se han traído a Ainara para que conozcan el veraneo en la costa (bueno también influye que es la hija del encargado del Mercadona, donde la Vane pretende labrarse un prometedor futuro)
Y los cuñados.
El Andrés, hermano de la Josefa, consumado especialista en chistes de Zapatero y posiblemente poseedor del récord mundial en pelar gambas a dos manos. La Mari está casada con el Andrés. Ella es muy fina, porque en el año noventa y dos le hicieron un contrato de seis meses en el Cortinglés. Tienen dos hijos, el Míiigue que es una mezcla de kamikaze y zulú (ay, es que mi Míiigue tiene una gracia), y el Iker que como está enganchado al internés se queda en el piso pirateando el wifi del vecino (ay, este el día menos pensado me trae una colombiana guarrindoga).
La Mari es modernísima, pues cada semana se compra el Qué Me dices, y ocupa sus horas entre comer pinchitos asardinados, fumar Chester plantando la arena de preciosas colillas, meterse cada tres horas en punto en el agua hasta el ombligo (ay ay ay que fresqui) para soltar la meadita correspondiente y explotarse espinillas en la ingle de las que extrae suculentos chorritos de pus amarillosa.
-Ay que dolor de cabesa tengo chuchi, igual esta noche me paso por urgensia "a que me vean".
-Vale chocho- responde el Andrés- pero vamos después del partidito, por cierto, ¿sabes qué dijo ZP cuando le pidieron que dijeron que nombrara a cinco profesiones de trabajadores de un hospital? tres médicos y dos enfermeras... ¡jajajaja me meo!
Y Alfredo; es el soltero de la familia, el tercer hermano de Josefa y Andrés. Él es el encargado de la intendencia. Antes de emprender el éxodo, Alfredo compra el saco de patatas, los cinco litros de aceite, el arroz, los macarrones, los pimientos, las Caseras de dos litros (lástima ya no hay Mirindas ni Revoltosa) y hasta los paquetes de pipas.
Y así pasan los treinta y un días del agosto; entre tortilla de patatas y sardinas. Entre cotilleos de la Belén Esteban y peleas con el vecino de toalla. Entre Vane que estás tonta, conversaciones acerca de enfermedades, cuernos y cotilleos propios y ajenos. Eructos con olor a litrona y Andriu venacá pacá. Entre carajillos con sabor a tierra y partidas de dominó.
-Andriuuuuuuuuuuu!! ¡¡Donde tas metío, ven acá pa pacá y te comes aunque sea un petisuí!!

8 comentarios:

Anónimo dijo...

jajaja..........casi como yo cuando voy con mi mama!!!!!!!

Anónimo dijo...

jajajaj...magistral

Anónimo dijo...

pues en Torre del Mar ni te digo...esto está petao

Aniña dijo...

jjajaja que buena!
^^

Anónimo dijo...

Yo kiero un móvil como el de la Vaaaane. Genial. Fernando Ruiz

Anónimo dijo...

Buenisino.Feliz agosto.

Anónimo dijo...

Buenísima le descripción del turismo de "las 3 P" (paseo, pipas y playa) que nos llega todos los años. Sabes que en Las Palmas localicé Mirinda de naranja, qué rica, el mejor refresco de naranja de todos los tiempos. Carolina.

Anónimo dijo...

Gracias por no parar de escribir durante las vacaciones y ser tan lùdico.Besetes.
FLORENCE