NIÑA DE ARENA (II)

Desde hace tres años, y coincidiendo con la llegada del verano, Zeina, la niña de arena, cruza el desierto con destino al Norte. La familia Hassana vive en una jaima en los campos de refugiados saharahuis de Tindouf. Igual que otras quince mil familias, viven en mitad del desierto de la Hamada, sin agua, sin apenas comida, sin trabajo y sin otro futuro que la solidaridad internacional. Sin derecho a nada.
Cosas de mayores que los niños no entienden.
Aquel primer verano, con ocho años de edad, viajó por primera vez. Recuerda la larga fila de niños saliendo de los campamentos. Miles de niños de ojos negros, cada uno con su pequeña maleta, algo de ropa, un bocadillo y una bolsita de plástico con pulseras hechas a base de recortar y pintar tubos de PVC. Algunos lloraban, mientras los más mayores les intentaban consolar. Atrás quedaban las familias, el cuscús, las tardes de té y los cuentos del abuelo Musa. Después de diez horas por una carretera de tierra, la gran caravana de viejos Land Rover, dejó a los niños en un desolado aeropuerto de Argelia. Horas de espera. Cuatro horas de avión y más espera en un nuevo aeropuerto del Norte. Aquello era otro mundo. Su primera sorpresa fue notar que no se le llenaba la boca de arena al respirar, luego disfutó con el brillo del suelo y paredes, las luces de colores y los cientos de tiendas también llenas de luz y color. En el avión conoció a Fátima, con ella compartió los primeros miedos e ilusiones.
Hace tres años que conoció a su familia de acogida en vacaciones. Una familia del norte, con los lujos, la abundancia de comida y la amabilidad de los blancos. Al principio lloró cada una de las noches, pero en pocos días encontró nuevas amigas, nuevos juegos, unas comidas desconocidas y exquisitas; pero sobre todo descubrió la gran piscina. Millones de litros de agua dulce y azul donde pasaban las tardes. Por las noches la niña de arena, después de rezar, dedicaba un recuerdo a sus padres, a sus hermanas, a Fatima y al abuelo Musa. También conoció a Penélope, su amiga del norte. Una niña de ojos grandes y pelo rubio con la que compartió cada día, cada juego, cada momento. Finalmente, y después de dos meses, Zeina regresó a casa con ganas, pero sabiendo que volvería.
El segundo año todo fue más fácil. Zeina sabía que le esperaba un verano de vacaciones, juego, buena comida y sobre todo la gran piscina dulce y azul. Fue un verano fantástico. Penélope y Zeina compartieron vestidos y juegos; compartieron amigas y Zeina intentó enseñar algunas palabras árabes a su amiga del Norte. Fueron dos meses de risas y diversión. Casi sin darse cuenta había germinado una gran amistad de esa manera que sólo los niños saben construir.
Este año todo iba a ser igual. Por fin llegaban las vacaciones, las notas habían sido buenas y contaba los días ansiosa por volver a viajar.
La gran caravana partió una mañana con destino al aeropuerto de Argelia. Zeina ya no lloraba, Ahora era una veterana. Sabía dónde iban, y en las largas horas de espera consolaba a los más pequeños. Diez horas de carretera. Cuatro horas más en el aeropuerto. Rondaba la medianoche cuando empezaron a entrar en ordenadas filas. Pero algo no iba bien ese año. Zeina lo notó en las caras de algunos soldados. Dos horas más tarde se paralizaba la fila. Un soldado vestido de verde cerró las puertas y gritó algo que nadie entendió. Había algún problema...
Noche en los campamentos. Todos duermen en Tindouf. El ruido de un motor rasga la noche.Minutos más tarde Layla Hassana se despierta, levanta la cabeza y descubre la silueta de una niña a la entrada de la jaima. Detrás, la luna redonda. Zeina ha sido devuelta desde el aeropuerto. La niña de arena sostiene su carterita de Mickey, dentro una bolsita con regalos para su amiga del norte, este año había conseguido un anillo genial, Zeina llora.
Layla se levanta y abraza a la niña.
-¿Qué ha pasado? -la madre habla un dialecto del árabe.
-No sé -los sollozos hacen que la niña no pueda apenas hablar- nos dijeron los soldados que este año no hay más vuelos al Norte.
Zeina recuerda a su amiga de grandes ojos y pelo rubio, las bonitas flores del norte, la enorme piscina azul y dulce.
La niña de arena no entiende nada. Eran sus vacaciones, su regalo por las buenas notas. Se había portado bien todo el año.
La madre duda ¿Acaso en el norte ya no la querían?.
A mil kilómetros de distancia, todo esta preparado. Miles de niños desembarcan en los aeropuertos de luz y colores. Pero algo ha ido mal, algo no ha funcionado. La niña de arena no figura en los listados. Así de sencillo, así de claro. No figura, no viaja. No hay vuelta atrás.
Zeina ha perdido las esperanzas de viajar este año. Han llamado por teléfono a su familia de acogida. Allí no saben qué pudo haber pasado, pero ya no habrán más vuelos este año.
Tres días más tarde alguien marca un número de teléfono.
Ha pasado casi una semana desde el último vuelo. Son las doce de la mañana de un viernes de Junio. Cuarenta y dos grados. Un jeep aparca junto a la Jaima de los Hassana, se acercan dos soldados.
-¿Es ésta la jaima de Zeina Hassana?- el tono suena áspero, ronco.
-¿Quien pregunta por ella? -responde el viejo Musa mientras prepara el enésimo té del día.
-Mañana parte un último avión para el Norte, Zeina está en los listados. Quizás llegue a tiempo. Si nos damos prisa.
...Y la niña de arena volvió a tener sus vacaciones de agua dulce y azul.
PS: Tras innumerables problemas burocráticos y llamadas telefónicas, Zeina Hassana de diez años embarcó en el último vuelo Tindouf-Barcelona dentro del programa Vacaciones en Paz. Es su tercer año. Posteriormente viajó en autobús atravesando toda la península hasta Málaga.
En estos instantes la niña de arena duerme exhausta en la que será su habitación los próximos dos meses. En la habitación de al lado escribo este post. Sonrío y sigo...

LA VIDA ES NO ES JUSTA (Y ASÍ DEBE SER)

Y siguiendo con mis cursillos didácticos de filosofía de Bolsillo para mentes abotargadas, hoy voy a reflexionar ( o sea flexionar dos veces), acerca de un pensamiento robado. Se quejaba un amigo mío hace unos días de que la vida no es justa. Como diría yo mismo en mis tiempos de bachiller especializado en explotar espinillas, la frase tiene tres concetos (esto de mis amigos gallegos) claves: Queja, Vida, Injusticia.
Yo me pregunto: ¿Donde pone que la vida debe ser Justa?
Pero qué listos somos los humanos. Somos capaces de ver un virus nanométrico al microscopio, llegar a la Luna, descubrir las leyes de la Naturaleza, y por tanto decidimos que la Naturaleza debe ser Justa. Como diría Nacho Vidal, célebre anatomista catalán: un Con dos Cojones!
En mi opinión, en la Vida, es decir en la Naturaleza, no existen los conceptos de Justicia o Injusticia. Simplemente pasan cosas.
Somos nosotros, los seres humanos, los que hemos decidido, sin pedir permiso a Natura, como todo lo que hacemos, que la Vida debería ser justa según nuestros parámetros de equidad, justicia y bondad.
Los humanos queremos saber que hacemos algo porque tendremos recompensa, que nuestro sacrificio será recompensado porque hay Justicia. Los que trabajamos en Medicina sabemos que normalmente no es así.
Por ello creamos un sistema Judicial que castiga el Mal y recompensa el Bien. Y como ese sistema (a trancas y barrancas), funciona para las leyes humanas, nosotros herederos de la gallina Caponata, decidimos que el Mundo, la Vida, debería ser Justa también. Por ello nos quejamos amargamente de sus supuestas injusticias.
Pero más listos que nosotros los mortales, está el clero (dos mil años pensando, sin dar un palo al agua dan mucho de sí) y nos dicen: Chavalotes, no os preocupéis, que esto en realidad lo solventa Dios y su Justicia Divina. Lo que sucede es que sois extremadamente cortitos de frente. Pero no os preocupéis que el malo se asará en el infierno y el bueno pasará la eternidad tocando la lira junto a los angelotes de Murillo.
Reflexiones a vuelapluma:
¿Es injusto que muera un niño de doce años devorado por una leucemia? ¿Y si estamos en 1900 y ese niño se llamaba Adolf Hitler, debería haber muerto?
¿Es injusto que el jaguar devore a la gacela que ningún daño hizo?
¿Es injusto que un traficante de drogas viva en una mansión rodeado de lujos?
En cambio, ¿Consideraríamos justo que ese traficante de drogas sea devorado en un mes por un cáncer de colon? Quizás su madre no lo considerara así.
¿Es justo que el ser humano esté acabando con el Planeta?, ¿Y si una plaga acabara con el ser humano, sería justo para el Planeta?
¿Es justo que un maltratador con cuarenta años que nunca fumó, practica deporte regularmente, y come sano fallezca de un infarto? ¿Sería más justo que muriese el vecino, buena persona, buen padre y esposo, pero que fuma, bebe, hace vida sedentaria y practica sillon-ball ( y además es del Real Madrid)?
¿Es justo que una persona abandone a su pareja simplemente por haberse enamorado de otra? ¿Y si la persona que ha sido abandonada ama profundamente al infiel?
Por ello nos equivocamos al esperar Justicia en cosas tan importantes como la Salud, el Amor o la Vida.
De todas formas, éste es posiblemente un pensamiento errado pues me surgió en situación de anoxia mientras nadaba (motivo de otro post será la extraña capacidad de la mente para generar ideas en situaciones de alto consumo de energía, intoxicaciones y en general de bajo riego cerebral). Vivir la Vida disfrutando de lo que encontremos, intentar no dañar al vecino, y tratar de dejar la cosa al salir algo mejor, o al menos igual, de como que estaba; son mis tres reglas. Luego cada palo que aguante su vela. Dixit
PD: Dedicado a José Saramago, aquel que se atrevió a escribir dios con minúsculas. Un verdadero genio del que aprendí muchas de mis tonterías.

CRÓNICAS DE UNA BODA

Víctor intentó evitarlo, pero todos los esfuerzos fueron inútiles. Ni la excusa de "tengo guardia" ni la de "me duele la cabeza". Ni siquiera la socorrida "operan a mi abuela" surtió efecto. Era la boda del año, y no había escapatoria.Y puesto que no le quedaba más opción, el joven galeno decidió ponerse su traje mega-fashion y acudir al magno evento.
Se suponía que se trataba de un bodorrio de postín, pues se casaba Ángela Lupiáñez (Luchi), hija de un famoso constructor ahora en la cárcel por un asuntillo sin importancia, con José Canela (Pepuchi), hijo de los condes de Villafaina, de profesión desconocida, pero habitual de la sala VIP en Buda, amén de ser cliente del año en el puticlub Marisa. En definitiva, una boda pija.
Víctor ha apuntado en una libretita los aspectos más destables del enlace. Él lo ha titulado Crónicas de una boda.
-16.30: Treinta y dos grados a la sombra y llega un individuo con traje de raya diplomática más propio de Marco Il Sicciliano. Tiene cara de acelga anémica, y el peinado parece habérselo hecho con la lengua de una vaca. Lo acompaña una señora de traje fucsia de unos ciento treinta kilos (escribo traje aunque debería escribir saco) y sandalias planas. Estimo unos seis kilos de maquilaje.
-16.40: Llega un sujeto con cara sospechosa ( no sé si guarda un cadáver en el armario o simplemente es de los que pegan mocos bajo el pupitre, pero éste esconde algo), lo acompaña una señora con mirada circunspecta ( padece de estreñimiento pertinaz o bien sufre una crisis hemorroidal, pero esa cara no es nada sana).
-16.45: Llegan Piluca, Noni y Leli. Sin duda se creen las reinas del sarao. Noni aún no ha deparado en que se nota la braga-faja de cuello vuelto bajo su vestido azul. Piluca está a punto de sufrir una parada cardiorespiratoria al ir enfundada en un vestido tres tallas menor al que le corresponde. Leli sonríe satisfecha desde detrás de sus nuevos pechos del noventa y cinco gracias a unos labios que parecen carabineros del quince.
17.00: Llega Pepuchi con cara de cordero degollado. Smoking de alquiler. A su lado doña Romualda, Condesa de Villafaina, con un traje turquesa con brillantitos. Ella tiene cara de urogallo a punto de soltar un huevo.
18.00: Llega la novia. Todos le dicen lo guapa que va. Una vez que ha pasado todos comentan lo horrible que le queda el vestido. Comentario estrella: ¿Si es cuellicorta como se le ocurre ponerse un escote palabra de honor?. Nota: cuando me case no ponerme dicho escote.
18.45: Alguien debería decir al cura que vaya liquidando la ceremonia, se está poniendo pesadillo. Aproximadamente un dos por ciento de la concurrencia sigue sus palabras, el resto cotillea. Momento incómodo: El cura dice que nos demos la paz, y todo el mundo empieza a darse la mano de forma un poco absurda.
19.00: Suena el Ave María. Ahora toca emocionarse. El cura dice lo de besar a la novia (podía decir besar al novio), Pepuchi le mete un viaje a Luchi con lengua y todo. Los suegros, anonadados, hacen como que no han visto nada.
Ahora pétalos de rosa y arroz. Me da la impresión que algunos tiran el arroz con mala baba.
19.15: Besitos y felicidades.
-Pero que guapísima estás Luchi, además el vestido te queda de ensueño.
21.00: Banquete en salón decorado estilo Zehn. Concepto Zehn: muebles negros, cañas de bambú y piedrecitas. Todo muy oriental, espero que no nos pongan pollo con almendras.
21.30: Corrijo, ojalá hubieran puesto pollo con almendras. En España todo banquete se ventila con tres elementos básicos: Jamón, langostinos y filete cartonáceco. La salsa es indescriptible: Color verdoso, sabor metálico, olor a Gallina Blanca.
El cava me recuerda aquella nochevieja en la que vomité hasta las astúrdigas.
22.00: Anotar: Una persona con prótesis dental no debe decir la palabra "zarzamora". Mi vecina de mesa lo ha intentado. Consecuencia: La dentadura superior ha salido proyectada cayendo sobre la Vichysoisse.
-No se preocupe doña Prudencia, son cosas que pasan.
23.00: No hay tarta. Pastelitos. Joder con los pijos, con lo que me gustan las tartas.
23.15: Baile de los novios. La cosa empieza a degenerar. Sí, han elegido Luis Miguel.
23.25: Caída en barrena del glamour. Doña Romualda se ha encendido un puro con el consiguiente ataque de tos. ¡Oy Oy Oy Oy, el puro me mata!
23.45: Una octogenaria señora ha intentado hacer un giro imposible en el aire, luxación de rodilla y a tomar por saco los ligamentos cruzados y el menisco. Ya estaban tardando en llamar a un médico. En quince minutos la ambulancia evacúa a la señora.
23.55: Luchi nos obsequia con una estupenda vista de su muslamen celulítico. Reparte más de veinte ligas a cual más estrafalaria. ¡Porfa porfa, que acabe antes de que llegue a la faja!
00.05: Ya estaba tardando en aparecer: Al fin suena ¡Sarandonga!. Una boda no es boda sin Sarandonga. Marco Il Sicciliano aprovecha para tocar culos a diestro y siniestro. Cuando suena Rafaella Carrá el maffiosi roza el éxtasis sexual. Me recuerda un venado en plena berrea, ¿Nos liamos a trompazos?
00.35: Compruebo que la cosa está llegando a su punto álgido. Las señoras entran al wáter de caballeros por aquello de que hay mucha cola en el suyo. Truco: hacer pis subiéndose sobre la taza del wc sin sentarse en el mismo. Camino sobre un charco, y se me ha desatado un cordón, que ahora flota sobre el caldito.
01.55: El glamour pijil ha desaparecido, el conde de Villafaína, luciendo hermosas manchas de sudor en ambos sobacos, persigue infructuosamente a Piluca.
02.55. Creo que no me caben más gin tonics, Noni se me ha pegado intentando contarme lo infeliz que la hace su novio (signo inequívoco de borrachera en determinadas personas es quejarse de su pareja al primero que pillan), doña Romualda se ha puesto de un preocupante color verdoso y el señor conde ha vuelto a tener un episodio anginoso hábilmente yugulado con una par de pastillitas bajo la lengua.
03.15. Aquí no rasco bola, así es que me voy a otro sitio antes de que doña Romualda entre en parada respiratoria o al señor conde se vuelva a infartar, porque me sé yo a quien van a llamar. Leli me insinúa algo acerca de la luz de la luna y la playa, pero mi nivel de alcoholemia no logra asimilar los conceptos.
03.21: Taxi y a casita.
Mañana será otro día.

ESPAÑA NO PERDIÓ

-Joder Salva, parece mentira, ¿es que tú no te sientes españó o qué? En estos momentos todos tenemos que ir a una, todos hechos una piña para levantar esto. Podemos y debemos...
Estas palabras me las decía un amigo. No se refería a la situación económica, ni a la crisis ni al paro. Nooooo. Se refería al mundial de fútbol.
Hoy me siento alegre. Un grupo de once millonarios ha perdido un partido de fútbol y muchos millones de españoles han sentido la decepción del año, pero yo no estoy triste, me niego, me rebelo.
En primer lugar saldrá alguien a decirme que eso es porque no me considero españó, que si eso es snobismo, que tenemos que ser todos una piña con la selección y veinte milongas similares.
Para mí ser español no es ponerse la camiseta roja y salir a dar bocinazos a la calle, eso es más bien ser aficionado al fútbol como máximo. Para mí es más patriota el que se levantó a las siete de la mañana y no pudo ver el partido porque tenía trabajo, el maestro que hizo la declaración de la renta sin escurrir ni un céntimo, el estudiante que ayuda en un comedor social los sábados por la mañana o el pensionista que paga la hipoteca de su hijo en paro.
No es ser españó emborracharse como un cosaco mientras ves la tele en el bar, eso es ser aficionado al bar (barofílico). Ser español es...otra cosa.
No es ser españó el quedar con los amigos para beber cerveza y comer pizzas mientras ves el partido, eso es tener amigos y tomar cervezas. Querer a tu país es ahorrar energía, cuidar tu entorno, ayudar al vecino, respetar al que sufre.
Preocuparte por un fuera de juego o insultar a un árbitro no es querer a tu país, eso es descargar tensiones frente al televisor. Preocuparte por tu país es acojonarte cuando ves las cifras del paro, asustarte cuando ves los números de la bolsa, indignarte cuando ves que un gobierno recorta pensiones, sueldos y aprueba una reforma laboral (casualmente el mismo día que millones de patriotas lloran por un fuera de juego), o incluso apoyarlo si así lo llegas a creer.
Ser patriota no es llevar una bandera colgada de tu coche y conducir borracho, eso es ser un capullo. Levantar tu país es respetar al otro conductor, respetar las señales de tráfico, enseñar a tus hijos a respetar al otro, denunciar al vecino cuando pega a su mujer, no fumar en un sitio donde hay niños.
Hasta no mearse en la piscina es más patriota que ver el partido en un cómodo sofá rodeado de cervezas y patatas fritas.
Por eso hoy dedicaré este post a los españoles del día:
A Blas, que hoy ha decidido comprar unos pendientes a su mujer para demostrarle que treinta años han merecido la pena.
A don Berto, que cuando se cierran las puertas del ascensor aprovecha para hacer muecas y bailar frente al espejo.
Lo dedico a esa chica que se olvidó del partido porque tenía una cita con aquel jovencito de pelo largo.
A Rita, que aprovecha la soledad de su coche para poner a todo volumen su CD del dúo dinámico y gritar ¡Resistiré!
A aquel profesor de Física tan serio, don Celestino, que un día abandonó todo por un amor y marchó con la señorita Angustias ( la de matemáticas) a no se sabe donde.
A aquel torero que se cortó la coleta frente al toro porque reconoció que le faltaba coraje. Y al taxista que hace turnos triples porque el niño debe estudiar. A la prostituta que se pasea por el polígono mientras cuenta a su madre que da clases en una academia. A Luis, que cada día acude a urgencias con sus azúcares disparados. Al médico que siguió la reanimación cuando todos le dijeron basta, y al final acertó.
Entre todos los aficionados, salvaré a uno de ellos: A Rafa, que desde Noruega vio el partido junto a sus dos hijos vestidos con la roja. Eso me causa ternura. Rafa, te has salvado.
A todos ellos, a todas ellas, quiero dedicaros estas letras sin duda equivocadas. Al resto, decirles que hoy me siento feliz, tan feliz como ayer, y al que le pique, ya se puede ir rascando.
PD: El próximo partido iré a verlo a uno de esos macro centros comerciales con pantalla gigante y miles de personas vestidos de rojo. Es que me gusta el ambiente, me gusta tomar unas cañas con amigos y gritar junto a dos mil personas por un gol. Pero nunca diré que eso es levantar el país.
¿Contradictorio? Quizás, pero nadie dijo que yo no lo sea.

JACOB

A veces la realidad se llega a convertir en pesadilla. Sólo a veces.
Fueron apenas cinco minutos, pero en ese breve intervalo de tiempo, la zona de urgencias pasó de ser una apacible balsa de aceite a las tres de la madrugada, a convertirse en un verdadero campo de batalla.
Aquello no podía estar sucediendo. Ambulancia con paciente en edema agudo de pulmón, un accidente de tráfico con dos víctimas, un chico presa de un cuadro psicótico gritando atado a una camilla, un paciente con dolor torácico. Y todo se presentó sin avisar, sin premeditación, sin aura. Sin duda el diablo había dado una coz en plena Comarca y ellos eran los encargados de intentar amortiguarla.
En esos instantes el médico nota como un pulso de adrenalina descarga en el torrente circulatorio, casi se puede oír el click! de las pupilas al dilatarse excitadas por este pulso hormonal, percibir cómo el corazón late desbocado al activarse todos y cada uno de los receptores adrenérgicos, cómo los vellos se erizan anulando cualquier otra sensación que no sea centrarse en el objetivo: curar.
En apenas unos segundos la zona de urgencias se convirtió en un hervidero de batas blancas y pijamas verdes, un mar de carreras, una locura de tarritos de colores con sangre, camillas volando en busca de un scanner que aclarase las cosas.
En ese mismo instante Markus, Karin y Jacob atraviesan la ciudad en su viejo coche. Vuelan por las calles.
La mente del joven médico, unos minutos antes en situación de stand-by, empieza a funcionar a pleno rendimiento, sacando energías de la nada.
En esos momentos ocurre algo curioso. Muchos pacientes, menos graves, suelen volver a sus domicilios al ver la situación de emergencia general. Víctor nunca sabrá si es por miedo, por solidaridad con los más enfermos o porque saben que el médico tardará en ver su verruga plantar. Volverán mañana.
Y cuando la situación parecía insostenible, cuando todas y cada uno de las personas allí presentes convertían la noche en una coordinada y precisa máquina de curar, cuando el engrasado sistema de urgencias funcionaba a pleno pulmón, cuando todos sabían que nadie podía dar ni un gramo más de sí porque todo lo daban, volvió a sonar la megafonía.
-¡Prioridad 1!
Marcus, treinta y un años, rumano. Hace veinte minutos que atraviesa la ciudad en su viejo Opel Corsa. En el asiento de atrás está Karin, treinta años, bielorusa. En sus brazos Jacob, dieciocho meses, apenas puede respirar. Han aparcado a las puertas del Hospital, han entrado como un vendaval. Alguien de blanco arrebata con cuidado al niño de las manos de Karin, alguien de blanco vuela hasta las puertas abatibles, y la megafonía atruena los pasillos.
Era la pesadilla hecha realidad, la confirmación de que esa noche Dios estaba de vacaciones.
Cientos de niños atendidos en los últimos años por Víctor, él diría que miles. Mocos, tos, fiebre, golpes y contusiones. Algunas convulsiones febriles, pero Víctor jamás había atendido a un niño realmente enfermo.
Un niño realmente enfermo no llora, no grita, no tose, no lucha. Un niño realmente enfermo simplemente se apaga.
En la amplia sala de reanimación, en una camilla demasiado grande para su tamaño, Jacob centra la atención de casi todo el equipo.
Un niño que está dejando de respirar, que se apaga sin luchar, porque más no puede dar.
Una enfermera coloca la mascarilla de alto flujo; otra, en este caso la que más experiencia tiene en niños, canaliza una vía venosa. Alguien llama a radiología, alguien llama al pediatra de guardia, alguien habla con Markus y Karin, alguien consulta el historial médico del niño, alguien intenta mantener erguida su cabecita rubia que se empeña en caer a la derecha, ese alguien acaricia el pelo de Jacob y no puede evitar un escalofrío al recordar que podría ser su ...
Dieciocho meses, doce kilos de peso. Tres de la madrugada y diecisite minutos...
Ha bajado el pediatra, el anestesista, intensivista, el radiólogo, pero Jacob está perdiendo la lucha.
-Hay que intubarlo y trasladarlo. No hay otra -dice el pediatra- el niño se va a parar de un momento a otro, debe ir a una UCI pediátrica. Ya.
Cinco minutos más tarde Jacob ha dejado de respirar. Ha sido sedado. El anestesista respira profundo. Aguanta la respiración unos segundos, los justos para introducir el finísimo tubo endotraqueal.
-¡Ya! Conecta el respirador- dice entonces.
Zuuuummm- Fsssshhhh, Zuuuummm- Fsssshhhh, Zuuuummm- Fsssshhhh.
La caja torácica se mueve arriba y abajo, el monitor indica un pulso bajísimo.
Entonces el pediatra vuelve la cabeza.
-¿Quién es el encargado de traslados? -pregunta
-El médico de observación- reponde una enfermera.
-Creo que soy yo -Víctor sabe que le ha tocado. Que es su papel ,su responsabilidad, que por eso le pagan. Que para eso se ha estado preparando, y que no hay otra.
-Toma, las pruebas y los informes -el pediatra entrega toda la documentación al joven médico- el niño está en situación de shock, parece un shock séptico. Otra cosa no nos cuadra con los datos que tenemos.
-Toma, el sedante y el miorelajante. Es fácil. Si ves que el niño empieza a luchar o se empieza a mover, un centímetro cúbico y lo duermes de nuevo- le dice el anestesiólogo- si se para, ya sabes, según protocolo.
La gran camilla abandona el hospital. Jacob, ochenta centímetros, en una camilla de dos metros. Monitor-desfibrilador, respirador, oxígeno...
A la salida, Víctor ve de reojo a los padres, alguien les está informando de la situación.
-Venga, vamos volando- le dice al conductor de ambulancias.
-Hola, me llamo Laura- le dice la enfermera de traslados- ¿Crees que llegaremos bien?
-Hola, yo Víctor, ¿eres nueva no?- responde el médico.
-Sí, ya sabes, cosas de la bolsa de trabajo.
-No te preocupes. Llegaremos bien. Tengo una suerte que te cagas.
La ambulancia abandona la zona de urgencias. Atrás queda la máquina funcionando a pleno rendimiento. El edema agudo de pulmón, el accidente de tráfico, el esquizofrénico, los borrachos, el dolor de los adultos. Eso fue casi en otra vida, ahora cuenta Jacob.
Zuuuummm- Fsssshhhh, Zuuuummm- Fsssshhhh, Zuuuummm- Fsssshhhh...
Veinticinco minutos. Eterno. No pararon ni un segundo de controlar la frecuencia, el pulso, la saturación, la colocación del tubo. Eterno...
A la llegada al hospital infantil Víctor ve nuevamente a Markus y Karin. Han llegado antes que ellos.
Jacob pasa a la UCI pediátrica. Unos brazos entrenados lo pasan a la camilla, lo vuelven a monitorizar. Acuden varios pediatras. Víctor explica el caso a una pediatra con mirada cansada.
-Vale, ¿traes los resultados de las analíticas?
-Sí, aqui tienes.
-Venga, gracias- ella le sonríe.
-Suerte y buenas noches.
Salen de la UCI y se dirigen al ascensor H3. Por el pasillo se cruzan con Markus y Karin.
-Doctor, ¿cómo ha llegado?- pregunta eterna.
-El niño está estabilizado. Este hospital está especializado en estos temas, espero que vaya bien- responde el médico.
-Gracias por todo.
Markus estrecha la mano del médico. Víctor nota una mano áspera, rugosa y plagada de callosidades. Pero amable y cálida.
Minutos más tarde la ambulancia surca la madrugada.
-¿Te dije que llegábamos, verdad? Es que tengo Baraka.
Los tres tripulantes se sonríen, en la radio suena M80.
Cinco meses más tarde...
Han caminado doscientos trece kilómetros. Víctor y tres amigos han tardado una semana, pero por fin están en la plaza del Obradoiro. Los cuatro peregrinos observan la fachada de la gran catedral compostelana satisfechos. Una llovizna cae acariciando sus caras.
Víctor en ese momento recuerda que Santiago significa Sant-Iacob. Recuerda aquella noche y sonríe. Entonces alguien golpea con suavidad en su hombro derecho...
-Hola doctor, ¿como se encuentra?- Víctor se encuentra con la mirada firme y seria de Markus. A su lado Karin.
-Hola, tú eres...-Víctor se queda bloqueado al ver la soledad de la pareja en la inmensa plaza.
-Soy el padre de Jacob, y ella es Karin, quizás no nos recuerde
Un bocado de tristeza inmensa atenaza en ese mismo instante el estómago de Víctor. De pronto un niño de veintitrés meses, un niño de ojos azules y pelo rubio aparece corriendo y salta a los brazos de Karin.
-Gracias por todo- dice la madre besando la frente de Jacob.
Llueve sobre Santiago.

LA MIRADA PERDIDA

Habían hecho el amor durante toda la noche; apenas pararon para compartir un trozo de tarta de queso y el último trago de Martini entre risas y miradas cómplices. Breves islas de tiempo en una noche de pasión y sensaciones.
Sus bocas se fundieron y se convirtieron en una, se desnudaron con la torpeza propia de las prisas apasionadas, rodaron por el suelo en un abrazo desesperado, y una especie de corriente eléctrica recorrió sus cuerpos mientras se movían acompasados, hasta acabar en un estallido de placer que asimilaba a la explosión de miles de fuegos en el negro cielo.
Se tocaron, se besaron, se comieron mutuamente durante horas.
En la nevera del mini bar no quedaba ginebra. Decidieron mezclar ron con refresco de limón.
Por fin, después de mucho tiempo había encontrado lo que buscaba...apenas se conocían, pero tenía la absoluta seguridad de que había llegado al fin de su búsqueda.
En mitad de la madrugada se durmieron durante algunos minutos, agotados, exhaustos, ebrios de sensualidad. Con ese sueño casi mórfico que te arrebata la conciencia después de una sobredosis de pasión, ese sueño perturbador e íntimo que te desconecta poco a poco del mundo. Pero el contacto casual de los cuerpos mientras soñaban, el roce de la piel contra la piel volvió a despertar pasiones jamás sentidas.
Besó cada milímetro de su piel, recorriendo sus curvas y hundiéndose en sus huecos. Acarició su pelo negro, y ambos disfrutaron de una noche de magia.
-Tienes unos ojos increíbles- le dijo.
-Gracias- respondió.
En ese momento un claro entre las nubes dejó pasar la luz de la luna, que atravesó el balcón y se reflejó en sus ojos.
En ese mismo instante saltó de la cama.
Eran unos ojos increíblemente bellos. Era una mirada vacía, hueca, sin alma .
Con prisas recogió su ropa, sus cigarrillos, su alma maltrecha. Y abandonó la habitación en penumbras.

AMANIDA DE POLLASTRE

Espero que este post no levante ampollas, pues nada más lejos de mi intención, pero los que me conocéis sabéis que hablo o reviento.
Este fin de semana estoy en Catalunya. Hace años que conozco Barcelona y es una de mis ciudades preferidas. Sus calles, sus restaurantes, sus rincones, sus personas, su eclecticismo, su modernismo, casi todo en ella me gusta. Siempre he pensado que New York, Hong Kong y Barcelona son las ciudades más bellas del mundo.
Pero este fin de semana estamos es Girona. Una ciudad más pequeña, con un centro histórico espectacular y una gente amable.
La noche del viernes salimos a cenar.
No soy demasiado exigente a la hora de comer, pero al menos tengo una manía: me gusta entender qué dice la carta de platos en un restaurante.
Grande fue mi sorpresa al no encontrar ningún restaurante que tuviese la carta en castellano (En pleno centro turístico de Girona, probamos en cuatro de ellos y siempre preguntamos si tenían carta en castellano). En uno de ellos incluso tenían carta en catalán, inglés y alemán...
Finalmente nos sentamos en una terraza donde atendía una camarera sudamericana, que amablemente se ofreció a traducirnos uno a uno los platos, y donde la mayoría los comensales eran hispanohablantes.
Comprendo entiendo y defiendo que cada cual tenga su lengua propia, la use y la defienda. Es justo y normal. También considero lógico que si alguien quiere abrir su economía al turismo debe, al menos intentar, no desagradar a sus clientes.
Es lógico pensar que una persona que hace turismo no entienda lo que significa amanida, truita, vedella, anyell, pastís, enciam, etc...también sería lógico que si tienes un negocio intentes que tus clientes concozcan tu producto, debo reconocer que no llego a entender la situación. No me molesta una carta en catalán, búlgaro, sueco o chino mandarín; pero si la misma consta de 40 platos y no entiendo lo que sgnifican 32 de ellos, simplemente no puedo pedir, y eso me jode un pelín. Finalmente nos pedimos unas cervezas (cervesas), una amanida de pollastre y nos fuimos.
Por otra parte todas las personas gerundenses que he conocido estos días, me han parecido gente amable, simpática, abierta y muy educada. Eso me hace plantearme algunas dudas que no logro resolver.
Me sentí un poco triste, pues más que extranjero me sentí extranjerado, y reconozco que me acabo de inventar la palabra.
Vivo en un pueblecito de apenas mil habitantes, tenemos un bar modesto que es visitado por algunos turistas del extranjero, y el dueño se ha preocupado de traducir su carta al alemán, al inglés, al francés y al holandés. Eso lo considero yo hospitalidad.
El resto es volver a la huerta (motivo de otro post es explicar la personalidad de la huerta que tanto me irrita), a la mente encerrojada (nueva palabreja) y al catetismo garrulo que tanto gusta a algunos. Creo que no volveré a Girona. Me seguirán encantando ciudades como Barcelona donde jamás me sentí extranjero, extranjerado ni extraño.
Finalmente llego a la conclusión de que cuando determinada forma de entender la política mete sus manazas en la vida real termina creando monstruos sociales.