DOMINGO CON INVITADOS

Hace unos días me invitaban a participar en un blog que adoro, el blog del fogón de la doctora Jomeini (http://fogondrajomeini.blogspot.com/). Me invitaba a escribir acerca de un libro y una receta de cocica; esto escribí:

Hoy cocinaré para mi idolatrada doctora Jomeini. Me invita a su fogón para elaborar una mezcla mágica. Libros y comida; vista, oído, gusto, olfato, tacto y... emoción. Me siento un privilegiado al pisar esta cocina encantada, una responsabilidad que espero no defraudar (aunque lo dudo dado lo patoso que soy entre fogones).
Rebusco en mi memoria de pez, buceo en mis recuerdos, mil veces rememoro libros y platos, en busca de algo que realmente me haga quedar bien (no es plan quedar mal con una anfitriona de tal categoría).
De pronto, en una de esas guardias horribles en las que te echas a dormir en una camilla, me vino una idea. ¿Literatura? ¿Y por qué no otro arte, otra ciencia, otra cosa...?
¿Novela, poesía, ensayo? ¿Me permitirá mi anfitriona saltar la línea? En el fondo todas las artes son formas de expresión, de emoción, de comunicación. Una escultura, un cuadro, un verso, una foto, una sonrisa, una catedral, una caricia, un sabor, una peli, un beso... ¿Una peli? Lo intento, y una vez más, cual rinoceronte en una tienda de Lladró irrumpo entre las cacerolas, sartenes y ollas de mi amable invitada.
¿Un refinado plato de sushi combinará con el cine de Ichikawa, o mejor lo mezclamos con un bocata de calamares? ¿Un delicioso crêpe con queso y gambas, acompañado de un Chardonnay reserva encajará con una espléndida Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes?
O mejor una pringosa pizza calzone de esas con jamón, champiñones, queso, tomate orégano, pimientos, cebolla, bacon, atún, aceitunas y maíz mientras veo el banquete orgiástico de Viridiana o la incomparable Grand Bouffe de Ferreri.
Dudas. ¿Salgo del paso con una tarde de El Imperio contraataca, Mc Pollo, patatas de luxe, Coca-cola y Mc Flurry? Demasiado cutre quizás.
Al final decido desnudarme (para variar, creo que todos los blogueros, mucho de exhibicionistas tenemos) y...
Vivíamos en una casita humilde en una calle sin asfaltar. Finales de los setenta; en el barrio no teníamos nevera, el baño aún estaba fuera de casa, pero teníamos viejo un televisor Lavis que era la caña. De riguroso y elegantísimo blanco y negro, pantalla con forma de huevo gigante y sólo cogía la primera cadena.
Las tardes eran de pan con chocolate, los sábados de Gabi, Fofó, Miliki, Fofito y los domingos de lavado de cabeza semanal (una bolsita de champú con forma de rombo para todos).
Pero los domingos eran especiales en mi casa por muchos motivos:
Uno: Ponían Sandokán en la tele. Una serie donde un estrafalario Kabir Bedi daba vida al Tigre de Malasia, un príncipe desposeído de su trono por los británicos y convertido en pirata. Amores imposibles, luchas titánicas y cañonazos por doquier junto a sus piratas, los incombustibles dayakos. Y sobre todo, una escena mil veces repetida en la que el bucanero saltaba y mataba en el aire a un tigre de Bengala (hoy sería políticamente incorrecto imagino).
Dos: Mamá preparaba una gran olla de callos de cerdo a la malagueña; garbanzos, callos, manitas, morcilla, especias... y mi padre repartiendo con el gran cucharón.
-¡Yo no quiero morcilla! ¿Eso es la oreja? Puajjj qué asco, échame un trozo...
-¡¡Mi plato tiene muchos garbanzos!!
Pocos garbanzos y mucha chicha; un caldo espeso que hoy en día casi sería declarado ilegal por los integristas de la vida cero-cero.
Tres: (Y casi más importante que lo anterior): Movíamos la tele desde el salón a la cocina. Aún recuerdo la procesión mi padre mi hermano y yo trasladando la mesita con ruedas con todo el mimo del mundo cual procesión semanasantera.
Cuatro: Ajustábamos la antena: Mi padre se subía al tejado e iba orientando la antena para coger la señal con perfección.
-¡Un poco más, un poco máaas! ¡Ahora no la muevas, perfecto! Noooo otra vez se ve agua, prueba ahora a la izquierda a ver...!
Cinco: Mamá nos enviaba al bar a comprar Casera blanca fresquita cinco minutos antes de empezar la peli. Además nos dejaba echarle unas gotitas de vino, con las consiguientes broncas:
-¡¡Mi hermano tiene su casera más roja!! ¡¡Su vaso está más lleno!!
Fue mi primer contacto con la Aventura. Luego vino el llamado Cine de verdad, la gran pantalla, las grandes películas, los directores geniales, los libros mágicos, los guiones magníficos y los actores divinos. También conocí otras cocinas, los frutos de otros fogones, nuevos sabores, texturas y experiencias inolvidables...y mi amor por la literatura.
Hoy en día podría repetir cualquier plato de los probados, ver cualquier película, pero es imposible volver a aquella mezcla mágica de domingo con callos malagueños, Casera blanca y Tigre de Malasia. Jamás lo olvidaré.
Y como despedida, me vais a permitir una licencia. Si no lo hago reviento: Es algo que hace casi treinta años que no hacía, pero me apetece. Porque todos los lunes, en el recreo, entre carreras y juegos infantiles se oía en el patio del cole:
¡Sandokán, Sandokán, que por el culo le sale champán!

Callos de cerdo a la malagueña:
INGREDIENTES (Para 6 personas)1 kg de garbanzos, 1 kg de callos de cerdo limpios, 1 morcilla, 2 chorizos de Ronda, 1 tomate, 1 cebolla, 1 cabeza de ajos, 1 hoja de laurel, 1 astilla de canela (medio palo) , 1 ramita de hierbabuena, 1 ramita de perejil, Unos granos de comino, 2 0 3 dientes de clavo, 1 cucharadita de pimentón, Pimienta negra en grano al gusto, 1 ó 2 guindillas (al gusto), Sal al gusto.1. .limpiar. Los garbanzos se dejan en remojo desde la víspera (es costumbre en muchas casas echarlos en agua tibia con un poco de sal). Los callos se pueden comprar limpios. Si se opta por prepararlos, se deben quemar aquellostrozos que tienen pelo a fuego directo; posteriormente, se lavan con agua caliente, rascando y limpiando los olios que puedan tener impurezas y se dejan un buen rato en agua fría con limón y vinagre. Después se les quita el agua y se le da un hervor con agua limpia abundante que, igualmente, se tira. Ya están limpios los callos y se pueden trocear para guisarlos. La cabeza de ajos se pincha en un tenedor y se asa a fuego directo y se aparta. En una sartén con aceite se echan los restantes ajos laminados y la cebolla picada y se hace un sofrito;cuando están pechados, se le agrega el tomate pelado y troceado hasta que se termine de hacer el frito, se aparta y se le vierte el pimentón, se liga con una cuchara de madera y se reserva. Se pone al fuego una olla con agua abundante, los callos, el chorizo, la cabeza de ajos asada, la hierbabuena, el perejil picado, las guindillas, la pimienta, el comino, el clavo, la canela, el sofrito y cuando entre en ebullición, se le echan los garbanzos, dejándolo que hierva a fuego medio hasta que los garbanzos estén blandos (unas dos horas), espumando y teniendo la precaución de calentar agua si se ha de añadir para que no rompa la ebullición de los garbanzos.
Cuando están en su punto los garbanzos, se le agrega la morcilla y se le da un hervor de 15 a 20 minutos, se rectifica de sal y se pueden servir Si prefiere hacerlos en una olla a presión, vierta todos los ingredientes, espere que entre el agua en ebullición para echar los garbanzos y cierre la olla dejándola unos — de hora a fuego medio.
Una vez listo y abierta la olla, se le agrega la morcilla y se repite el último roceso.Es aconsejable hacer los callos el día anterior al que se deseen degustar, pues estarán más espesos y sabrosos.
¡Y listo!

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