EL GORRO VERDE DE LANA

Había dedicido cerrar el blog. Lo había meditado mucho y había decidido que era el momento de cerrar esta etapa. Lo había pensado durante semanas, y la decisión no tenía marcha atras...
Victor Bárcenas no puede más. Jamás imaginó que fuese posible trabajar sin descanso durante dieciseis horas. Una guardia de urgencias en Carnaval se convierte en una situación casi de guerra. La mañana había sido una sucesión de pacientes con dolores varios, fiebres y más de lo mismo.
Víctor llegó a pensar que siempre eran los mismos pacientes, los mismos síntomas, las mismas enfermedades, las mismas miradas y las mismas exigencias.
La noche dio una tregua a eso de las once que aprovecharon para reponer fuerzas a base de cocacolas, bromas y filetes de pollo con aspecto sospechosamente acartonado.
Apenas fueron veinte minutos, y la madrugada empezó a teñirse de colores. El carrusel de ambulancias a la puerta y la historia mil veces repetida. Fracturas, caidas, quinceañeras con exceso de todo en camillas metálicas, adolescentes borrachos persiguiendo sueños imposibles entre pastillas rosas y azules, vidas perdidas buscando alivio entre gente de verde. Un chico disfrazado de vampiro es suturado en la sala de curas mientras insulta a la enfermera con la valentía que dan cincuenta euros de coca base, una mujer con aspecto demacrado disfrazada de emperatriz arrastra su vestido dorado por el pasillo (Víctor se pregunta por qué determinadas señoras con evidente sobrepeso insisten en vestirse de Emperatriz Victoria Eugenia y se creen irresistibles).
La noche avanza hasta que la madrugada azul empieza a girar sus colores. Víctor no fuma hace tiempo, pero conserva la costumbre de salir a respirar el aire de la madrugada. El azul de la noche oscura está cambiando a un naranja tornasolado. El Sol está volviendo a nacer y Victor respira su soledad. Hace frío, mucho frío.
El joven médico decide entrar para terminar limpiando los últimos restos de la refriega. Los últimos pacientes de la noche. El último ha colmado el vaso (hacía tiempo que nadie le llamaba soplapollas).
Piensa entonces que está cansado. No es un cansancio físico únicamente, es un agotamiento mental, una sensación extraña, un dolor sordo. Un sentimiento de vacío, un miedo metálico al pensar que está harto de los mismos pacientes, de las mismas exigencias, de los mismos insultos... entonces sucede algo.
Un coche aparca junto a la boca azul de urgencias. La vieja seat trans de color blanco abre la puerta derecha. Una mujer de unos treinta años sale del vehículo y entra en urgencias. Entre sus brazos, un gran bulto envuelto en mantas.
Víctor vuelve a pensar que está harto de atender niños con fiebre de media hora de evolución, tos y mocos. Cansado de apagar ansiedades paternas.
La mujer se acerca al mostrador de admisión para dar los datos en el preciso instante que Víctor Bárcenas entra huyendo del frío exterior.
-¿Qué le pasa al niño? -pregunta el administrativo.
-Otra vez con fiebre - a la madre le tiembla la voz. Es una mujer de unos treinta años, de pelo prematuramente canoso y mirada cansada.
El médico mira al niño y descubre dos grandes ojos azules que lo miran curioso. Ojos brillantes y expresivos de un niño de cinco años. El médico descubre la piel blanca (demasiado blanca para un niño), surcada de venas azulada. Se acerca y sonríe.
El niño le mira con tristeza. Jamás vio tanta tristeza en una mirada. El médico mira sus manos blancas (demasiado blancas para un niño), sus uñas cuidadas. Se acerca con cuidado y le sonríe.
Víctor mira el gorrito de lana verde con una borla que cubre su falta de pelo. Un sonriente Mickey Mouse ejecuta un paso de baile en la madrugada sobre la cabeza del niño.
El médico se acerca y sonríe.
-¿Has estado en Disneyland?
-Sí -responde el niño- pero eso fue antes de ponerme malo, cuando esté bueno de nuevo iremos otra vez. Me lo ha dicho mi tía Marta.
Veinte minutos más tarde aquel niño del gorrito de lana verde ingresaba en planta (demasiados ingresos para un niño).
-Gracias -dice la madre.
-Para eso me pagan -sonríe el médico bromeando- mucha suerte.
-Ojalá -responde ella mientras se levanta- Ojalá...
PS: Muchas cosas han cambiado en mi vida, muchas cosas han dejado de ser lo que eran. Incluso yo creía haber cambiado. En febrero de 2011 decidí cerrar este blog. Ayer, en apenas un segundo me di cuenta del error. Ayer, con una mirada, un niño de cinco años me convenció para seguir.
Bienvenidos a la cuarta temporada de Miles de Piedras Pequeñas.

22 comentarios:

Paco Bernal dijo...

Qué alegría que el The End se haya transformado en un To Be Continued.

Muchas gracias, doctor.

Saludos

Melusina dijo...

Me has alegrado el día, gracias, extrañaba tus entradas....

Anónimo dijo...

GRACIAS.

Miriam dijo...

:) La alegría del día

Anónimo dijo...

No sabes lo que me alegra tu cambio de opinión. Los lectores anónimos también formamos parte de los blogs que seguimos, aunque no se nos note.
Gracias.

Anónimo dijo...

Un apena el haberte perdido y una alegría recuperarte. Ya se sabe eso de que "no se valora algo hasta que se pierde"

¡Ánimo!

Anónimo dijo...

Gracias!!!!! por volver, el día que lei que te ibas se me apago el corazon y hoy se ha puesto a 100.

PAQUI dijo...

Gracias por volver.
Que dure la nueva temporada...

Anónimo dijo...

No sé si eres creyente -me da igual- es lo mejor que se me ocurre decirte: ¡DIOS TE LO PAGUE!,que lo hará.
Ese Víctor Bárcenas nos tiene bien agarrados...
¡Gracias!.
Por cierto, hace no sé cuánto planteaste un problema sobre un quirófano, unos cirujanos y una paciente ¿ recuerdas?. reo no haberme perdido ninguna entrada, y no he visto la solución
¿existe solución?. Otra vez gracias.

samu dijo...

Estaba casi seguro de que no te irías Salva. Sabía que volverías.

Es un placer volver a verte por estos territorios. Gracias por alegrarme el día.

dra jomeini dijo...

Me alegro de reencontrarte en mi lector de feeds y es una historia preciosa...

enfermero9 dijo...

Me alegro, al final no he llegado tarde.
Esto... ¿ahora que hago con el post que escribí?, jejeje

Juana dijo...

Creo que ya te lo dije una vez, pero .... cuando alguno de los amigos de mi hija me dicen que quieren ser médicos, les mando a tu blog, ser médico es .... esto que tu "Narras" (con mayúsculas) tan estupendamente .... ¡gracias!

Anónimo dijo...

Salva,no sabes como te lo agradezco,como agradezco que vuelvas a sumergirme en esta sensacion en mis largas noches de guardia.
Sin duda, una sabia decision,gracias Salva

jos dijo...

Gracias por seguir

Sandra dijo...

Genial noticia tu vuelta Salva, y genial historia, como siempre :)

lolibel dijo...

No te vayas nunca.Gracias.

angelitapapafrita dijo...

Cuanto me alegra tu "no cierre". Prometo seguirte...me has encantado.

Anna dijo...

... entonces, demos gracias al niño del gorro verde :)

Bienvenido!!

Pedro dijo...

¡¡¡Gracias Salva!!! Siempre es una alegría leerte.

Celebraré tu no marcha con una de pollo con patatas fritas.

Anónimo dijo...

Es una delicia leerte. Me alegra saber que seguirás por aquí.

Anónimo dijo...

Gracias por continuar Victor.