PAPAS FRITAS

Acababa de cumplir los once años. Era uno de esos veranos inclementes y tórridos del Sur del que casi no me quedan recuerdos
(el reloj roza las cinco de la madrugada y mis pasos se arrastran por el mismo corredor de noches azules).
Corría el mes de Septiembre: empezaba de nuevo el curso escolar; aquel año cambiamos de colegio porque a partir de quinto de EGB empezamos a estudiar en el pueblo vecino.
Mañanas de Máximo Común Denominador y Mínimo Común Múltiplo (comunes y no comunes elevados al máximo exponente, decía un profesor bajito con cara de mala uva...), recreos de tulipán y revilla, nuevos amigos y un autobús escolar que renqueaba entre curvas
(al llegar al ascensor pulso la flecha de subir e instintivamente cuento tres, dos, uno...).
Mis padres trabajaban el campo, así que no quedaba otra que almorzar en casa de la abuela, luego esperar a que pasara el calor abrasador y volver al campo al caer la tarde.
Los miércoles eran especiales:
-¿Y qué has hecho de comer hoy abuela?
-Hoy tenemos papas fritas con huevo y pollo –decía mientras me ofrecía un jarrito de latón con agua fresca. Nos sentábamos en la gran mesa de madera y comíamos nuestro plato favorito. El plato de los miércoles.
-¿Con ajos? –preguntaba expectante.
-Claro hijo -respondía ella- ya sabes que es el plato preferido del abuelo.
(subo al ascensor y marco la segunda planta, el sueño casi me vence).
Sin duda el mejor pollo frito que jamás he comido, las patatas más crujientes y los huevos más exquisitos, acompañado todo con pan blanco, ajos fritos y los besos del abuelo que siempre convertía cada beso en una sucesión interminable de pequeños muac-muac-muac en el pelo.
Cada miércoles comía hasta el último bocado, pues sabía que aquél era un plato especial, además era la comida favorita del abuelo, y eso le daba un sabor mágico.
(Llego al pequeño dormitorio donde descansamos tras el turno de guardia, me quito los zapatos, me siento en la cama, me duele la espalda. Me duele todo. Me tumbo en la oscuridad y algo sucede…)
Después de comer me daba un plátano y me dejaba jugar en el desván de arriba. Una sala llena de trastos y ropa vieja donde buscaba tesoros imposibles.
-¡Venga niño, que ya son las cinco! –me llamaba a la hora de volver a casa.
Bajaba la escalera a saltos, me colgaba la cartera roja a la espalda y volvía caminando. Pero siempre, cada día antes de salir me daba cinco pesetas y repetía la misma frase:
-¡Niño! –me gritaba
-¿Qué?
-¡Ten cuidado, no corras que te puedes caer!
(Me levanto y vuelvo a ponerme las zapatillas. Enciendo la luz y salgo al pasillo. No puedo dormir)
Han pasado muchos años. Posiblemente demasiados. Al abuelo lo mató un aneurisma de aorta a pocos metros de donde hoy trabajo. La abuela tiene más de noventa años, ya no cocina; ni siquiera puede comer sola. Hace más de dos años que apenas me reconoce.
(Abro la puerta del dormitorio y vuelvo a salir al pasillo, me acerco al ascensor).
Han pasado muchos años. Seguramente demasiados. Una gripe complicada con un edema agudo de pulmón casi logra ahogarla a finales de enero; desde hace casi dos semanas la abuela dormita en una cama de mi hospital. Hace algunos días que no distingue el día de la noche. Hace algunos días que casi no come, que apenas habla, a veces pregunta por el abuelo.
(Con sigilo abro la puerta de la habitación ciento quince a oscuras, me acerco a su cama. Sus ojos negros brillan en la oscuridad. La abuela no está dormida…)
-¿Quién es? –pregunta.
-Soy yo abuela –me acerco.
-Ah, el médico –responde- ¿Sabe que yo tengo un nieto médico? Siempre fue muy listo, y le gustaban las papas fritas con huevos.
-Soy yo abuela –me acerco más.
-También le gustaba mucho jugar en el desván de arriba -me mira- ¿Sabe que tengo un nieto médico? Siempre fue muy listo, desde la escuela.
Cojo su mano helada.
-Soy… -me doy cuenta de que no puedo hacer nada, de que han pasado muchos años, seguro que demasiados. Acaricio un poco su antebrazo y luego la dejo descansar. Parece que volvió a dormirse. Sonríe.
Al abrir la puerta para salir oigo su voz, giro la cabeza.
-¿Niño, estás ahí?
-Dime abuela.
-Ten cuidado, no corras que te puedes caer.
PS: Hace unos días descubrí que la comida favorita del abuelo no eran las patatas fritas con huevo y pollo, de hecho jamás comía huevos. Todo lo hacían para nosotros. Eso los hace aún más grandes. Nunca los olvidaré, Nunca…
PS: dedicado con agradecimiento a todos los compañeros y amigos que la han cuidado con cariño en estos días.

24 comentarios:

Juana dijo...

Verás, llegué a la conclusión de que si se enteran, aunque no lo parezca, si se enteran .... hubiese dado cualquier cosa por "ver" lo que veia mi padre, que murió de Alzheimer hace un par de años .... cualquier cosa .... los abuelos son así, generosos

MIguel Angel Alvaro Perez dijo...

Me siento muy identificado con este relato ya que yo hacia los mismo con mis abuelos(os quiero allá donde esteis) pero era desayunando o merendando leche con eko y galletas.Gracias por devolverme esos momentos perdidos.

Marisa dijo...

Aunque leo con entusiasmo todas tus entradas nunca me habia decidido a escribirte. Pero hoy me has tocado la fibra sensible, mis yayos. En mi caso la tortilla de patata, todavia hoy la puedo oler y saborear en mis recuerdos. Mi yaya se fue este abril, demasiado rapido para darme cuenta.

Anónimo dijo...

Gracias...

Anónimo dijo...

Buenísimo, Felicidades ¡¡¡¡

samu dijo...

Gracias Salva. Por hacerme llorar de nuevo una vez más.

Sandra dijo...

Gracias Salva, otra vez me has hecho emocionarme, revivir esos veranos en casa de mi abuela...me ha encantado.

Multidemasiado dijo...

triste, alegre, maravilloso

Pepa dijo...

HOLA SALVA, DESDE HOY SOY SEGUIDORA DE TU BLOG. ME HAS EMOCIONADO ENORMEMENTE PORQUE CASI TODOS HEMOS TENIDO UNA HISTORIA SIMILAR DE COMPLICIDAD CON NUESTROS FAMILIARES QUERIDOS, NUESTROS QUERIDOS ABUELOS DEL ALMA... NUESTROS QUERIDOS PADRES, QUE SE FUERON SIN PODER HACER NADA PARA EVITARLO. PEPA REYES.
YO HE CREADO UN BLOG TAMBIEN SOBRE LA VIDA DE MI BISABUELO Y MI ABUELO, AMBOS FUERON BUENOS ESCRITORES Y HOY SU LEGADO ESTÁ OLVIDADO. QUIERO SACARLOS A LA LUZ Y ME GUSTARÍA QUE LO VISITARAS.
EL ENLACE ES: archivoreyes.blogspot.com.

dra jomeini dijo...

Salva, es sencillamente una entrada genial. Un beso.

Aniña dijo...

que grandes gens llevas!
un besito

Anónimo dijo...

Hola Salva,

Hace un tiempo que que te conozco. Y digo bien, te conozco, porque a través de tus palabras transmites tus sentimientos. Es tanto lo que expresas que a una se le encoge el alma y se le ponen los vellos de punta. De todo corazón, muchas gracias.

Laura

Melusina dijo...

Gracias Salva por esta entrada, me ha hecho llorar, pero a la vez despertar unos sentimientos que gustan, pero escondes....demasiadas veces intentas no recordar.
Gracias otra vez...

vane dijo...

gracias por compartirla con nosotros otra experiencia, que me dejas con la lagrimilla colgando...gracias guapo

Anónimo dijo...

Precioso salva,todos en algùn momento nes hemos visto o nos veremos en esa tesitura.Cuàndo es la vida de un ser querido la que pende de un hilo,la perspectiva cambia.....ya no eres saniario y persona,eres nieto,hijo.....te llega al corazòn¡¡¡¡.mil besetes¡¡
FLORENCE

Anónimo dijo...

Todo lo que dices son verdades y además de un modo muy bonito...Es muy diferente cuando te ves en el otro lugar...
GRACIAS!!!!

Pedro dijo...

No recuerdo como llegué a este blog... pero me alegro mucho de poder leerte.

Ana M dijo...

Me has emocionado,Salva.

Anónimo dijo...

Precioso

Anónimo dijo...

En tus relatos en los que por suerte conozco y llego a identificar a cada personaje con la persona que realmente es, me sacas esa lagrima tan difícil de salir, gracias

Maria dijo...

Me ha emocionado mucho tu relato, me acuerdo cada día de mi abuelo Paco, que pensó que los problemas no tenían solución y se fue de este mundo de un modo voluntario, dejandome un hueco insustituible en mi alma. Siempre pienso en él, en lo especial que era y sólo pienso en el día que me toque a mi ser abuela y ser igual de maravilloso que él.

enfermero9 dijo...

El cocido que hacía mi madre los domingos..., el sábado sobre las 12, cuando mi padre acababa la consulta unos huevos fritos con cebolla a medias...
Enhorabuena por tu infancia Salva y por tu entrada.

Anónimo dijo...

Fantastico¡
Lo mejor es tener esos recuerdos siempre¡
Siempre intento buscar un hueco para leerte con tranquilidad, eres un artista escribiendo.

lolibel dijo...

Gracias por expresar con palabras lo que yo también siento.