Médicos de Familia. Bonita expresión para definir esta profesión que me tocó ejercer por mi mala cabeza. Es cierto que la palabra familia no es fea, fundamentalmente por sus implicaciones sociales e históricas, pero no creo que sea el apellido más adecuado a nuestra especialidad.
¿Por qué médicos de Familia? Podíamos llamar por la misma regla de tres a los psiquiatras Médicos del Amor y el Desamor. No sería mala idea llamar al Otorrino médico de las sorderas, y al reumatólogo médico de las dolamas. Así tendríamos el médico de la ceguera, el de los infartos y el conocido médico de las bronquitis y neumonías. La duda se presentaría en las zonas nobles donde no tendríamos muy claro si tendríamos el médico de las almorranas, el de los orines y el conocido médico de "ahí abajo" de las mujeres. Igual podríamos unir las tres especialidades en un tronco común, serían los médicos de "pordebajodelombligo". Por no hablar del médico del azúcar, azucólogo lo podríamos llamar.
Imagino que en todas las profesiones ha pasado algo similar. Los políticos de turno, con sus modernidades y sus ganas de pasar a la historia, hicieron que los maestros pasaran a profesores, luego educadores, y ahora no sé exactamente lo que son (hace unos meses me enteré que el colegio de mi pueblo ya no es un colegio, ahora es un CEIP, tócate las peras Manolita). Los peritos ahora son ingenieros técnicos, los técnicos de rayos son técnicos especialistas en radiólogía. Por no hablar de las enfermeras, que han pasado por enfermeras, practicantas, ATS, DUEs...(por cierto eso de practicanta no sé a qué mente calenturienta se le ocurrió). Voy a hablar con la señora ministra a ver si en la próxima reforma podíamos colar lo de Licenciadas en inyección de fluídos variopintos y multicolores.
Nosotros éramos médicos de cabecera, pero ese témino no convencía. Por tanto se reunieron unos pocos y decidieron ponerle otro apellido. Pasamos a médicos generales, otros nos llaman médicos de Atención Primaria, y Médicos de Familia. Hoy somos especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria. Este término, sin duda inspirado por algún Pope de la medicina en nuestro santo país, es como si decimos que mi querido hermano, albañil de profesión, es especialista en elevación de cubos mesclatiformes.
Es cierto que ejercemos Medicina en el ámbito de la Familia, y que algunos (un ínfimo porcentaje, seamos sinceros) practican la Medicina Comunitaria. Pero el ejercicio de nuestra especialidad no viene definido por la palabra Familia.
La imagen del médico clásico con su consulta de toda la vida y su cupo de pacientes es una realidad lejana para muchos miles de médicos "de familia" que trabajamos en urgencias hospitalarias o en urgencias extrahospitalarias. También ajena para muchos médicos que se dedican a ejercer la medicina "apagafuegos" haciendo sustituciones durante años. Ajena para el sistema que compra mano de obra para cubrir un hueco, una consulta y cuatro minutos por paciente. Un médico cada vez más especializado en hacer un diagnóstico y un tratamiento en un tiempo récord. Un médico, en definitiva, encargado de mantener el sistema de protección sanitaria universal. Me imagino qué sucedería si durante una semana, todos los "médicos de familia" decidiéramos que no nos importa el tiempo, que nos sentaremos con nuestro paciente hasta que lo diagnostiquemos, lo tratemos o lo consolemos.
Preguntemos a los miles de médicos "de familia" cual es la clave para poder trabajar sin morir asfixiado, preguntemos a los pacientes qué desearían que su médico les diera. Creo que la respuesta sería una palabra preciosa: Tiempo.
Definitivamente no es la palabra Familia la que hoy marca nuestra especialidad, sino la palabra Tiempo.
Por tanto propongo a la señora ministra que me invite al próximo evento de esos que organizan los políticos en los que se ponen de vinito, gambas y jamón hasta las trancas, para volver a cambiar el nombre a nuestra insigne profesión y empezar a hablar del médico express, porque ótra cosa no me viene a la cabeza. Aunque igual con la suficiente dosis de langostinos la cosa mejora.
PS: dedicado a todos y todas las que acaban a las tres y media su turno de trabajo. Y a las cuatro, y a las cinco...
