LA NAVIDAD EXISTE. ¿O NO?

Estaba siendo éste un fin de año especialmente raro, se avecinaba una Navidad extraña. Hacía tiempo que no me lo planteaba, pero este año se acercaban unas fechas que no me hacían sentir nada especial.
Busqué en la ciudad iluminada y me encontré observando millones de bombillas de colores, gente cantando villancicos, calles decoradas. Pero no sentí nada.
Pasaron los días y monté un árbol precioso. Uno de esos que ahora se llevan, con bolas plateadas y grandes lazos, y tras una agotadora tarde sólo vi una imitación de plástico con bolas colgando. Monté el Belén mientras la tele emitía los mismos anuncios de siempre y acabé pensando que las figuritas no tenían vida, que la chica de Freixenet es espectacular y que me encantan los anuncios de perfumes. Pero nada especial sucedió esa tarde.
Y logré sobrevivir a tres comidas de empresa, incluidos chuletón, villancicos y mantecados. Pasaron los días y mi facebook se fue llenado de felicitaciones, tarjetitas, papanoeles y postales virtuales. Mi mail se llenó de mensajes navideños y el Corte Inglés volvió a mandarme su tarjeta por correo postal. Incluso mi banco me mandó una carta decorada con hojitas verdes.
Busqué el espíritu navideño en otra gente, pero no encontré nada más que personas forzando el ritmo de su alma como quien ríe sin ganas, como quien se siente feliz simplemente porque toca.
Ayer fue 23 de diciembre…
La vida en urgencias tiene un ritmo ajeno al resto del universo. Allí el tiempo pasa de otra forma, la vida se vive de otra manera difícil de explicar. Muy difícil. Fuera soplaba un viento rabioso azotando la puerta de entrada. Dentro los pasillos se llenaban de verdes y blancos, de pacientes de última hora, de prisas robadas, de gente huyendo de la enfermedad.
Eran casi las doce cuando pensé que un café me animaría la mañana. Salí de mi consulta y atravesé el largo pasillo, al final del cual se encuentra el área de pediatría. Mientras caminaba saqué los cincuenta céntimos del bolsillo, con tan mala suerte que la moneda cayó al suelo y salió rodando por el pasillo hasta tropezar contra la pared. Me agaché a recogerla…
-Hola médico –oí una voz y levanté la cabeza.
-Hola –respondí aún agachado- ¿y tú quién eres?
Frente a mí encontré la cara de una niña de unos seis años. La cara plagada de pecas, los pelos rojos y las trencitas me recordaron a Pipi Calzas largas. Tenía unos ojos enormes y expresivos que brillaban como sólo brillan los ojos de un niño cuando acaban de llorar.
-Me llamo Andraperezfuentes –los niños a esa edad dan su nombre y apellidos de corrido, imagino que es una forma de demostrar que van siendo mayores.
-Hola Andreaperezfuentes.
-¿Tú eres médico?
-Sí, soy médico –le sonreí.
-Es que la Merche me ha dicho que la navidad es tontería, y que los reyes son los padres – ella me miraba curiosa- y como los médicos son muy listos, a lo mejor tú sabes si eso es verdad.
-A mí también me dijeron lo mismo y me lo creí –le dije- pero el año pasado estuvo aquí el rey Melchor porque se había caído del camello. De eso sí estoy completamente seguro. Y en la puerta lo esperaron los otros reyes con los camellos a tope de juguetes. Y te lo digo porque lo vi.
Entonces la mirada de la niña volvió a relucir y una gran sonrisa dejó al descubierto que le faltaba un diente.
En ese momento me di cuenta. Allí estaba la navidad. La había buscado durante quince días sin resultados y estaba allí delante en forma de gran sonrisa iluminada.
Parecía algo irreal, el mundo se había parado durante unos segundos; las camillas seguían rodando, las batas blancas volaban, las prisas, la megafonía…todo parecía haberse ralentizado mientras un médico de verde hablaba con una niña pelirroja.
-¡Andrea deja de molestar a los médicos! –sonó una voz de mujer a su espalda.
-Adiós médico –dijo, se dio media vuelta y volvió dando saltitos al área de pediatría.
-Adiós –dije mientras recogía mi moneda.
Hoy es veinticuatro de diciembre. Estoy de guardia y me perderé la comida familiar. No importa porque estoy contento. He descubierto que las bombillas de colores, las calles adornadas, los anuncios de cava y perfumes, los papanoeles por las calles, los regalos, las cenas y los árboles tienen un sentido: hacer que los niños sigan teniendo la ilusión de que existe un mundo fantástico donde los Reyes magos se lesionan la pierna al caer del camello. Gracias Andreaperezfuentes.
PS: ¿acaso no es posible que ese mundo exista? Feliz Navidad.

13 comentarios:

jorge dijo...

Fresco y genial, como siempre. Gracias Salva y que tengas una buena guardia.

Anónimo dijo...

Una historia fantástica.

Que tengas unas felices fiesta!

Ismael dijo...

Una historia fantástica.

Que tengas unas felices fiestas!;)

Anónimo dijo...

Gracias por regalarnos historias tan bonitas como ésta,escritas con tu especial sensibilidad.
Has conseguido que recordara el verdadero sentido de estas Fiestas.
Buena guardia Salva y Felíz Navidad.

Juana dijo...

Es posible, si .... ese mundo existe .... yo lo he visto ....
"Fuera del perímetro no hay estrellas .... ¡buena guardia!"

¡Feliz Navidad!

kinito dijo...

JODer, tío... Gracias.

kinito dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

Estoy en un negocio, donde estas harta de escuchar la misma frase; Jo, Navidad por mí ya podían haber pasado. Historias como estas te hacen reflexionar y ver que, nuestros padres, con toda la ignorancia o falta de cultura que puedan tener, por circunstancias de sus tiempos, sí tenían o nos trasladaban ese espiritu de Navidad. Cuando se le daba esa importancia a tantas cosas que hoy no le prestamos atencion como podia ser ir a Malaga a ver el alumbrado del centro . Ese viaje en autobús que hacias con tanta ilusion a ver los reyes magos en El corte ingles para que te dieran caramelos. A día de hoy ( al menos lo digo por mi) esta vida de estres y falta de tiempo para todo te hace olvidar muchas cosas importantes y hoy al leer tu relato ha despertado en mí ese espíritu de la Navidad. Gracias Salva.

cierzo dijo...

Preciosa historia, gracias.

samu dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
samu dijo...

Hola Salva.

Acabo de leer tu entrada, y vaya, me sentí, no sé, casi tu. Sólo soy un proyecto de médico, perdido por los lares del segundo curso de tan apasionante profesión como la tuya, pero siento lo mismo (más o menos) que tu expresas.

Siempre pensé que el verdadero espíritu de la Navidad (la verdadera Navidad y no la Navidad artificial que con los años nos hemos ido creando) se podría encontrar en los lúgubres, oscuros, y a veces siniestros pasillos de un hospital. Allí es donde los detalles insignificantes (a priori), toman el valor que realmente se oculta tras ello.

En los tiempos que corren, en los que por desgracia es más fácil encontrar "mecánicos" en lugar médicos en los hospitales del mundo, me alegra encontrarme con alguien como tú y ten por seguro que seguiré tu blog, siempre que pueda.

Un saludo desde Asturias, y como no, para tí que le has encontrado un verdadero sentido, y para los que no consigan encontrarlo (que sigan, por favor, intentándolo) Feliz Navidad.

amelche dijo...

Sí, de vez en cuando, existe la Navidad.

Antonia Mª Fernández Luque dijo...

Muchas Felicidades Salva!!