LOS BESOS PERDIDOS

-No se preocupe, lo haré -reponde Víctor Bárcenas sabiendo que miente.
Jordi Poset era el mejor y lo sabía...
Acababa de cumplir los cuarenta y dos años y estaba a punto de coronar la cima. Esa misma noche había firmado como vicepresidente primero del grupo de abogados Femasa y Asociados. Eso significaba dirigir de facto el bufete, diez mil euros netos al mes y entrar en el reparto de primas a fin de año.

Jordi Poset era el mejor y lo sabía...
Hacía diez años que se casó con Lucía, una guapísima recepcionista que conoció en sus años como becario. Fruto de la relación nació Laia, la niña más guapa del mundo, según la abuela Sira. Una niña de seis años con unos increíbles ojos azules y el pelo azabache. Precisamente ese día acababa de celebrar su cumpleaños. Jordi no pudo asistir por culpa de esta reunión de última hora. Cuando había podido llamarla ya era demasiado tarde y Laia dormía.
-¿Cuando llegarás? -preguntó Lucía.
-Acabo de terminar la reunión, tengo estupendas noticias -respondió Jordi.
-Laia te dejó un trozo de tarta en la nevera.
-Le compré un regalito -responde Jordi tocando la cajita verde que reposa en el bolsillo derecho de su chaqueta.
-No tardes.
-Prométamelo -enfermo 5 agarra la muñeca del médico...
Jordi Poset era el mejor, y lo sabía...
Sabía que imponía respeto y admiración cada vez que llegaba a las oficinas del bufete luciendo su sonrisa sincera y su corbata de Hermés. Siempre llevaba el pelo corto, casi como un militar, donde ya empezaban a aparacer algunas canas. De porte esbelto, su mandíbula marcada y el bronceado natural enmarcaban unos ojos verdes y una sonrisa permanente que lo convertían en un hombre realmente atractivo. El Chico Hermés, le llamaban las secretarias por su afición a las corbatas de lujo y los trajes de diseño.
Jordi Poset era el mejor y lo sabía...
hacía tres años que no viajaba con Lucía y Laia, también era cierto que siempre llegaba tarde a casa. Pero Laia lo adoraba y siempre le dejaba una nota en el frigorífico recordándole que ya sabía restar, que se había peleado en el recreo o simplemente que le deseaba buenas noches.
Algún día se irían de vacaciones lejos, muy lejos. Los tres...
Ahora lo importante era llegar a la cima, triunfar, asegurar la posición familiar, pagar el ático junto a la Plaza de Catalunya.

Acababa de firmar el contrato de su vida, y en un par de años quizás todo sería perfecto.
Enfermo-5 acaba de entrar en el área de críticos. Aún ni siquiera tienen sus datos.

Unos minutos antes su Audi A6 se ha empotrado contra un tractor con la mala suerte de que una aguja de enganche ha destrozado el abdomen del conductor.Apenas tiene pulso; se hará lo humanamente posible, se intentará lo imposible...

Con prisas lo desnudan sobre la camilla, le aseguran dos vías periféricas, se avisa al cirujano de guardia, se prepara la intubación...

Enfermo 5 delira agarrado a la mano del médico de guardia:

-¿Es usted alérgico a algo? ¿recuerda qué le ha pasado? -le pregunta Víctor.
-Quiero que vaya a hablar con Lucía -dice enfermo 5.

-¿Pero qué dice? -el médico parece confuso.

-Pídale perdón en mi nombre -reponde- perdón por los besos que nunca le dí, por las noches que Laia se durmió esperándome. Pídale perdón por no contarle los mil cuentos que le prometí, por olvidar que había aprendido la tabla del tres, por el viaje que nunca haremos...

Enfermo 5 se apaga...

-Su regalo de cumpleaños está en una cajita verde, dígale que no lo he olvidado, dígale...

El resto fueron veinte minutos de reanimación, incontables ciclos de adrenalina, algunas descargas del desfibrilador y por fin la orden de parar.

Alguien trae la documentación de enfermo 5. Demasiado tarde quizás.

Víctor mira el reloj. Las doce y cincuenta y tres minutos. Mira al suelo y descubre una cajita verde junto a una chaqueta arrugada y a una corbata de Hermés.

Con mucho cuidado, el médico abre la caja y descubre dentro un colgante con la imagen de Bob Esponja.

Entonces Víctor Bárcenas abandona la sala sabiendo que aún queda algo que hacer por enfermo 5. Tiene una conversación pendiente...


PS: Dedicado a todos los que deben perderse la infancia de los suyos por una lucha a veces absurda. Y a todos los cuentos que no pude contarle a mi princesa de ojos miel.

10 comentarios:

amelche dijo...

¿Por qué siempre nos entretenemos en lo supérfluo y no nos dedicamos a lo importante?

Irene dijo...

Uff, casi me hace llorar la entrada.
Cuánta razón. Las cosas que parecen simples y que parecen que se pueden posponer, acaban siendo las más importantes de la vida, y no deberían recibir nunca un "más tarde", "más adelante", "otro año será"...

Miriam dijo...

Sin palabras...

Juana dijo...

Creo que a veces algunos seres nacen para dedicarse a los "otros" .... olvidando a los "suyos" .... no se porque ....

Anónimo dijo...

Me hiciste llorar como una magdalena. Ufff

Anónimo dijo...

CON UN NUDO EN LA GANGARTA Y LOS OJOS LLOROSOS,TE DIGO SALVA,COMO DE COSTUMBRE,QUE MA HA ENCANTADO,ME HA LLEGADO AL ALMA.CUÀNTO DE CIERTO EN ESTE RELATO,CUÀNTO DE IMPORTANTES SON LOS NUESTROS,ASÍ COMO NUESTROS SENTIMIENTOS HACIA ELLOS,QUE EL DÌA A DÌA HACE QUE NO SE DIGAN TANTO COMO DEBIERAMOS......
FLORENCE

Bea dijo...

Insuperable!!! Siempre llegan al corazón tus relatos. Gracias Salva!!!

Aniña dijo...

me ha encantado. un besazo y sigue asi... gran reflexión nos dejas.. besitos

Mar Zarallo dijo...

Has conseguido realmente emocionarme. Casi se me saltan las lágrimas.
A veces, en el día a día, olvidamos las pequeñas grandes cosas, lo que realmente es importante en esta vida. Gracias por recordárnoslo.
Un saludo

pilar dijo...

Hola salva es la primera vez que te leo,pero estoy segura que no sera la ultima,precioso.