LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO Y LA SEMANA MÁGICA DE CARREFOUR

Hay ocasiones en las que debes pedir que paren el tren porque tienes ganas de apearte. Ocasiones en las que no comprendes, no entiendes, o simplemente quizás no sabes.
Hoy me haré una serie de reflexiones a ver si me aclaro o finalmente llego a la conclusión de que soy cortito de luces.
En primer lugar asumiré que nos encontramos en un país civilizado, donde un montón de gente trabaja (más o menos a gusto) para pagar a unos políticos que gestionen o gobiernen, para que pongan orden. Si los gobernantes deben gestionar es porque asumimos que los ciudadanos (votantes, usuarios o clientes), debemos ser gobernados, pues es imposible una autogestión de los sistemas humanos, eso ya lo sabían hasta los atenienses. Hasta ahí llegamos todos. Es necesario poner guardias en las calles, cajeros en los bancos, porteros en los cines, etc... pues si no existieran sería un caos.
Imaginemos una situación: El Carrefour decide crear la semana mágica, siete días en los cuales elimina vigilantes, elimina cajeras, y pone todos los productos gratis. La quiebra sería completa en menos de cinco días, o bien se acabarían los productos, eso nadie lo duda. Por tanto llegamos a
Conclusión 1: Los ciudadanos necesitamos de la existencia de unas normas comunes y unos elementos reguladores, que gestionen la vida pública y los recursos. Esto es de segundo de primaria.
Y de la frase anterior me quedo con unos elementos: Normas comunes obligatorias (leyes, reglamentos...), reguladores (precio, vigilantes...) y recursos.
Y lo más interesante es que normas, reguladores y recursos deben estar en equilibrio. No podemos concebir que una norma prohibiera entrar a los feos en el Mercadona, que los precios fueran abusivos, que las cajeras maltrataran a los clientes o que faltaran alimentos, debe haber una estabilidad, un equilibrio.
Y así llegamos a la
Conclusión 2: Cualquier sistema humano para funcionar necesita un equilibrio entre las normas comunes, los elementos de control y los recursos.
Otra pregunta tonta. En la situación previa del supermercado de puertas abiertas, ¿Alguien que pasara por la puerta y cogiera una caja de leche, podría ser considerado culpable? No infringe normas, no hay vigilantes ni le piden nada a cambio. Por tanto actúa correctamente.
Conclusión 3: No podemos culpar al ciudadano que usa un servicio si lo hace de forma acorde con las leyes.
Por último me pregunto. ¿Sería posible y viable la creación de un producto o sistema humano que obviara estos tres elementos? Un sistema sin normas obligatorias, sin nadie que controlara el uso y disfrute y cuyos recursos fueran inacabables. Un Carrefour sin control de acceso, todo-gratis, sin que se acaben los productos...
Y ahora cambiaremos el supermercado por el sistema sanitario, donde a fin de cuentas tenemos usuarios (clientes/pacientes), recursos (personal, hospitales, centros sanitarios...) y normas de control (...? ) y analicemos las tres conclusiones previas:
Conclusión 1: ¿Existe alguna ley, norma o elemento que controle el acceso, uso y disfrute de las urgencias sanitarias en nuestro santo católico y apostólico país? ¿Puedo ir a un hospital de primer, segundo o tercer nivel a que el médico de urgencias me valore una verruga de dos años de evuloción? ¿Puedo llevar a un niño por un catarro de una semana cuatro veces al pediatra, cuatro a las urgencias de atención primaria y tres al hospital? Respuesta: sí.
Conclusión 2: ¿Existe un equilibrio entre los tres elementos normas, elementos de control y recursos? No hay normas que controlen el uso del sistema de urgencias, no hay elementos que puedan aplicar unas normas que no existen. Todo el peso recae en los recursos. En resumen: hay que atender a todo el que llega, primero a los más graves y después a los menos, pero a todos por igual. Sin parar, sin descanso, sin pausa hasta que revientes o el sistema se vaya al carajo.
Conclusión 3: ¿Son los usuarios los culpables? En mi opinión no, por los motivos arriba expuestos. Si algo no es ilegal ni va contra las normas, si nadie lo controla el ciudadano no es culpable. Ciudadano que roba a Hacienda es el que incumple sus normas. El ciudadano que despilfarra servicios sanitarios no roba aunque el daño para el sistema es equivalente.
En mi opinión tenemos uno de los mejores sistemas sanitarios del mundo. Pero estoy plenamente convencido de que está cojo, no hay equilibrio, pues le fallan dos patas al banco. Y el problema de no tener equilibrio es evidente: te caes. Vamos a matar a la gallina de los huevos de oro y nos importa un rábano verde siempre que consigamos nuestra radiografía, nuestra analítica y la cita para el traumatólogo.
El Carrefour no aguantaría una semana. La sanidad lleva años , pero a veces tengo la impresión de que este sistema, como dicen en La Comarca, "va a pegar un explotío" que lo vamos a flipar. Ojalá me equivoque.
Quizás el problema es que los políticos encargados de decidir ciertas cuestiones están asustados pues temen perder el voto de sus queridísimos clientes/usuarios/VOTANTES. Porque la otra opción que me queda pensar es que son tontinabos o que les importa un pimiento el sistema, y eso no va a ser... ¿verdad?
Hasta aquí el problema. Mi solución en otro post que éste me salió un poco espeso para las fechas en que estamos.

2 comentarios:

Juana dijo...

Siempre me he preguntado si hay alguien que se sienta responsable de su comportamiento, de su vida, del uso que hace de los bienes comunes, de .... ¿existe la gente responsable? .... ¿son los ciudadanos adultos o niños? ....

Amalita dijo...

He estado leyendo tus entradas, y me encantan! Escribes muy bien. Un saludo

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