INFIERNO

-¡Que la jodan! -escupe el tipo del pelo gris-¡Que la jodan una y mil veces!
En la consulta azul huele a orines y vómitos. Olor a sudor reseco, a sangre y alcohol. A miseria.
Es una de las sensaciones más desagradabes que Víctor recuerda. Ese olor rancio, avinagrado y amargo que te impregna hasta la ropa.
Sobre la camilla el hombre de pelo gris lo mira desafiante (¡que la jodan bien jodida!); esboza una sonrisa mezcla de mueca y burla que deja entrever un colmillo amenazante corroído por la caries. Las correas de cuero le sujetan las muñecas y tobillos a los laterales metálicos de la camilla. El hombre de pelo gris forcejea inutilmente tratando de arrancarse las sujeciones. En un gesto de furia gira el cuerpo a un lado y otro intentando zafarse de los anclajes (protocolo de sujeción mecánica, protocolo de sujeción mecánica ...).
-¿Es usted alérgico a algún medicamento? -pregunta el médico. La voz suena fría.
-¿Alérgico? A su puta madre soy alérgico...-escupe.
El médico escribe con rapidez las frases de siempre. Clac, clac, clac, suenan las teclas (historia clínica, historia clínica, céntrate...)
-¿Tiene alguna enfermedad o sigue algún tratamiento? -intenta no mirarlo a la cara. Sabe que no debe mirar sus ojos, pues eso sólo logrará empeorarlo todo.
-¿Enfermedades? Las que ella me haya contagiado. Y de los nervios, estoy de los nervios por su culpa.
Víctor intenta respirar el aire viciado y putrefacto de su consulta, concentrarse en su trabajo.
-Me duele la mano, me duele mucho la mano -se queja el hombre de pelo gris.
El médico mira el lateral de la camilla; allí descansa una mano deformada en su quinto dedo. La sangre, aún fresca, resbala y cae goteando sobre le suelo. No necesita radiografía, sabe que encontrará lo de siempre: fractura del quinto metacarpiano.
Víctor se levanta y se aproxima a la camilla. Guantes, mascarilla, gafas.
-Me duele mucho la mano -el paciente empieza a llorar.
El joven médico se acerca un poco más y mira la otra mano, también ensangrentada. En ese momento se cruzan las miradas. El hombre de pelo gris lo mira con furia. Sabía que no debía, pero no ha podido evitarlo. Se miran a los ojos...
-¿Por qué lo has hecho? -le susurra con rabia.
-Porque era una zorra, una jodida zorra, por eso lo hice y lo volvería a hacer mil veces -entonces empieza a gritar , empieza a luchar contra los correajes intentando volcar la camilla. Acuden celadores y personal de seguridad.
El hombre no es hombre; es un demonio de pelo gris y espumarajos en la boca (protocolo de agitación, protocolo de agitación...)
Cinco minutos más tarde alguien desinfecta la consulta azul, alguien arrastra una camilla por el pasillo donde alguien duerme desmadejado en brazos de midazolam.
Víctor se mira al espejo y descubre una cana solitaria. Entonces se da cuenta de que es la primera vez en su vida que no le apetece curar a alguien, la primera vez que mandaría a alguien al mismo fango infecto del que vino. Entonces respira profundamente y se da cuenta de que debe hacerlo y lo hará únicamente por una razón: porque le pagan por ello.
Dedicado a todas y cada una de las 76 mujeres asesinadas por sus parejas en 2010. Y a las 68 del 2009, y a las 84 del 2008, y a tantas que murieron y morirán víctimas de seres sin alma.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Impresionante...me quedé con el corazón en un puño.

Aniña dijo...

me ha enganchado hasta el final
mil felicitaciones!
un beso

Anónimo dijo...

Este tipo de pacientes suelen ser alcohólicos,drogatas,y enfermos mentales que deben estar en tratamiento psiquiátrico y psicológico y por desgracia no se les da ayuda hasta que delinquen y agreden ,ellos también son maltratados de la sociedad,una sociedad que no hace medicina preventiva y es esquizofrénicamente permisiva con el alcohol y prohibitiva de otras drogas porque interesa consumir y hacer ricos a unos intereses mafiosos,ese hombre es un enfermo y lo ha atendido el médico porque es una obligación atenderle cuando ha fallado el sistema preventivo,esto pasa porque a alguién le interesa que pase,sino se actuaría de otra manera.Un abrazo.

Anónimo dijo...

Es un tema delicado este,no siempre son enfermos estas personas,muchos son fustrados que pagan su fustracion con alguien mas debil,casi siempre con sus mujeres y sus hijos,muchos las matan y luego se suicidan,lastima que no se suicidaran primero y asi ellas y sus hijos vivirian