LA ESPERA

Han pasado exactamente cinco años, dos meses y algunos días. Al menos ya no cuentas los días exactos, sólo los meses.
Desapareció una mañana de Enero igual que desaparecen las nubes en las tardes del Sur. Se fue sin una excusa ni una despedida. Sin un adiós. Ni siquiera una discusión o un doloroso portazo que algo justificara. Simplemente dejó de estar ahí, de ser tu brújula, tu vida.
Siempre esperaste. Inicialmente con desconcierto, luego con cierta rabia y por último desilusionada; pero lo esperaste.
Miraste un millón de veces el buzón sabiendo que sólo encontrarías absurdas cartas del banco, revisaste mil veces tu e-mail en busca de su nombre, lo buscaste aún con dolor. Nada...
Lo esperaste en tu cumpleaños, en el suyo, en vuestro aniversario. Nada...
Buscaste su figura en el aeropuerto, en las calles vacías, en las discotecas ahora sin humo. Lo imaginaste nuevamente en tu cama, lo soñaste una y mil veces en tu cuerpo. Nada...
Uno de febrero: tomas un té amargo en una cafetería de Gran Vía. Miras sus ojos y no puedes creerlo. Ha vuelto.
Te ha dado mil explicaciones y las has creído una detrás de otra. Te ha hablado de miedos, de necesidades vitales, de inseguridades y de despropósitos.
Te ha contado su vida desde aquella mañana extraña en la que tu mundo naufragó a solas.
Y lo has creído. Sabes que te gusta, que él es todo para ti. Sabes que todo lo darías por su boca, que te mueres por dejarte perder en su cuerpo. Incluso llegas a tener la certeza de que jamás conocerás a alguién que te embriague como él.
Uno de febrero: tomas un té amargo en una cafetería donde sólo sirven zumos. Sonríes, y lo miras. Ha vuelto...y recuerdas que han sido cinco años, dos meses y quince días, que te engañabas tratando de olvidarlo, que jamás dejaste de contar.
-¿Y bien? -te dice clavándote sus ojos.
-Te entiendo, te entiendo perfectamente -le respondes.
-Te quiero, te quiero y me gustaría volver; empezar de nuevo, compartir mi vida contigo. Ahora estoy seguro -al mirarlo piensas que jamás conociste a alguien tan atractivo.
-Yo también te quiero -le dices- pero no volveré a empezar.
-¿Por qué? -su voz te duele.
-No estuviste cuando te necesité ¿Dónde estarás cuando vuelva a necesitarte?-dices.
Dejas el té sobre la mesa. Piensas que jamás te gustó el té. Realmente te apetece un café y un cigarrillo. Te levantas y sales sin mirar atrás.
Posiblemente te equivocas, no lo sabes. Aún estás a tiempo de volver. Abres la puerta de la cafetería con olor a zumo de pomelos y te recibe el aire gélido de la Gran Vía. Dudas...
Entonces piensas en su boca y giras la mirada.
-¡Te quiero! -te grita desde su mesa.
-Vuelve dentro de cinco años, dos meses y quince días, quizás entonces...
Y te pierdes entre la gente llorando.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Es cierto que a veces en la vida hay que ir tomando decisiones en las que uno nunca sabe si acertará o no. Yo creo que la protagonista en esta ocasión acierta. O no.

Pilar dijo...

Me ha gustado la historia...No hace mucho oí un cuento de una princesa (de Jorge Bucay) que me la ha recordado...Te lo dejo aquí por si quieres escucharlo:
http://www.youtube.com/watch?v=hTlyzGV4E9g

He llegado aquí por un amigo común que me habló de tu blog...
Un placer leerte ;))

Anónimo dijo...

Es impresionante lo que puede hacer un amor tan inmenso: esperar durante años al amado que se fue sin saber cómo ni adonde..Al fin y al cabo,Penélope esperó más de 20 años a Ulises...pero Ulises se fue a la guerra.Aquí,el amado se va sin ningún motivo ,ni discusión (tal vez a una guerra interior)y esta mujer espera y espera...A mí,personalmente me ha ocurrido algo muy parecido a la mujer de esta historia,con distintos matices por supuesto,pero matices que la hacen incluso más incomprensible..Yo he esperado por Amor,he perdonado sin poner penitencia ninguna,he sonreido como el padre del hijo pródigo sonrió al ver volver a su hijo,he vuelto la cabeza y al mirarle y verle sonreir le he preguntado a mi corazón y mi corazón me ha hecho dejar el aire gélido de la Gran Vía y volver a su lado con la esperanza intacta,con la ilusión nueva..Y aunque me hubiera gustado tener una historia normal y corriente como la de la mayoría de las parejas,me tocó vivir la del amor sangrante,la del amor esquivo,la espera irraciona..No sé si hacía bien o mal...sólo sé que no sabía hacer otra cosa cuando lo miraba...sabiendo que a los dos ó tres días se marcharía sin ninguna explicación,sin ninguna discusión, sabiendo que no ha amado nunca a ninguna mujer como me ha amado a mí..sabiendo que volvería con su brillo en los ojos a mirarse en los míos.Sabiendo que esta noche no está, y me echa de menos como yo a él,sabiendo que en unos dias volverá y no tendré nada para retener a un alma que sabe que sin mí está perdida, a un corazón que no sabe adónde ir aunque sepa que yo soy parte de su camino

Anónimo dijo...

En schock me he quedado!!
Me he reconocido en esta historia, aunque el final está aún por ver, y quiero apostar porque sea diferente.

Si esta historia me hubiese ocurrido hace 10 años hubiese sido la de esta chica, pero ahora con la madurez la vida se vé diferente.
El amor no se posee, es libre, y hay circunstancias que son tan difíciles de entender...

Anónimo dijo...

Admiro esa espera...,no hubiera sido capaz...
El que espera desespera´´,pero nunca se sabe...