PENÉLOPE...

Me acordaría de tanta gente en este día...
Cuando se trata de felicitar el nuevo año, todos queremos aportar un poco de originalidad, algo nuevo, divertido o emocionante.
Todos, y especialmente los que escribimos para los demás, querríamos dirigirnos a cada uno de los que, como tú, estais leyendo al otro lado de la pantalla, para desearos algo, para haceros alguna dedicatoria personal, para deciros simplemente hola.
No puede ser. De hecho no conozco a la mayoría de mis lectores. Pero sí sé que estás ahí, que si sigues de alguna manera mi blog, aunque sea una vez cada dos meses, es porque algo tenemos en común. Y eso es importante.
Y por ello no voy a desear nada especial a ninguno de vosotros. Se lo voy a dedicar a alguien con quien únicamente compartí dos palabras.
El caso es que desconozco su nombre. No sé ni siquiera su nacionalidad, su edad o su situación laboral.
Sucedió hace apenas veinticuatro horas en el aeropuerto de Barcelona. Suelen ser los aeropuertos una zona de miradas anónimas, donde los trabajadores se limitan a ejecutar su trabajo de forma aséptica e impersonal. Un sitio donde siempre caminamos con prisa, donde jamás recordamos una cara.
Sucedió antes de embarcar, justo antes de pasar las maletas por el control de equipajes. Cuando estás preparándote para depojarte de cinturón, llaves y pistolas debes enseñar tu tarjeta de embarque a un operario que confirme que no vas a la zona equivocada.
Tendría unos cuarenta años, y sin duda era sudamericano. Delgado, muy delgado, y moreno. Tenía el pelo corto y los ojos negros. Nos recibió con una sonrisa que dejaba ver dos filas de dientes blancos, inmaculados.
-¿me dejan sus tarjetas de embarque? -el acento me sonó como de Colombia, pero igual era venezolano-.
-Aquí tiene. -me fijé en su nariz, larga y afilada.
Con rapidez comprobó las tarjeta de embarque, pero al comprobar la tercera tarjeta algo sucedió.
Son cosas de las que nadie suele darse cuenta, pero la cara de aquel hombre cambió en apenas un segundo. La sonrisa, inicialmente profesional y amable, se tornó infinitamente tierna.
-¿Te llamas Penélope? -le dijo a mi pequeña.
La niña asintió con la cabeza, los ojos del hombre de piel morena brillaron en aquella inmensidad de maletas y prisas.
-Penélope, el nombre más bonito del mundo... -entonces acarició la cabeza de la pequeña mientras pasaba-. Mi Penélope está bien lejos. Buen viaje.
La niña sonrió tímida y sorprendida por la amabilidad de aquel hombre uniformado.
Nos cruzamos una mirada, nos sonreimos y seguimos nuestras vidas.
Sucedió ayer, tal y como lo cuento.
No le conozco, ni probablemente volveremos a vernos, no conozco su nombre, ni su nacionalidad. No sé nada de su vida, hasta ignoro a quién se refería, pero para el 2011 sólo desearé una cosa: Deseo que aquel hombre del control de equipajes del Prat vuelva a estar junto a su Penélope.
Ojalá mi deseo se convierta en realidad.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso deseo, precioso relato

Juana dijo...

¡Ojalá pueda estar con Penélope!

Es verdad, no nos conocemos, aún así, eres el médico cuyo blog recomiendo a todos los que quieren ser médicos .... y te tengo un profundo cariño.
La Vida tal vez nos haga coincidir o tal vez no, da igual .... mis mejores deseos para ti y los tuyos estéis donde estéis .... ¡Feliz Año caballero!

Miriam dijo...

Muy Feliz 2011 ! :)

Un abrazo

samu dijo...

Hola Salva, aquí estamos de nuevo, para darte las gracias por compartir aunque sea un relato "corto", una vivencia o sólo tres palabras.

Yo hoy contigo, quiero compartir 3 palabras, breves y que espero se cumplan, Feliz Año Nuevo, para tí y para todos los tuyos.

Gracias de nuevo Salva.

Anónimo dijo...

Sólo soy una anónima más, estudiante de medicina por cierto, antes no me había atrevido a comentar nada, pero hoy no me pude resistir. Te sigo desde hace unos meses, entré aquí de casualidad y me quedé enganchada, disfruto con cada línea que leo y me identifico profundamente con casi todo lo que escribes. Mil gracias por tus relatos, son geniales todos y cada uno. ¡No dejes de escribir por favor! Y Feliz Año Nuevo :)

Maria dijo...

Aunque no deje comentarios, leo cada uno de tus relatos. Me gustan porque siempre llegan al corazón. ¡Gracias!

¡Feliz Año!

Un abrazo

Raquel y Joaquin dijo...

tenemos un monton de amigos comunes aunque nosotros no nos conocemos, da igual...pasa como cuando sigues una serie y te parece que los personajes son tus propios compañeros de trabajo.
Pues eso, amigo, que cada vez que escribes nos llegas a un monton de gente. Seguro que ese don tambien hace que llegues a tus pacientes. Feliz 2011