NUEVOS CAMINOS

Me fui sin despedirme, pero creo que no es justo. Quizás debo explicarme.
Hace algún tiempo que estoy gestando una idea, y por fin me he decidido a llevarla a cabo. Voy a escribir una novela. Tengo la idea, los mimbres y las ganas. No tengo demasiado tiempo, pero me he dado un plazo largo para publicarla.
A todos mis seguidores, os prometo que tendreis noticias.
A pesar de que he tenidos unos meses muy agitados en el plano personal, la escritura es una especie de droga para los que amamos esto; confieso que ya he empezado a elaborar textos.
Os regalo el primer capítulo y la promesa de que continuará...la duda que me queda es si seguiré aquí o en papel. ya veremos.



CAPITULO UNO: TRIAGE



Nunca antes había pasado consulta a un asesino. Al menos no de forma consciente.
Aquélla era una de esas noches azules de domingo en las que las urgencias se convierten en un mercado persa.
Las ambulancias iban depositando su carga de dolores y olores a las puertas de un hospital eternamente colapsado.
Pero aquel hombre había entrado caminando. Escoltado por dos agentes de azul que habían dado sus datos a la cansada recepcionista, había pasado a la zona de espera de pacientes.
Con las manos esposadas a la espalda y dos policías al lado, aquel hombre no pasó desapercibido en la zona de espera.
En apenas unos segundos pasó a ser un usuario del sistema sanitario, con todo lo que ello implica. Unos milisegundos bastaron para que la tela de araña del sistema informático de las urgencias le asignara un número de historia, un código de barras y dieciséis pegatinas. Siete minutos más tarde un enfermero clasificaba la gravedad del paciente.
La edad de aquel joven del pijama verde rondaría los veintisiete años, y unas profundas ojeras le daban un aspecto cansado (la próxima vez que saliera un sábado no debería beber tanto ron).
Sus dedos volaban acariciando las teclas.
–¿Qué le pasa?
–Quiere hablar con un médico –respondió uno de los policías– parece que está nervioso. Seguramente estará con el mono.
Motivo de consulta: Paciente detenido solicita médico.
Nivel de prioridad: 4
–¿Alérgico a algo? –preguntó Pijama Ojeroso.
–No –la voz del paciente 35217 sonó extrañamente cavernosa– que se sepa.
El enfermero anotó las constantes en la historia digital, y volvió a las teclas…
Observaciones: sin alergias medicamentosas, posible crisis de ansiedad.
Según el orden de Triage aquel paciente debería haber sido asignado a la consulta tres. Quizás fue la sobredosis de trabajo, quizás las prisas por acabar su turno y volver a casa, quizás el repentino acceso de pánico irrracional del enfermero al cruzarse la mirada con aquel paciente. A lo peor fue simplemente el azar quien hizo que el enfermero asignara la consulta equivocada.

Consulta: cinco.
En ese preciso instante yo golpeaba de forma insistente y repetitiva el ratón contra la mesa en un irracional intento de que éste reaccionara a base de golpes. Finalmente desistí al comprobar que Don Ratón me iba a seguir jodiendo lo que quedaba de guardia.
Médico asignado: Víctor Bárcenas.
Aún no lo sabía, pero aquel error de un enfermero resacoso iba a cambiar mi vida para siempre.

EL CORAZÓN DESBOCADO

Ella era casi una mujercita. Quizás tendría trece años y...
Víctor no solía recordar las caras de los pacientes, pero aquella niña lo había acompañado en los últimos seis años. Quizás casualidad, quizás magia, pero la niña había acudido cinco veces en los últimos años y siempre había sido atendida por el mismo médico.
La primera vez él era un residente asustado y ella una niña de siete años de ojos profundamente marrones, pelo rojo y pecas alrededor de una naricilla pequeña y respingona.
-Abre la boca ojos de miel -le dijo aquella vez en broma.
La segunda vez se reconocieron al instante, la niña volvía a los tres días con la misma tos de perro. La madre estaba intranquila por la falta de mejoría, y el médico residente asustado por el miedo al error. Los primeros meses el joven médico percibía cada paciente que reingresaba en urgencias como un fracaso estrepitoso.
Víctor recordaba que le acarició el pelo a la salida. Le había ajustado el tratamiento con un corticoide oral. Ojalá no volviera
Meses más tarde fue un dolor en la muñeca, y el joven médico ya era un residente de tercer año, con cientos de horas de trinchera a sus espaldas. A pesar de todo reconoció a la niña de las pecas.
-Oye, pero si tú eres la niña de los ojos de miel -le dijo al reconocerla- ¿ y aquella tos perruna del invierno?
-Ya pasó, con el jarabe mejoró bastante -sonrió la madre sorprendida.
Pasaron dos años hasta que la niña volvía por urgencias. En esa ocasión el paciente era su hermano de seis meses con fiebre.
Fue algo inexplicable, pero Víctor, a pesar de su mala memoria, recordó la cara.
-Hola ojos de miel -le dijo sonriendo- veo que ya tienes un hermano pequeño.
-Sí, se llama Pablo -respondió la niña sonriendo al pensar que aquel hombre de verde posiblemente vivía en el hospital, pues estaba a todas horas.
Dos años más tarde fue un corte en la pierna tras una caída en la playa. Fue una de esas tardes de Julio en las que la zona de espera de pediatría rebosa de niños vomitosos, padres acalorados y abuelas exigentes. Uno de esos turnos infernales en los que el médico de pediatría debe administrar el tiempo, exprimirlo y dilatarlo para poder conjugar los conceptos de asistencia médica digna con "dese prisa que me cierran el mercadona".
Apenas coincidieron dos minutos, lo justo para valorar la herida y mandarla a enfermería.
La niña había llorado y unos surcos de lágrimas marcaban su cara.
-Toma ojos de miel -le dijo- limpiate esa cara, que no se te ven las pecas.
Y pasó el tiempo. No volvieron a verse.
En realidad una vez se cruzaron en el centro comercial. Víctor curioseaba entre libros y los vio pasar por el pasillo cercano. Los padres delante, con un carrito, y la niña un poco rezagada mirando los lápices.
-Venga Julia -gritó la madre- siempre te quedas atrás.
El médico tuvo cierto reparo de saludarlos. En definitiva estaban fuera de su espacio natural, y ni siquiera se conocían. De hecho no recordaba que se llamara Julia.
Víctor acabó su periodo de formación, pasaron tres años y la vida siguió su camino.
Ella era casi una mujercita. Quizás tendría trece años y... e
sa tarde el turno estaba siendo tranquilo, hasta que sonó la alarma de paciente con prioridad uno.
No es algo usual que un niño tenga una taquicardia a doscientos setenta latidos por minuto. Pero ella no se había quejado. Únicamente refería de cansancio desde esa misma mañana.

Ya no era la niña de siete años con tos, tampoco él era el médico asustado ante la posibilidad del error. Era una jovencita de pelo rojo que miraba asustada a todos los que la rodeaban mientras el monitor marcaba el ritmo frenético de su corazón. Tendida sobre la camilla , una mascarilla ocultaba su boca. El joven médico se acercó a la cabecera y tocó el pelo rojo.

-Hola ojos de miel -le sonrió- ¿pero qué te ha pasado esta vez?

-No sé -intentó sonreir sin conserguirlo- creo que es mi corazón. Menos mal que tú siempre estás aquí, porque si no...

El joven médico limpió con un pañuelo la lágrima que salía bajo la mascarilla de la joven surcando una mejilla plagada de pecas.

Siete personas rodeaban la camilla, pero nadie hablaba. Únicamente el pitido rítmico del monitor y el silbido del oxígeno.

Entonces la joven miró a su alrededor y lo dijo:

-Perdonadme -dijo con timidez- perdonadme, yo no quería...

Dedicado a esos pacientes que se cruzan de forma intermitente en nuestra vida creando unos lazos llenos de magia. También a los que recuerdan la cara de sus pacientes, porque debemos saber que ellos nunca olvidan la nuestra.

MATER AMATISIMA

-¿Y puedes estar embarazada? -pregunta el médico a la joven de dieciséis años.
Al lado de la chica, una adolescente de pelo liso y mirada angelical, se sienta la madre; una señora de aspecto malencarado y mirada controladora que previamente ha colocado su bolso (Dolce & Gabana de nueve euros en la tienda de los chinos) sobre la mesa del médico.
La señora ha respondido a todas y cada una de las preguntas que el médico ha realizado a la joven: alergias, tratamientos, operaciones, enfermedades...
También ha respondido con diligencia acerca de cuando empezaron los vómitos de su hija, las características del mismo y si le dolía el abdomen...
-Es que tengo miedo, no se me vaya a deshidratar, o lo que es peor que sea una pendicitis y me pase como me pasó con la hermana.
-¿Qué pasó con la hermana? -Víctor acaba de caer en la trampa.

-Pues que la traje al menos cinco veces, hasta que al final fue una pendicitis pasada.
El médico le repite la pregunta a la paciente:
-¿Y puedes estar embarazada?
-¡No puede estarlo! -responde la madre- pero si ni siquiera tiene novio ¿verdad Vanesa?...
El médico mira a la joven paciente con curiosidad, ella evita sus ojos y mira hacia el suelo azorada.
-Señoras y señores, bienvenidos al show -piensa Víctor Bárcenas.

LOS BESOS PERDIDOS

-No se preocupe, lo haré -reponde Víctor Bárcenas sabiendo que miente.
Jordi Poset era el mejor y lo sabía...
Acababa de cumplir los cuarenta y dos años y estaba a punto de coronar la cima. Esa misma noche había firmado como vicepresidente primero del grupo de abogados Femasa y Asociados. Eso significaba dirigir de facto el bufete, diez mil euros netos al mes y entrar en el reparto de primas a fin de año.

Jordi Poset era el mejor y lo sabía...
Hacía diez años que se casó con Lucía, una guapísima recepcionista que conoció en sus años como becario. Fruto de la relación nació Laia, la niña más guapa del mundo, según la abuela Sira. Una niña de seis años con unos increíbles ojos azules y el pelo azabache. Precisamente ese día acababa de celebrar su cumpleaños. Jordi no pudo asistir por culpa de esta reunión de última hora. Cuando había podido llamarla ya era demasiado tarde y Laia dormía.
-¿Cuando llegarás? -preguntó Lucía.
-Acabo de terminar la reunión, tengo estupendas noticias -respondió Jordi.
-Laia te dejó un trozo de tarta en la nevera.
-Le compré un regalito -responde Jordi tocando la cajita verde que reposa en el bolsillo derecho de su chaqueta.
-No tardes.
-Prométamelo -enfermo 5 agarra la muñeca del médico...
Jordi Poset era el mejor, y lo sabía...
Sabía que imponía respeto y admiración cada vez que llegaba a las oficinas del bufete luciendo su sonrisa sincera y su corbata de Hermés. Siempre llevaba el pelo corto, casi como un militar, donde ya empezaban a aparacer algunas canas. De porte esbelto, su mandíbula marcada y el bronceado natural enmarcaban unos ojos verdes y una sonrisa permanente que lo convertían en un hombre realmente atractivo. El Chico Hermés, le llamaban las secretarias por su afición a las corbatas de lujo y los trajes de diseño.
Jordi Poset era el mejor y lo sabía...
hacía tres años que no viajaba con Lucía y Laia, también era cierto que siempre llegaba tarde a casa. Pero Laia lo adoraba y siempre le dejaba una nota en el frigorífico recordándole que ya sabía restar, que se había peleado en el recreo o simplemente que le deseaba buenas noches.
Algún día se irían de vacaciones lejos, muy lejos. Los tres...
Ahora lo importante era llegar a la cima, triunfar, asegurar la posición familiar, pagar el ático junto a la Plaza de Catalunya.

Acababa de firmar el contrato de su vida, y en un par de años quizás todo sería perfecto.
Enfermo-5 acaba de entrar en el área de críticos. Aún ni siquiera tienen sus datos.

Unos minutos antes su Audi A6 se ha empotrado contra un tractor con la mala suerte de que una aguja de enganche ha destrozado el abdomen del conductor.Apenas tiene pulso; se hará lo humanamente posible, se intentará lo imposible...

Con prisas lo desnudan sobre la camilla, le aseguran dos vías periféricas, se avisa al cirujano de guardia, se prepara la intubación...

Enfermo 5 delira agarrado a la mano del médico de guardia:

-¿Es usted alérgico a algo? ¿recuerda qué le ha pasado? -le pregunta Víctor.
-Quiero que vaya a hablar con Lucía -dice enfermo 5.

-¿Pero qué dice? -el médico parece confuso.

-Pídale perdón en mi nombre -reponde- perdón por los besos que nunca le dí, por las noches que Laia se durmió esperándome. Pídale perdón por no contarle los mil cuentos que le prometí, por olvidar que había aprendido la tabla del tres, por el viaje que nunca haremos...

Enfermo 5 se apaga...

-Su regalo de cumpleaños está en una cajita verde, dígale que no lo he olvidado, dígale...

El resto fueron veinte minutos de reanimación, incontables ciclos de adrenalina, algunas descargas del desfibrilador y por fin la orden de parar.

Alguien trae la documentación de enfermo 5. Demasiado tarde quizás.

Víctor mira el reloj. Las doce y cincuenta y tres minutos. Mira al suelo y descubre una cajita verde junto a una chaqueta arrugada y a una corbata de Hermés.

Con mucho cuidado, el médico abre la caja y descubre dentro un colgante con la imagen de Bob Esponja.

Entonces Víctor Bárcenas abandona la sala sabiendo que aún queda algo que hacer por enfermo 5. Tiene una conversación pendiente...


PS: Dedicado a todos los que deben perderse la infancia de los suyos por una lucha a veces absurda. Y a todos los cuentos que no pude contarle a mi princesa de ojos miel.

MEARSE EN MITAD DE LA CALLE

Imaginemos amiguitos. Y hoy estoy con ganas de pensar porque anoche tuve una noche de perros, porque apenas dormí. Y sobre todo porque hay cosas que me ponen de los nervios.

Imaginate, querido lector o lectora, que vas caminando por la calle y un individuo pasea su perro salchicha junto a ti. Entonces el perrito en cuestión te mira con cara de “hola caracola” y suelta un mojoncete justo en mitad de la calle. No sería extraño que alguien diera un toque de atención al ciudadano por su falta de civismo (y al perro por lo feo). Por no hablar del caso en que un sujeto se dedicara a romper farolas, quemar cubos de basura, o hacer pis en los jardines. En ese caso el vándalo puede hasta acabar entre rejas.

-Oiga señor, que eso lo pagamos entre todos –le diríamos. En el fondo lo que hay en estas conductas es un abuso de la propia libertad que terminamos pagando con nuestros impuestos. Y eso jode.

Imaginate ahora que vamos a las urgencias de un hospital. Aunque no lo creamos, en ese sitio lleno de pasillos y cristales hay un número de profesionales limitado y que, en razón de la universalidad de la asistencia (todo gratis, siempre gratis y para lo que sea), los que ahí estamos debemos atender a todo el que “se saque una ficha”. Si somos ocho médicos y debemos atenderlos a todos, la calidad de la asistencia mermará si en lugar de 100 pacientes atendemos a 500 (eso lo entiende hasta mi niña de 8 años). Por mera curiosidad miro los últimos motivos de consulta en pacientes atendidos en un hospital: catarro, dolor cuello tras accidente hace una semana, dolor esternal, Epigastralgia hace una semana, presíncope y mareos, dolor de muelas, síndrome catarral que no mejora, cefalea hace 24 horas, sinusitis, dolor hipogastrio hace meses, herida en pierna, mancha en la pierna, resfriado, tos y mocos, ronquera, dolor torácico, dolor de oido, necrosis pie diabético, fiebre de un día de evolución ahora sin fiebre, dificultad respiratoria saturación 96%, torcedura de tobillo, tos y mocos (dos fichas, pues se trata de los dos hermanos). Y así hasta el infinito y más allá. Cuando llegue el paciente realmente grave muy probablemente cogerá al médico cansado, mirando la enésima garganta o simplemente saturado. Lo peor del caso es que, si pongo el oído en la sala de espera, nadie se avergonzará de saturar un servicio sanitario con síntomas leves, nadie acusará de falta de civismo a nadie, únicamente se oirán quejas acerca de la tardanza en ser atendidos o al diagnóstico poco específico que le han dado. No creo que el pago por los servicios sea la solución. Imagino que el día en que los ciudadanos seamos conscientes de que usar un servicio sanitario de forma abusiva es equivalente a mearse en mitad de la calle algunas cosas empezarán a cambiar. Mientras tanto, vayan sacando su ficha y sean bienvenidos a este divertido espectáculo.

MECÁNICA VERSUS MEDICINA

Quizás es cierto que soy un quejica. Eso no lo dudo. Sin embargo hay ocasiones en las que me parece que me estoy perdiendo algo, o quizás es que soy directamente gilipollas. Hace dos días llevé mi cutre-coche kinkillero al doscientómetro. Así llamo yo al Taller de reparaciones, donde cada vez que me ven asomar por la puerta suenan las fanfarrias, la recepcionista se pone a hacer el pino y empiezan a marcar los doscientos eurazos en la factura. Pero en esta ocasión yo llevaba las de ganar. El simple cambio de una bombilla, cambio de aceite y el piloto trasero con un agujerito no debía ser demasiado doloroso para mis mermadas arcas.

-No te preocupes –me dijo sonriente la encargada de los clavos facturísticos- mañana por la tarde te lo tenemos listo.

Cuando oí eso de "te lo tenemos listo", me dí cuenta de que no quería decir "te lo tenemos, listo", pues para listos ya están ellos. Además percibí claramente un sonido como de caja registradora en su tono de voz. Mi pensamiento se fue directamente a la ración de langostinos que se iban a zampar a cuenta de mi visa.

Ayer, cuando iba a recoger mi troncomóvil, notaba que mi tarjeta de crédito vibraba de puro pánico ante el cepillado que se podía avecinar.

-Doscientos treinta y cuatro con ochenta y dos -me dijo muy sonriente la señorita de rojo.

Inicialmente pensé que, como son fechas próximas a la semana santa, querían mantener la tradición de los doscientos euros, luego mi cara cambió de un color azulado berengenoide a coger un tinte pajizo que me asustó, sobre todo al leer el detalle de la factura:

-Mano de Obra: 1 hora y 30 minutos empleados en cambiar el aceite, poner una bombilla y cambiar un piloto. Me cobran cada hora de trabajo a 41 euros, más un 18% de IVA se me pone en 48.38 eurípides la hora. Por mera curiosidad me dispongo a mirar mi nómina y compruebo que apenas llego a ganar 16 euros la hora como médico especialista en Medicina familiar y Comunitaria. A fin de mes gano algo más debido a que echo más horas que un reloj en urgencias, incluidas noches, festivos y fiestas de guardar.

Para colmo me cobran 3.18 euritos por ponerme agua destilada y liquido de limpiaparabrisas sin consultarme ni pedirme mi opinión (la propina, imagino).

En definitiva, que me vine para casita con 234 euros menos y más feliz que una lombriz. Eso sí, también pensando en lo bien que me iría haber montado un taller de mecánico en lugar de estar 10 años estudiando esta carrerita de mediquillo de medio pelo (lo de mediquillo es tema de otro post, que explicaré más adelante, y que hoy me reservo para no hacer mala sangre).

PABLITO Y EL TEMBLOR

-Y yo le digo que esto ya no es normal -asegura la madre ofuscada- mi niño no suelta la bronquitis desde hace dos meses, y así no puede seguir.

El tono de voz en la doña Purificación denota una mezcla de enfado, reproche y acusación hacia el médico.

-Y que sepa usted -prosigue alzando la voz- que es la tercera vez que lo traigo por lo mismo. Algo tendrá el niño digo yo, porque ya lleva ventolín , pulmicor, lastilsona y nada de mejoría, al contrario, va de mal en peor. Y yo de esto entiendo, pues vaya calvario que llevamos pasado.

-Señora, ya compruebo que ha acudido a este servicio en tres ocasiones esta semana -dice el médico armándose de paciencia mientras observa a Pablo.

-Sí, y la doctora de ayer me lo echó sin hacerle ni una radiografía. Pero es que su pediatra, bueno digo pediatra pero creo que no es ni pediatra, me dice que no tiene nada. Y el niño tiene algo, porque además no me come.

Pablo, sentado en su silla, observa con atención a su señora madre.

Pablo Quintana está enfermo. No es que naciera enfermo, es que ya lo estaba en el santo útero que lo cobijaba.

Doña Purificación Marchena, afortunadamente lo había detectado bien pronto; y así lo había comunicado a don Romualdo Frastillas, el Ginecólogo de la familia.

-Don Romualdo -le dijo en su última revisión- para mí que el niño viene malito, si apenas se mueve. ¿no tendría usted unas vitaminas?

El parto de Pablito no fue complicado, tampoco podemos calificarlo de traumático, fue simplemente una escena de la matanza de Texas gracias a un proverbial ataque de pánico de la madre que intentó salir corriendo en mitad del expulsivo y a un oportuno ataque de furia del padre intentando dirigir el parto cámara en mano.

A los tres meses Pablito fue diagnosticado de dermatitis atópica. Semanas más tarde el oftalmólogo Paulino Piernas le trataba una dacriocistitis y cuando el bebé cumplía seis meses fue diagnosticado de una oportuna intolerancia a la lactosa gracias a un milagroso análisis prescrito por el digestólogo pediátrico don Facundino Molins.

Definitivamente Pablo era un niño con suerte, porque a los dos años y medio su madre decidió visitar a don Jaculino Berceiro, el neumólogo infantil más reputado de la Comarca que diagnosticó un asma incipiente.

-Este niño tiene una bronquitis asmática señora -sentenció don Jaculino mientras pensaba que la señora Purificación bien pasaría por un percebe gigante.

Pero si eso era buena suerte, definitivamente podemos calificar a Pablito tocado por la mano de Dios, porque un día el tío Blas observó que Pablito andaba zambo. Pero la probervial fortuna de Pablito hizo que don Vernáculo Cifuentes le recetara un par de zapatos ortopédicos que eran mano de santo.

Y si esto había sido buena fortuna, de cuasi milagro podemos considerar el precoz diagnóstico de miopía incipiente que había hecho don Félix Cantueso cuando el niño tenía cinco años.

Doña Purificación estaba feliz y contenta. El niño le había salido malito, pero siempre tuvo grandes médicos que estaban salvando a Pablito de una vida de padecimientos y torturas.

Víctor termina de oír los antecedentes médicos de Pablo. Es un niño de nueve años delgado, muy delgado. La palidez de su piel contrasta con unos ojos azules grandes y expresivos que lo miran con miedo detrás de unas gafas de pasta verde. Sus manos, delgadas y huesudas muestran un temblor casi imperceptible. Viste una blusa azul y un pantalón corto. Calza unos zapatos ortopédicos y unos calcetines blancos hasta la rodilla.

El joven médico explora al niño y únicamente le encuentra una faringe algo enrojecida.

-Señora, Pablo no tiene nada grave ni fuera de lo normal -intenta explicar el médico. En ese instante nota cómo el rostro del niño se relaja.

-¿Me lo va usted a decir a mí? -responde doña Purificación ofuscada- a ver si va usted a saber más que don Jaculino. El niño está cogido al pecho y que sepa que si no lo llevo a don Jaculino es porque es sábado.

-Me parece muy bien señora, pero...

-Además, el niño está para análisis, radiografía y antibiótico, se le ve en la cara.

Entonces Víctor Bárcenas se fija en las manos temblorosas de Pablo y toma una decisión. Nunca hasta ese momento lo ha hecho, sabe que se la va a jugar, pero está decidido.

El médico gira la cabeza y mira fijamente a Pablo Quintana, ignorando a doña Pura.

-Pablo -le dice al niño que lo mira fijamente- no te preocupes que no tienes nada malo. Me parece que tú eres un niño normal.

El médico se levanta y acaricia la cabeza del niño.

-¿Entonces no me va a pinchar?

-No te voy a pinchar porque no estás tan malo. No te voy a pinchar porque casi seguro que te vas a curar muy pronto. Y ahora te voy a contar un secreto-y entonces acerca su boca al oído del niño- no tengas miedo, nunca vuelvas a tener miedo.

Luego mira a su izquierda y encuentra la cara congestionada de doña Purificación

-Pues espero por su bien que al niño no le pase nada -amenaza la señora a la vez que se levanta y coge al niño de la mano para salir.

El joven médico se queda en su silla mientras madre e hijo abandonan la consulta. En un último segundo, justo antes de salir, Pablo gira su cabeza y lo mira. El niño le sonríe.

Entonces Víctor se da cuenta de que todo mereció la pena.

DORMITORIO

Se cumplen veintidós horas y seis minutos de trabajo continuado. He subido al dormitorio en busca de apenas dos horas de sueño robado y abrupto. Sueño sembrado de pacientes y miradas. El sueño furtivo durante la guardia, en el que no te quitas el pijama verde, no sé si por falta de fuerzas o por miedo a la llamada urgente que casi seguro te levantará. Apenas dos minutos adorando la noche de seda antes de dejarme caer sobre el colchón. Quince segundos antes de caer en un mundo cercano a la inconsciencia. Sé que el politono de Nokia que tanto odio me dará el susto en cualquier momento, pero no puedo evitar que el cansancio me doblegue. Ha sido un día extenuente, porque no puede ser de otra manera. Sé que dentro de unos minutos dormiré, pero antes doy un último repaso a las mil caras que pasaron ante mí creando una especie de collage fantasmagórico. Un rápido recorrido mental evoca en mi mente la cara de aquel hombre de bastón que buscaba a su mujer entre las camas, la mano suave de una enfermera acariciando la cabeza rala de aquella mujer del pijama blanco. Y mi boca dibuja una sonrisa de terciopelo al evocar la cara de sorpresa de todos cuando aquel señor del sillón 3 nos dijo que practicaba trucos de magia y nos regaló uno de ellos mientras esperaba su mejoría. Cientos de caras pasaron ante mí en esta guardia llena de dolor y temor. A mi mente acude la cara de la señora de la cama 6. No recuerdo si le dejé pedida analítica para mañana. La mirada de aquella mujer que no quería ingresar por miedo a no volver a ver su casa, el acento del anciano de Gijón que, de vacaciones en nuestras playas, había empezado a morirse aquel sábado por la tarde. Entonces me siento, susurro unas letras de la Carmen de Bizet. Un pensamiento extraño me asalta:

-¿Quién me mandaba meterme en este lío? -pienso. Entonces respiro profundo y doy gracias a la vida por colocarme en este preciso punto que ahora vivo, y a mis pacientes por hacerme sentir vivo en mi trabajo, eso es lo realmente importante. Dentro de unos segundos dormiré.

Entonces pienso que sería bonito compartir este instante mágico contigo, que vives al otro lado de la pantalla. También eres importante pues al leerme pasas a formar parte del Universo de este blog absurdo y multicolor. Mañana sérá otro día.

Buenas noches mundo...

MEDICOS ¿DE FAMILIA?

Médicos de Familia. Bonita expresión para definir esta profesión que me tocó ejercer por mi mala cabeza. Es cierto que la palabra familia no es fea, fundamentalmente por sus implicaciones sociales e históricas, pero no creo que sea el apellido más adecuado a nuestra especialidad.

¿Por qué médicos de Familia? Podíamos llamar por la misma regla de tres a los psiquiatras Médicos del Amor y el Desamor. No sería mala idea llamar al Otorrino médico de las sorderas, y al reumatólogo médico de las dolamas. Así tendríamos el médico de la ceguera, el de los infartos y el conocido médico de las bronquitis y neumonías. La duda se presentaría en las zonas nobles donde no tendríamos muy claro si tendríamos el médico de las almorranas, el de los orines y el conocido médico de "ahí abajo" de las mujeres. Igual podríamos unir las tres especialidades en un tronco común, serían los médicos de "pordebajodelombligo". Por no hablar del médico del azúcar, azucólogo lo podríamos llamar.

Imagino que en todas las profesiones ha pasado algo similar. Los políticos de turno, con sus modernidades y sus ganas de pasar a la historia, hicieron que los maestros pasaran a profesores, luego educadores, y ahora no sé exactamente lo que son (hace unos meses me enteré que el colegio de mi pueblo ya no es un colegio, ahora es un CEIP, tócate las peras Manolita). Los peritos ahora son ingenieros técnicos, los técnicos de rayos son técnicos especialistas en radiólogía. Por no hablar de las enfermeras, que han pasado por enfermeras, practicantas, ATS, DUEs...(por cierto eso de practicanta no sé a qué mente calenturienta se le ocurrió). Voy a hablar con la señora ministra a ver si en la próxima reforma podíamos colar lo de Licenciadas en inyección de fluídos variopintos y multicolores.

Nosotros éramos médicos de cabecera, pero ese témino no convencía. Por tanto se reunieron unos pocos y decidieron ponerle otro apellido. Pasamos a médicos generales, otros nos llaman médicos de Atención Primaria, y Médicos de Familia. Hoy somos especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria. Este término, sin duda inspirado por algún Pope de la medicina en nuestro santo país, es como si decimos que mi querido hermano, albañil de profesión, es especialista en elevación de cubos mesclatiformes.

Es cierto que ejercemos Medicina en el ámbito de la Familia, y que algunos (un ínfimo porcentaje, seamos sinceros) practican la Medicina Comunitaria. Pero el ejercicio de nuestra especialidad no viene definido por la palabra Familia.

La imagen del médico clásico con su consulta de toda la vida y su cupo de pacientes es una realidad lejana para muchos miles de médicos "de familia" que trabajamos en urgencias hospitalarias o en urgencias extrahospitalarias. También ajena para muchos médicos que se dedican a ejercer la medicina "apagafuegos" haciendo sustituciones durante años. Ajena para el sistema que compra mano de obra para cubrir un hueco, una consulta y cuatro minutos por paciente. Un médico cada vez más especializado en hacer un diagnóstico y un tratamiento en un tiempo récord. Un médico, en definitiva, encargado de mantener el sistema de protección sanitaria universal. Me imagino qué sucedería si durante una semana, todos los "médicos de familia" decidiéramos que no nos importa el tiempo, que nos sentaremos con nuestro paciente hasta que lo diagnostiquemos, lo tratemos o lo consolemos.

Preguntemos a los miles de médicos "de familia" cual es la clave para poder trabajar sin morir asfixiado, preguntemos a los pacientes qué desearían que su médico les diera. Creo que la respuesta sería una palabra preciosa: Tiempo.

Definitivamente no es la palabra Familia la que hoy marca nuestra especialidad, sino la palabra Tiempo.

Por tanto propongo a la señora ministra que me invite al próximo evento de esos que organizan los políticos en los que se ponen de vinito, gambas y jamón hasta las trancas, para volver a cambiar el nombre a nuestra insigne profesión y empezar a hablar del médico express, porque ótra cosa no me viene a la cabeza. Aunque igual con la suficiente dosis de langostinos la cosa mejora.

PS: dedicado a todos y todas las que acaban a las tres y media su turno de trabajo. Y a las cuatro, y a las cinco...

LA SONRISA ASUSTADA

Se ha levantado de la cama muy temprano. Hace varios días que no duerme bien. A pesar de sentirse extraordinariamente cansada al llegar la noche, apenas logra dormir tres horas entre continuos despertares.
Con los gestos mecánicos de cada mañana enciende la cafetera, saca el pan del congelador y pone la radio. Piensa que se fumará un cigarrillo en la terraza, entonces lo recuerda y decide que no.
Sonríe asustada. Jamás pensó que eso fuera posible. Sonreír con miedo.
Mientras el olor a café acaba de inundar el piso Ella se dirige al baño. Como cada mañana abre la ducha dejando que el vapor lo convierta todo en una suerte de sauna. Cuando el espejo empieza a empañarse Ella se desviste.
-Bonito pijama –piensa.
Mira al espejo y ve la imagen borrosa de su desnudez. Se siente un poco mareada, incluso nauseosa, no tanto como para vomitar.
Sonríe asustada y entra en la ducha.
Ella nota el abrazo cálido del agua muy caliente, respira el vapor de agua, entonces siente la necesidad de sentarse. Haciéndose un ovillo, abraza sus rodillas y se sienta mientras el agua la envuelve en una atmósfera irreal. Piensa en todo lo que pasará en las próximas semanas. No quiere pensar, pues eso le causa un vértigo extraño. Vértigo, esa sensación de estar a un paso de caer al vacío, esa falsa seguridad que te da saber que sólo de ti depende tu inmediato futuro, ese íntimo momento de desconcierto al saber que si presa de la locura o el pánico adelantas un solo pie nada dependerá de ti porque la caída será inevitable.
Sonríe asustada y termina de ducharse.
Ella cierra la ducha y sale frente al espejo empañado. Ahora su silueta es una simple mancha entre la niebla. Con cuidado acerca el dedo índice al espejo...
Recuerda que de niña siempre escribía en los cristales de casa cuando fuera llovía. El frío del cristal en su dedo le trae recuerdos lejanos, tardes de colacao y pan con aceite.
Entonces Ella escribe algo con mucho cuidado, casi como si el cristal se fuese a romper, casi como quien realiza un conjuro mágico: A…L…E…Antes de acabar lo borra todo con la palma de la mano casi asustada. Pero al borrarlo quita el vaho del cristal y vuelve a ver su propia cara de pánico. Ahora mueve los labios en silencio y completa la frase. Sonríe asustada.
Casi son las ocho y media, Ella ha desayunado y se ha vestido. Hoy se puso el vestido azul que tanto le gusta, un vestido ajustado que realza su figura y que complementa con unas botas marrones de caña alta y una chaqueta negra. Unos pendientes rojos le dan un toque de color.
Coge la llave del coche que dormía en el aparador y se dispone a salir de casa. En ese preciso instante se ve reflejada en el espejo de la entradita. Se acerca y pone la mano derecha sobre su abdomen, por encima de la ropa. Luego pone la mano izquierda junto al ombligo. Inspira y siente algo que hasta ese momento nunca había sentido. Se siente viva y necesaria sobre la Tierra.
-Ya lo noto –piensa.
Y sonríe asustada. Dentro de seis meses nacerá Alejandro.

EL MALO-MALOSO

Cuando mis neuronas se resisten a comprender algo suelo usar un truco que casi nunca falla. Se trata de ordenar los acontecimientos, problemas o enigmas uno detrás del otro, escribir todo en un papel y pensar la solución.
Hace apenas veinticuatro horas veía una reunión de los máximos dirigentes de nuestra privilegiada Europa, todos ellos sonrientes, en la que deciden "intervenir militarmente" (o sea iniciar una guerra) en Libia. La mayoría de partidos políticos y medios de comunicación hacen palmas hasta con las orejas (Ole ole ole, vamos a liberar al pueblo libio, somos Los Aliados, que venimos a salvaros).
Y como no entiendo nada, seguramente debido a que mi única neurona la dedico a otros menesteres, decido escribir a ver si me aclaro.
1.- Existe un tirano malo maloso (con cara de malo-perverso) en un país con muchos recursos naturales.
2.-El tirano malo-maloso nos regala sus recursos naturales a cambio de que lo hagamos multimillonario, lo tratemos como a un estadista y le vendamos armamento hasta formar un ejército bien gordo (¿alguien ha visto la macrourbanización de Gadafi en Marbella?).
3.-El tirano dictador malo-maloso en un momento dado que oprime, bombardea, asesina y expulsa de sus casas a la población con las mismas armas que le vendimos.
4.- La "legalidad internacional" no puede permitir que eso ocurra, se reunen los dirigentes de las principales potencias armamentísticas.
5.- La ONU emite una resolución instando al malo-malo, feo y apestoso a que deje de portarse mal, que puede seguir como hace tres meses, asesinando en silencio, pero que no lo haga con la CNN por delante que queda feo.
6.- El tirano se limpia el culo con la resolución de la ONU.
7.- La ONU emite un papelito certificando que el tirano malo-maloso es además un indeseable, los pedos le huelen fatal y lo que está haciendo no se debe hacer, por lo tanto le van a dar una dosis de metralla que lo va a flipar. Doce horas más tarde empieza la guerra.
Y yo me pregunto:
-Estos siete primeros puntos, uno detrás del otro, se han cumplido en el Sahara Occidental. Un tirano masacró a una población, los expulsó de sus casas, le vendimos y seguimos vendiendo el armamento, se limpió el culo con las resoluciones de la ONU instándole a respetar al pueblo saharaui (y si no respetarlo al menos devolverles sus casas), y mantiene a doscientas mil personas en el desierto de La Hamada, el desierto más hostil de la Tierra, malviviendo de la limosna internacional y esperando que se mueran.
No se reunen de urgencias los señores presidentes de las Potencias Internacionales porque el malo-maloso de Marruecos aún tiene la sartén por el mango, aún no tiene los pedos apestosos o aún no ha matado al número de niños suficientes delante de una cámara de la CNN (quizás porque a los saharauis nada podemos ya robarles que no sea su vida).
-Hace ocho años se produjo exactamente la misma situación en los puntos uno hasta el seis, el punto siete no se produjo porque algunos tenían intereses en Irak, y vetaron la autorización de los bombardeos. Los mismos que salieron a la calle diciendo No a la Guerra hoy apoyan el inicio de una nueva guerra "amparada por la legalidad". O sea, que únicamente el No a la Guerra se basaba en la falta de la autorización de la ONU. Vaya mala suerte tengo, y yo que creía que era un movimiento en favor de la Paz, la no violencia y una apuesta contra las guerras. Eso me pasa por iluso.
No me gusta escribir acerca de política en mi blog, pero hay veces en las que debo apagar las noticias por las nauseas que me producen.
Dixit.

EL CUMPLEAÑOS

Él acarició su cuello con los labios y entonces ella inspiró con profundidad impregnándose de aquel aroma a hierba. Siempre había pensado que él olía a hierba fresca, a campo, a libertad. Aquella noche lo hubiera jurado.
Notó la máno cálida y suave recorriendo su espalda, cerró los ojos y se abandonó al placer de sentirse acariciada. Notó su respiración muy cerca, junto a la oreja izquierda, tan cerca que casi podía sentir sus labios cerca del lóbulo; entonces emitió un intencionado gemido. Sabía que a él le gustaría. Él respondió apretando sus manos, amasando casi su cintura. Ella curvó las caderas hacia atrás buscando su cuerpo...
Le encantaba notar el pecho cálido de él contra su espalda mientras sus manos le apretaban los muslos y subían para pasar adelante con destreza. Ella giró el cuello para encontrar su boca, susurrándole antes unas palabras fruto de la lujuria más absoluta. Palabras prohibidas que jamás pronunciaría en otra situación.
Él obedeció y se tumbó sobre la alfombra dejando que ella quedara encima. Al sentarse sobre él notó que casi perdía la cordura, los cuerpos se fundieron y empezaron a mecerse con un ritmo lento, pausado. Una cadencia marcada por los latidos de sus corazones. Cada vez más rápido, cada vez más fuerte.
Se encontraron las bocas en la oscuridad.
Ella empezó a notar cómo una corriente eléctrica partía desde lo más profundo de su cuerpo quemándola por dentro. Una corriente que le cruzaba el abdomen, subiendo como un flujo de energía hasta casi estallar junto a los oídos. Una corriente que la obligaba a moverse más rápido, una energía primitiva e instintiva que le pedía gritar. Se limitó a gemir junto a su cuello. El respondió masajeando sus gluteos y empujando al ritmo marcado por el deseo mutuo.
Pronto los movimientos se volvieron más intensos, el ritmo más enérgico. Ella tensó todo su cuerpo como si de un arco de vida se tratase, él la sujetó con más fuerza, la corriente que los recorría se convirtió en una explosión de colores, entonces ambos se convirtieron en uno. Millones de diminutas estrellas estallaron en su cabeza, convirtiendo su mente en un caleidoscopio imposible de luces.
Los dos cuerpos desnudos quedaron exhaustos sobre la alfombra verde.
-Gracias -susurró ella.
-Jamás había disfrutado tanto -dijo él sabiendo que estaba a punto de dormirse.
-Considéralo un adelanto de tu regalo de cumpleaños -ella sonrió- porque mañana no podremos celebrarlo así.
Entonces sonó el teléfono como un cruel recuerdo de que el mundo seguía existiendo. Ella se levantó con pereza. Él la observó su desnudez mientras caminaba y volvió a notar una corriente de deseo al contemplar su andar decidido y altivo.
Unos minutos más tarde ella volvió a su lado.
-¿Quién era? - la llamada lo había intranquilizado de pronto. No sabía la causa, pero se sentía extrañamente culpable. Imaginó que era un de esas culpas heredadas de una educación castrante, pero no pudo evitarlo.
-Era Juan, que ha comprado la tarta para mañana, pero tiene una duda -ella lo miró en la noche, pensó que estaba guapísimo
-Vaya nieto tan despistado que tenemos, ¿y qué duda era?
-No sabe exactamente los números que debe comprar para la tarta. Ya le dije que un siete y un ocho.
-Buenas noches.
-Buenas noches.
Entonces Luisa y Pedro que se durmieron arropados por la luz de una luna redonda y blanca que entraba por la ventana.

OCHO PALABRAS Y UNA GUARDIA

Frío: Una sensación helada que me recorre el cuerpo, una percepción casi irreal de que me congelo por dentro mientras el mundo sigue girando caliente y palpitante de sensaciones. Existe un mundo ahí fuera.
Dolor: dolor de piernas, de cabeza. Dolor de hombros. Sentir tanto dolor en los brazos que me faltan las fuerzas para elevarlos. Dolor de espalda por la tensión mantenida. Dolor del alma por aquella mujer que agoniza.
Hambre: Se me cierra el estómago, soy incapaz de sentir esa necesidad primigenia de nutrirme. El stress desata torrentes de adrenalina, hasta que casi oigo mi corazón en ese preciso instante en que muchos me rodean, pero sólo hay tres actores: El paciente, yo. Y la muerte acechando en un rincón. Mi decisión.
¿Hambre?: devoro un donut de chocolate, dos cocacolas, una hamburguesa doble y unas patatas pringosas. Cuando baja el nivel de adrenalina tu cerebro pide azúcar, tu cuerpo exige grasa. No hay tiempo de pensar en ensaladas saludables. Ni ganas. A pesar de todo mañana habré perdido en torno a dos kilos.
Peso: Me pesan los párpados, me pesan las piernas, me pesa la vida. Hay que seguir, no queda otra.
Risa: la risa es como un oasis en mitad de la nada.
Blog: me refugio unos minutos y esculpo mis penas en negro sobre blanco. Gracias por leerme.
Mujer: pienso en tí y me doy cuenta que eres mi meta. Mañana dejaré mi pijama verde en el cesto de la ropa y volaré hasta tus mañanas de sol y pan con aceite. Te contaré mis penas y mis errores. Mi miedos y mis dudas. A tí contaré mis pesadas y aburridas historias, porque no tengo otra forma de limpiar mi alma. Porque, lo quieras o no , eres parte de mi.
PS: Imagino que algún día tendré nietos. Ímagino que les contaré que los médicos trabajaban durante veinticuatro horas seguidas. Igual ni se lo creen, porque esto no es normal, sano ni racional. Pero imagino que eso a los políticos de turno les toca la pera.

EL GORRO VERDE DE LANA

Había dedicido cerrar el blog. Lo había meditado mucho y había decidido que era el momento de cerrar esta etapa. Lo había pensado durante semanas, y la decisión no tenía marcha atras...
Victor Bárcenas no puede más. Jamás imaginó que fuese posible trabajar sin descanso durante dieciseis horas. Una guardia de urgencias en Carnaval se convierte en una situación casi de guerra. La mañana había sido una sucesión de pacientes con dolores varios, fiebres y más de lo mismo.
Víctor llegó a pensar que siempre eran los mismos pacientes, los mismos síntomas, las mismas enfermedades, las mismas miradas y las mismas exigencias.
La noche dio una tregua a eso de las once que aprovecharon para reponer fuerzas a base de cocacolas, bromas y filetes de pollo con aspecto sospechosamente acartonado.
Apenas fueron veinte minutos, y la madrugada empezó a teñirse de colores. El carrusel de ambulancias a la puerta y la historia mil veces repetida. Fracturas, caidas, quinceañeras con exceso de todo en camillas metálicas, adolescentes borrachos persiguiendo sueños imposibles entre pastillas rosas y azules, vidas perdidas buscando alivio entre gente de verde. Un chico disfrazado de vampiro es suturado en la sala de curas mientras insulta a la enfermera con la valentía que dan cincuenta euros de coca base, una mujer con aspecto demacrado disfrazada de emperatriz arrastra su vestido dorado por el pasillo (Víctor se pregunta por qué determinadas señoras con evidente sobrepeso insisten en vestirse de Emperatriz Victoria Eugenia y se creen irresistibles).
La noche avanza hasta que la madrugada azul empieza a girar sus colores. Víctor no fuma hace tiempo, pero conserva la costumbre de salir a respirar el aire de la madrugada. El azul de la noche oscura está cambiando a un naranja tornasolado. El Sol está volviendo a nacer y Victor respira su soledad. Hace frío, mucho frío.
El joven médico decide entrar para terminar limpiando los últimos restos de la refriega. Los últimos pacientes de la noche. El último ha colmado el vaso (hacía tiempo que nadie le llamaba soplapollas).
Piensa entonces que está cansado. No es un cansancio físico únicamente, es un agotamiento mental, una sensación extraña, un dolor sordo. Un sentimiento de vacío, un miedo metálico al pensar que está harto de los mismos pacientes, de las mismas exigencias, de los mismos insultos... entonces sucede algo.
Un coche aparca junto a la boca azul de urgencias. La vieja seat trans de color blanco abre la puerta derecha. Una mujer de unos treinta años sale del vehículo y entra en urgencias. Entre sus brazos, un gran bulto envuelto en mantas.
Víctor vuelve a pensar que está harto de atender niños con fiebre de media hora de evolución, tos y mocos. Cansado de apagar ansiedades paternas.
La mujer se acerca al mostrador de admisión para dar los datos en el preciso instante que Víctor Bárcenas entra huyendo del frío exterior.
-¿Qué le pasa al niño? -pregunta el administrativo.
-Otra vez con fiebre - a la madre le tiembla la voz. Es una mujer de unos treinta años, de pelo prematuramente canoso y mirada cansada.
El médico mira al niño y descubre dos grandes ojos azules que lo miran curioso. Ojos brillantes y expresivos de un niño de cinco años. El médico descubre la piel blanca (demasiado blanca para un niño), surcada de venas azulada. Se acerca y sonríe.
El niño le mira con tristeza. Jamás vio tanta tristeza en una mirada. El médico mira sus manos blancas (demasiado blancas para un niño), sus uñas cuidadas. Se acerca con cuidado y le sonríe.
Víctor mira el gorrito de lana verde con una borla que cubre su falta de pelo. Un sonriente Mickey Mouse ejecuta un paso de baile en la madrugada sobre la cabeza del niño.
El médico se acerca y sonríe.
-¿Has estado en Disneyland?
-Sí -responde el niño- pero eso fue antes de ponerme malo, cuando esté bueno de nuevo iremos otra vez. Me lo ha dicho mi tía Marta.
Veinte minutos más tarde aquel niño del gorrito de lana verde ingresaba en planta (demasiados ingresos para un niño).
-Gracias -dice la madre.
-Para eso me pagan -sonríe el médico bromeando- mucha suerte.
-Ojalá -responde ella mientras se levanta- Ojalá...
PS: Muchas cosas han cambiado en mi vida, muchas cosas han dejado de ser lo que eran. Incluso yo creía haber cambiado. En febrero de 2011 decidí cerrar este blog. Ayer, en apenas un segundo me di cuenta del error. Ayer, con una mirada, un niño de cinco años me convenció para seguir.
Bienvenidos a la cuarta temporada de Miles de Piedras Pequeñas.

MENSAJE EN UNA BOTELLA

Camino por la arena. Disfruto cada paso y voy dejando un camino de huellas. Miro atrás y sonrío al comprobar que las olas borraron mis pasos.
-Han sido casi tres años -pienso.
Me agacho y escribo algo en la arena sabiendo que en unos minutos esas letras serán un secreto compartido con el Mar.
No sé si volveré, únicamente sé que me voy.
Sin más despedidas que mi palabra, sin más gestos que una sonrisa, y con un único consejo. Me permitiréis que lo deje en este último post a modo de mensaje en una botella. Es un mensaje para mi pequeña. Se llama Penélope, hoy tiene apenas ocho años y algún día leerá todas las tonterías que su padre escribió.
Ama y sé libre. Ama de día y de noche, ama como si el mundo se acabara mañana. No importa que ese amor dure una sola noche o toda una vida. No importa que dure lo que dura el cruce de una mirada perdida, pero evita odiar a nadie, pues sólo conseguirás envenenar tu alma. Ama y vive Princesa...

PAPAS FRITAS

Acababa de cumplir los once años. Era uno de esos veranos inclementes y tórridos del Sur del que casi no me quedan recuerdos
(el reloj roza las cinco de la madrugada y mis pasos se arrastran por el mismo corredor de noches azules).
Corría el mes de Septiembre: empezaba de nuevo el curso escolar; aquel año cambiamos de colegio porque a partir de quinto de EGB empezamos a estudiar en el pueblo vecino.
Mañanas de Máximo Común Denominador y Mínimo Común Múltiplo (comunes y no comunes elevados al máximo exponente, decía un profesor bajito con cara de mala uva...), recreos de tulipán y revilla, nuevos amigos y un autobús escolar que renqueaba entre curvas
(al llegar al ascensor pulso la flecha de subir e instintivamente cuento tres, dos, uno...).
Mis padres trabajaban el campo, así que no quedaba otra que almorzar en casa de la abuela, luego esperar a que pasara el calor abrasador y volver al campo al caer la tarde.
Los miércoles eran especiales:
-¿Y qué has hecho de comer hoy abuela?
-Hoy tenemos papas fritas con huevo y pollo –decía mientras me ofrecía un jarrito de latón con agua fresca. Nos sentábamos en la gran mesa de madera y comíamos nuestro plato favorito. El plato de los miércoles.
-¿Con ajos? –preguntaba expectante.
-Claro hijo -respondía ella- ya sabes que es el plato preferido del abuelo.
(subo al ascensor y marco la segunda planta, el sueño casi me vence).
Sin duda el mejor pollo frito que jamás he comido, las patatas más crujientes y los huevos más exquisitos, acompañado todo con pan blanco, ajos fritos y los besos del abuelo que siempre convertía cada beso en una sucesión interminable de pequeños muac-muac-muac en el pelo.
Cada miércoles comía hasta el último bocado, pues sabía que aquél era un plato especial, además era la comida favorita del abuelo, y eso le daba un sabor mágico.
(Llego al pequeño dormitorio donde descansamos tras el turno de guardia, me quito los zapatos, me siento en la cama, me duele la espalda. Me duele todo. Me tumbo en la oscuridad y algo sucede…)
Después de comer me daba un plátano y me dejaba jugar en el desván de arriba. Una sala llena de trastos y ropa vieja donde buscaba tesoros imposibles.
-¡Venga niño, que ya son las cinco! –me llamaba a la hora de volver a casa.
Bajaba la escalera a saltos, me colgaba la cartera roja a la espalda y volvía caminando. Pero siempre, cada día antes de salir me daba cinco pesetas y repetía la misma frase:
-¡Niño! –me gritaba
-¿Qué?
-¡Ten cuidado, no corras que te puedes caer!
(Me levanto y vuelvo a ponerme las zapatillas. Enciendo la luz y salgo al pasillo. No puedo dormir)
Han pasado muchos años. Posiblemente demasiados. Al abuelo lo mató un aneurisma de aorta a pocos metros de donde hoy trabajo. La abuela tiene más de noventa años, ya no cocina; ni siquiera puede comer sola. Hace más de dos años que apenas me reconoce.
(Abro la puerta del dormitorio y vuelvo a salir al pasillo, me acerco al ascensor).
Han pasado muchos años. Seguramente demasiados. Una gripe complicada con un edema agudo de pulmón casi logra ahogarla a finales de enero; desde hace casi dos semanas la abuela dormita en una cama de mi hospital. Hace algunos días que no distingue el día de la noche. Hace algunos días que casi no come, que apenas habla, a veces pregunta por el abuelo.
(Con sigilo abro la puerta de la habitación ciento quince a oscuras, me acerco a su cama. Sus ojos negros brillan en la oscuridad. La abuela no está dormida…)
-¿Quién es? –pregunta.
-Soy yo abuela –me acerco.
-Ah, el médico –responde- ¿Sabe que yo tengo un nieto médico? Siempre fue muy listo, y le gustaban las papas fritas con huevos.
-Soy yo abuela –me acerco más.
-También le gustaba mucho jugar en el desván de arriba -me mira- ¿Sabe que tengo un nieto médico? Siempre fue muy listo, desde la escuela.
Cojo su mano helada.
-Soy… -me doy cuenta de que no puedo hacer nada, de que han pasado muchos años, seguro que demasiados. Acaricio un poco su antebrazo y luego la dejo descansar. Parece que volvió a dormirse. Sonríe.
Al abrir la puerta para salir oigo su voz, giro la cabeza.
-¿Niño, estás ahí?
-Dime abuela.
-Ten cuidado, no corras que te puedes caer.
PS: Hace unos días descubrí que la comida favorita del abuelo no eran las patatas fritas con huevo y pollo, de hecho jamás comía huevos. Todo lo hacían para nosotros. Eso los hace aún más grandes. Nunca los olvidaré, Nunca…
PS: dedicado con agradecimiento a todos los compañeros y amigos que la han cuidado con cariño en estos días.

LA ESPERA

Han pasado exactamente cinco años, dos meses y algunos días. Al menos ya no cuentas los días exactos, sólo los meses.
Desapareció una mañana de Enero igual que desaparecen las nubes en las tardes del Sur. Se fue sin una excusa ni una despedida. Sin un adiós. Ni siquiera una discusión o un doloroso portazo que algo justificara. Simplemente dejó de estar ahí, de ser tu brújula, tu vida.
Siempre esperaste. Inicialmente con desconcierto, luego con cierta rabia y por último desilusionada; pero lo esperaste.
Miraste un millón de veces el buzón sabiendo que sólo encontrarías absurdas cartas del banco, revisaste mil veces tu e-mail en busca de su nombre, lo buscaste aún con dolor. Nada...
Lo esperaste en tu cumpleaños, en el suyo, en vuestro aniversario. Nada...
Buscaste su figura en el aeropuerto, en las calles vacías, en las discotecas ahora sin humo. Lo imaginaste nuevamente en tu cama, lo soñaste una y mil veces en tu cuerpo. Nada...
Uno de febrero: tomas un té amargo en una cafetería de Gran Vía. Miras sus ojos y no puedes creerlo. Ha vuelto.
Te ha dado mil explicaciones y las has creído una detrás de otra. Te ha hablado de miedos, de necesidades vitales, de inseguridades y de despropósitos.
Te ha contado su vida desde aquella mañana extraña en la que tu mundo naufragó a solas.
Y lo has creído. Sabes que te gusta, que él es todo para ti. Sabes que todo lo darías por su boca, que te mueres por dejarte perder en su cuerpo. Incluso llegas a tener la certeza de que jamás conocerás a alguién que te embriague como él.
Uno de febrero: tomas un té amargo en una cafetería donde sólo sirven zumos. Sonríes, y lo miras. Ha vuelto...y recuerdas que han sido cinco años, dos meses y quince días, que te engañabas tratando de olvidarlo, que jamás dejaste de contar.
-¿Y bien? -te dice clavándote sus ojos.
-Te entiendo, te entiendo perfectamente -le respondes.
-Te quiero, te quiero y me gustaría volver; empezar de nuevo, compartir mi vida contigo. Ahora estoy seguro -al mirarlo piensas que jamás conociste a alguien tan atractivo.
-Yo también te quiero -le dices- pero no volveré a empezar.
-¿Por qué? -su voz te duele.
-No estuviste cuando te necesité ¿Dónde estarás cuando vuelva a necesitarte?-dices.
Dejas el té sobre la mesa. Piensas que jamás te gustó el té. Realmente te apetece un café y un cigarrillo. Te levantas y sales sin mirar atrás.
Posiblemente te equivocas, no lo sabes. Aún estás a tiempo de volver. Abres la puerta de la cafetería con olor a zumo de pomelos y te recibe el aire gélido de la Gran Vía. Dudas...
Entonces piensas en su boca y giras la mirada.
-¡Te quiero! -te grita desde su mesa.
-Vuelve dentro de cinco años, dos meses y quince días, quizás entonces...
Y te pierdes entre la gente llorando.

MANUAL DE URGENCIAS PARA FAMILIARES

Ese año la gripe ya no tiene apellido (ni A, ni B, ni porcina ni del pollo), los periodistas ya no informan en directo de cada muerte, pero las urgencias se siguen colapsando a causa de la masiva avalancha de pacientes griposos.
En el caso de pacientes muy ancianos, o muy enfermos, su destino es la zona de observación, donde esperan pacientemente su correspondientes pinchazos, gasometrías, radiografías y aerosoles varios.
Víctor Bárcenas ha decidido que hay que tomar medidas. Después de varios años haciendo guardias cree que no sería mala idea la elaboración de un manual de urgencias.
Pero no un manual para que los médicos recuerden dosis, fármacos o protocolos de actuación. Un manual dedicado al familiar del paciente enfermo.
Son unas reglas básicas que debería seguir toda persona que acuda a visitar a un conocido al hospital si quiere triunfar como los Chichos:
Regla 1: Regla de la estrecha monitorización: Durante la visita no es necesario hablar con su familiar, pero no vaya a olvidarse de que siempre haya alguien observando fijamente el monitor durante todo el rato, no vaya a ser que se le pare el corazon y nadie se de cuenta, cosa harto habitual.
Regla 2: La regla del suero asesino: Deberá usted insistir a las enfermeras en que el suero de su familiar se está acabando, con la consiguiente entrada de aire en el sistema circulatorio de su familiar.
Regla 3: Reglas del intercambio polivalente: Si está permitida la entrada de dos pacientes por enfermo, intentar colar al menos cinco. Si esto no es viable, intentar que cada tres minutos salgan dos y entren otros tres (los que entren es ideal que están completamente desorientados y vaguen durante unos minutos por todas las camas preguntando por su familiar perdido con cara de pánico)
Regla 4: La regla del guiri: Si usted no habla castellano, acudirá a la hora de visita designada, pero evidentemente podrá acudir en cualquier otro momento, hora o instante; entrar por donde le salga de los pirindolos y si alguien le dice que no es hora, siempre le queda la excusa de que usted no se ha enterado.
Regla 5: Insistir en su derecho recogido en la carta de derechos humanos; el médico debe informar a cada familiar que acuda a urgencias. Incluímos en el término familiar al vecino del quinto F.
Regla 6: Regla del riñón engañoso: Debe usted insistir en que su familiar no orina, que esa orina es muy oscura. Igualmente insistir en que no defeca desde hace semanas, que constantemente pierde el conocimiento y que no come. Por supuesto a veces se queda durante varios minutos sin respirar.
Regla 7: Regla de la parálisis súbita: Es importante dejar claro que su familiar hasta hace unos días caminaba, iba al bar a tomar café y jugaba a la petanca.
Regla 8: regla de la resistencia pasiva: Debe usar dos frases al salir a la sala de espera, y es conveniente que la oiga un gran número de personas: "Me parece que lo van a echar para la casa" y "pues que sepan que yo así no me lo llevo".
Regla 9: Regla de la alergia inopinada: cuando el doctor le de el informe de alta y le explique el tratamiento, acuérdese de que precisamente el Augmentine le da diarrea, para que el médico deba cambiar todo el papeleo alegremente.
Regla 10: Regla del síntoma valioso. Una vez corregido el informe y cambiado el Augmentine, dígale al doctor, que se había olvidado de comentarle que su familiar tiene dolor en el pecho desde hace tres días, y que a lo mejor un electro...
Regla 12: Regla del vecino oportuno: Si durante su visita detecta que hay un conocido ingresado, antes de salir deberá cursar la correspondiente visita a dicho vecino, conocido o tío lejano.
Regla 13: Regla de la sugerencia despistada: aprovechar cuando el médico pase cerca para hablar de aquella tía abuela suya que tuvo un principio de apendicitis durante seis meses y al final la operaron cuando estaba pasaba. El médico tomará oportuna nota y solicitará una ecografía urgente con toda probabilidad.
Regla 14, y una de las más importantes. La regla de la incontinencia pertinaz: Solicitar una cuña o botella para orinar a toda mujer con pijama blanco, verde o azul que pase por delante de la cama de su familiar
Con estos valiosas catorce reglas, se puede visitar cualquier hospital del mundo con unas garantías de éxito aseguradas.
PS: Dedicado con cariño a todos los enfermos que realmente están enfermos, a todos los que intentan curarse en nuestros hospitales a pesar de sueros, aerosoles, camillas, médicos, enfermeras, celadores, administrativos...y familiares. Porque mejor tomarse las cosas con humor a quemarse la sangre en el trabajo.

SIN COMENTARIOS

Y una mañana gris perla en la que aparentemente nada iba a suceder en mi vida, una de esas mañanas que no pasarían a la historia, sucedió algo. Un miércoles cualquiera de un año absurdo.
No cambió el mundo. Tampoco mi vida dio un vuelco sustancial, pero algo sí se volvió a remover en lo más profundo de mi ser.
No haré ningún comentario, pero sin duda el vídeo que te recomiendo hoy es para mí la mejor película del año.

EL RUMOR

Se ha abierto el plazo para aportar la documentación a la Bolsa de trabajo del Servicio Andaluz de Salud ( el SAS de nuestros dolores). Hay diez días de plazo, con lo cual, aparentemente, todo debería ser fácil. En teoría...
Los entendidos en el tema, o sea la administración, cuelgan en la web las instrucciones: fotocopias tus méritos (cursos, masters, títulos y demás) y los entregas.
¿Y cómo se demuestra que no haces trampas, te inventas títulos o falsificas copias con el photoshop? Pues según dice el manual literalmente, debes entregar fotocopia de la documentación que los justifique bajo el texto “es copia del original” suscrito y firmado por el solicitante.
Entonces se produjo el caos, la ley de Murphy de los administrativos...
Después de casi dos horas fotocopiando todos mis títulos y certificados (sólo los relacionados con medicina, he llegado a ver gente entregando un título de un curso de flauta), me dispongo a entregarlo, pero....
Meeeck Error 1: debes hacer de nuevo todas las fotocopias, una vez para médico de primaria y otra para médico de hospital. Vale...
Una hora más tarde, me dedico a firmar las 215 fotocopias una a una, en lo cual no tardé más de quince minutos, pero...
Meeeeck Error dos: los títulos que tienen algún sello por detras también hay que fotocopiarlos por detras, y firmarlos. Vale...
Cuarenta y cinco minutos después he terminado, ordeno los papelajos, pero...
Meeeeck Error 3: hay que ordenar los títulos por fecha, y numerarlos. Vale, me pongo a ello.
Como se me hizo tarde, dejé el trabajo para la mañana siguiente.
-Salva, ¿ya entregaste los papeles? -me dijo la enfermera. Ya no se habla en los hospitales de crisis ni de la ley del tabaco, ni de que los chinos van a hundir el mundo, se habla de la bolsa.
-Bueno, estoy liado con las fotocopias -le dije.
-¿te has enterado de lo del nombre? -ella pone ojos de estar salvándome la vida.
-El nombre, ¿qué nombre?
-Debes poner ademas de la firma y la frase "es copia del original" tu nombre a mano.
-Joder, gracias, esta tarde me pongo.
Y ahí que va Salva, con su espíritu solidario a comentar la jugada con una médico del servicio..
-Que va, que va.. no hay que poner el nombre, lo que debes poner en la firma y el DNI. Que me lo ha dicho el sindicato.
-Joder, si lo dice el "sindicato"
Entonces empieza mi peripecia mañanil. Pregunto a una enfermera, que me dice que ella ha puesto también la fecha, "por si acaso". En cambio un celador, que me mira como quien está dictando sentencia en el Tribunal Supremo me certifica: debes poner DNI y firma, que me lo ha dicho "una que trabaja en Sevilla". Ciertamente ignoro si ese trabajo se trata de servir cañas y tapas junto a la Giralda, pero si viene de Sevilla...
Y por último me dice una enfermera a la que pregunto en el ascensor que da igual, pero que sea en un sobre del hospital, no en uno de los normales, que esos no valen, y que no son dos sobres sino un sobre con los dos tochacos. Además que no se me ocurra numerar las fotocopias del DNI y del título. Ignoro el origen de este suculento rumor.
Y por último me dicen que me vaya tempranito porque la cola para "entregar los papeles" es de entre tres y cuatro horas.
Y llegado a estas alturas, he decidido que esta tarde buscaré en el diccionario de la RAE lo que significa "suscrito", repasaré todos los papelotes, ordenáre por fecha, renumeraré, pondré mi nombre y DNI y mañana me levantaré a las seis de la mañana para estar el primero en la cola y poder entrar a trabajar a las ocho, que es por lo que me pagan.
Y me planteo una pregunta: ¿Por qué se siguen haciendo las cosas igual que hace treinta años? ¿Nadie en este pais tan tecnológico y ultramoderno conoce el DNI electrónico, la firma digital, los documentos en pdf o jpg o el envío de documentación a través de la red? ¿es necesario tener a la gente durante días pululando por pasillos y tiendas de fotocopias? ¿somos nosotros culpables de crear estos rumores continuamente?
Por cierto, me llaman con un último rumor, si poner un poco de salivilla u otro fluido en las fotocopias, te puedes hacer el ADN en caso de necesidad.
Y unas aclaraciones: los master del universo y la master card no puntúan como marters. El sobresaliente en matemáticas de tercero de la ESO no puntúa. Tampoco puntúa los cursos de pintura que hiciste en preescolar ni computa como experiencia laboral el cuidar al niño de la vecina cuando ésta se iba al cine (por muy neurocirujana que sea la vecina en cuestión).
PS: Ánimo, a todos los que estáis de "papeleos" que al final todo saldrá bien.

...Y QUE FUME EL QUE QUIERA.

Ya estaba aguantando demasiado antes de meter mis patas de pulpo el tema del mes: la ley antitabaco.
Imagino que mi opinión no gustará a alguna gente, pero es mi opinión, y la digo o reviento.
Antes que nada debo aclarar que estoy hasta los cataplins de la misma conversación y de los mismos argumentos que llevamos un mes oyendo, por ello no me voy a extender demasiado.
Dejé de fumar un 21 de Octube de 2006. El hecho de que recuerde la fecha me indica por una parte que la considero un día importante y por otra reconozco que me gustaría fumar (igualmente me gustaría no trabajar cada día, irme al Caribe los fines de semana o tener un avión privado). De vez en cuando me sigue apeteciendo un cigarrillo. No usé ninguna pastilla, parche o tratamiento médico, aunque me ayudó uno de esos libritos de autoayuda (dejar de fumar es fácil si sabes como). No me molesta que la gente fume, y sólamente me molesta el humo de los puros o que la gente fume en un restaurante, pero entiendo que hay personas a las que molesta profundamente el humo del tabaco.
También he de aclarar que me parece bien esta ley antitabaco. Simplemente no estoy de acuerdo básicamente en una cosa:
¿Qué leches tenemos que ver los médicos con toda esta historia?. ¿Por qué nos empeñamos en medicalizarlo todo en esta vida?
Miles de sanitarios se han tirado a la calle, y a las webs a "salvar" a la población del tabaco y sus consecuencias. En mi opinión es contradictoria esta ofensiva sanitaria contra el tabaco. He llegado a oír que los fumadores son enfermos, por eso no se les puede privar de su "droga" durante el tiempo en que trabajan. De hecho no veo por qué motivo el ministerio de Sanidad ha sido el que ha promocionado esta ley en concreto.
Por no hablar de las compañías farmacéuticas vendiendo a todo pasto sus milagrosas pastillitas, cigarrilllos de plástico en las farmacias y parches de todo tipo.
Para mí simplemente se trata de un problema de respeto hacia otras personas. No me molesta que nadie fume, no pienso ir detrás de ningún adulto con la moralina ejemplarizante ni poner en mi web iconos para que la gente deje de fumar. Asumo que quienes me leeis sois adultos, eso implica conocimiento, responsabilidad y respeto.
De hecho no me fío demasiado de alguien que no fume, no beba, no coma grasas saturadas, no tome café o no practique ningún tipo de pequeño vicio (confesable o no) siempre que éste sea legal.
En definitiva, creo que estamos con esta ley haciendo frente a un problema simplemente de educación, no de sanidad. Se trata de ser educados, de saber que si fumas, para muchos es como si te huele el sobaco, comes ajo o te tiras pedos en público: molesta.
Y nadie está libre de pecado. Han debido prohibir algo porque muchos fumadores (seamos sinceros) no han sido respetuosos con el resto. No me parecía de recibo esa frasecilla de ¿te molesta que fume?. Pues claro que molesta joder. Nadie preguntaría: ¿te molesta que me tire un pedo? Es que tengo flatulencias y ya se sabe...
Otra cosa son las consecuencias, indudablemente nefastas, del consumo de tabaco. También nefastas son otras actitudes como el alcohol, el consumo de mortadela o tragarse todos los días cuatro horas de Belén Esteban, pero eso como no molesta demasiado, pues que cada cual se machaque su hígado, su colon o su cerebro a su conveniencia.
Por esas peregrinas y tontas razones apoyo la ley antitabaco, por esas razones dejé el tabaco, y también por eso no voy a apoyar ahora esta campaña de los sanitarios para dejar de fumar.

POLLO A LA CARTA

Déjame regalarte algo. No quería que pasaran estos días sin hacerte un regalo. Difícil es regalar algo a quien conoces, pero más dificil si cabe es hacer un hacerlo a quien está al otro lado de esta pantalla que ahora miras.
Podría ser una palabra, una imagen quizás. Podría ser una idea, un sentimiento, un cuento o una anécdota.
Podría regalarte unos segundos de magia. O un gran beso electrónico. Pero no lo haré así.
Hoy en lugar de regalarte, déjame contarte una historia. Y es la historia de cinco pasiones:
Uno: La pasión por comunicar. Hablar, contar, compartir, decir, mirar, sonreir, besar, bailar, dibujar, expresar... es en mi opinión lo que nos da la libertad. Pasión por no callarme jamás, por expresarme sin miedos.
Dos: La rebeldía. Frente al dolor o la injusticia. Frente a la pasividad o el miedo. Frente a la comodidad de un anonimato fácil. Y no es necesario el gesto heroico del guerrillero. Simplemente la rebeldía como actitud ante las cosas realmente injustas.
Tres: La pasión por el cine: Quizás no lo sepas, pero si el cine me gusta, los cortometrajes me apasionan. Quizás porque el corto es al cine en gran formato lo que un relato es a una novela. Hay películas, novelas, relatos o cortos que pueden cambiar incluso una vida. Si hablamos de cine asiático, entonces me quito el sombrero.
Cuatro: La ternura. Es en definitiva el sentimiento más mágico que pueden compartir dos personas sin importar edad, sexo, religión o ideologías (el amor y el deseo son en mi opinión más potentes pero no amas o compartes tu cama con todos). Pero un momento de ternura, ese instante mágico sí lo puedes compartir con cualquier ser humano.
Cinco: Un regalo. Para ti encontré este vídeo en la red. Un cortometraje filipino casi anónimo aunque ganó el premio al mejor corto en el 56º Festival de Berlín. Sólo necesitas 6 minutos y conectar los altavoces. El resto, son simplemente mis pasiones: la rebeldía, la comunicación, la ternura...

POLVORONCILLOS

Y como estamos en fechas especiales, los informativos hablan de paz y amor en lugar de informar sobre guerras, asesinatos, violencia doméstica o violaciones diversas, días en los que nos atiborramos de mazapanes y polvoroncillos varios hasta que nuestras orejas destilan grasa en lugar de cerumen; un par de semanas donde todo son buenas palabras (excepto las del oligofrénico que ayer me pegó una pitada del quince por despistarme en el semáforo intentando explotarme una espinillaca del mentón).
Unas fechas en los que todos seguimos con atención el original, estupendo y nunca bien ponderado discurso de su majestad el rey (este año con foto de la selección nacional a la espalda, tócate los catapleins).
Sin duda asistimos a unos días en los que la gente, impregnada del espíritu navideño, se dedica a compatir momentos con la familia en lugar de acudir de forma masiva a los centros comerciales, abarrotar los bares o cometer el terrible pecado de emborracharse como villanos.
Es un fenómeno tan especial que en estos días ni siquiera la gente enferma. Las urgencias hospitalarias aparecen desiertas, pues nadie lleva a su pequeño de dos años (y al hermano de seis) a un hospital por fiebre, tos y mocos de tres horas de evolución.
Es por todo ello, que animado por una alegría directamente inyectada por las palabras del Santo padre en la mañana de Navidad, he decidido entresacar algunas frases que indudablemente están impregnadas de ese espíritu navideño del que todos disfrutamos:
Frase 1; Señor de 45 años, jubilado desde los 30 por lumbalgias varias...usted me pone una ambulancia para mi casa porque pa eso pago el seguro.
Frase 2; Agradable ancianita de pelo blanco , con bastón en ristre y mirada torva...tal y como se lo digo, estuve aquí hace tres semanas con el mismo dolor que hoy, y me echaron sin hacerme ni una radiografía del pie.
Frase 3; Señor inmovilizado, en una camilla, esperando la ambulancia para agudos...y tal como dice el artículo 140 del codigo penal, si me quiero matar cuando llegue a mi casa me mato, y no dude de que lo haré. Que yo entiendo de leyes oiga. ¡Y esa enfermera que deje de mirarme!
Frase 4; Joven de 22 años con cefalea: ...¿y puede poner en el informe que no fumo porros?
Frase 5; El mismo señor del artículo 140: ...a mi no me han traído a la fuerza, de hecho he venido porque la policía municipal estaba mu güena, y si no se lo cree llame usted al alcalde, o si no al Zapatero que seguro le indica.
Frase 6: Señora de nacionalidad británica..sí señoj, me ha mojdido un mono.
Frase 7; Señora de 65 años: ...pues no estoy segura si sangro "por alante" o "por atrás", eso lo sabrá usté que es médico.
Frase 8; Individuo cejijunto y ojiplático:...Doctor, ¿me puede explicar mi electro? Es que soy chapista, y yo algo de esto entiendo.
Frase 9; chica de 27 años. ¡Me parece inconcebible que no tengan un neurólogo de urgencias!
Frase 10: Quizás es la definitiva, para mi la mejor, y sin duda la que hace que siga en esta trinchera donde casi todo se mezcla, y donde muchas veces corremos el riesgo de perder la ilusión por demasiadas cosas.
Hace apenas unos días de esto. Veinticuatro de Diciembre de 2010 (hace años que trabajo en Nochebuena), cuando rondaban las 9 de la noche y me disponía a dar un alta a un hombre cuya edad rondaba los 80 años:
-Doctor, ¿le importaría no darme el alta aún? No tengo a nadie con quien compartir esta noche, y aquí al menos les tengo a ustedes. De todas formas, si es mucha molestia...
El hombre se quedó unas horas más con nosotros.