El Capital y la comadreja

Mis conocimietos de economía van parejos a mi capacidad para pilotar naves Jedi. No considero, al menos actualmente, el dinero una de mis prioridades vitales; de hecho supongo que podría ganar más de lo que actualmente gano si me dedicara a hacer cositas en la medicina privada. Por suerte puedo elegir y no sacrifico una mañana de sol, una tarde junto a la chimenea o simplemente ver un capítulo de Aída por ganar algo más. Es cuestión de prioridades.
Mi concepto de Banco era el de un lugar para sentarse o bien un sitio donde pongo mi dinero y me lo guardan, que tienen cajeros para sacar dinero y donde una vez tuve una hipoteca  y me clavaron a base de bien. Es su derecho, pues nadie me obligó a pedirles un préstamo. De hecho tengo la misma cuenta desde que mi padre me la abrió con 13 años.
A pesar de todo, y gracias a que no me gustan los Mercedes ni los BMW, a que solemos llevar una vida bastante espartana y una bombilla sigue alumbrando mi dormitorio, hemos conseguido tener algunos ahorrillos.
-¡rinnn, rinnng! -sonó mi teléfono a las 4 de la tarde.
Descolgué dispuesto a mandar a quien me llamaba a tomar por donde amargan los pepinos.
-Hola señor -acento del norte- le llamo del banco.
-Ostras -pensé- si es del banco, esto hay que tenerlo en cuenta.
Cuando me llaman del banco es como cuando me cruzo con la Guardia Civil, tengo el repentino convencimiento de que hice algo delectivo.
-Hemos comprobado sus cuentas -prosiguió la señorita del banco- y tiene un capital que no le está rindiendo nada.
Después de media hora hablándome de cosas sumamente extrañas, me convenció para que fuese a la sucursal al día siguiente a sacarle "rendimiento" a mi "capital".
Nos recibió una chica con cara de comadreja que en menos de quince minutos intentó vendernos unas sartenes (lo consiguió), un seguro de coche  y de hogar (casi lo consigue) y nos convenció de que estábamos perdiendo dinero al tener el "capital" en mi cuenta, una miserable cuenta de ahorro. Me sentía como una especie de Paco Martínez Soria. Con lo de oportunidades que me daba "el mercado", y yo haciendo el tonto con mi cuenta de cromañón.
-Oye -le dije- que queremos algo seguro cien por cien, tampoco es cuestión de especular o arriesgar.
-Os aseguro -prometió con su mejor sonrisa de roedor-  que estas acciones son 100% seguras, son acciones preferentes. Dan mucho rendimiento y cuando querais las vendeis y "el capital" lo teneis asegurado.
Un año más tarde...
Alguien me llama por teléfono y me dice que las acciones preferentes están bajando a cascoporro. Alarmado me dirijo a "mi banco de toda la vida".
-Que quiero vender las acciones y volver a recuperar mi dinero, como me prometieron -le dije.
-Es que... -comadreja esquivó la mirada- resulta que las condiciones han cambiado.
-¿quéeeee? -mi expresión no dejaba lugar a dudas, afotunadamente no tenía a mano una pistola y un pasamontañas
-Resulta que salió una ley en Junio del año pasado que hace que ya no tengas "el capital" garantizado. Ahora tienes acciones en el mercado libre.
No la estrangulé porque no era el sitio ni el lugar...
-Pero -acerté a decir- eso no es lo que me dijiste hace un año, además nadie me avisó de nada...
-Ya lo sé -se excusó- pero nadie preveía esto...de todas formas, puedes mantener las acciones, son tuyas, y esperar a ver qué pasa.
-Quiero Mi Dinero, y lo quiero Ya -pensé.
No hubo nada que hacer. "El Capital" ya no era Mi dinero, eran acciones cuyo valor se decidía cada día en bolsa. Tomamos una decisión:
-Queremos el dinero, queremos vender todo.
-Pero ahora no es el momento -insistía comadreja- además si insistís, las pondremos a la venta, pero habrá que esperar a ver si alguien las compra.
-¿Y si no se venden? -mi cara era de pánico.
-Bueno, esperemos que se vendan -dijo ella.
Después de dos semanas, han vendido las acciones y sólo hemos perdido 70 eurazos. Pero después de esta experiencia puedo decir, sin miedo a equivocarme que no sé si todos son iguales, pero en mi banco me han engañado, han jugado con Mi Dinero y me han tratado como lo que quizás soy, un pardillo. Imagino que no soy el único.
Quien se aprovecha de esa manera de la buena voluntad y desconocimiento de su cliente sólo tiene un nombre: sinvergüenzas.

3 comentarios:

Irene y Umpa Lumpa dijo...

Tremendo testimonio...
Creo que nunca meteré mi dinero ni a plazo fijo. De hecho, si por mí fuera.. guardaría mi dinero en una caja fuerte en mi casa, y que me dejen de tonterías de bancos...

En fin, no es que hayas sido tonto, es que son unos timadores...

torsha dijo...

Ayer mismo fui a quitar capital de mi hipoteca y me querían vender algo parecido... no eres un pardillo, es que ellos son unos sinvergüenzas!!

ALEJANDRA dijo...

Como tantas veces lo urgente quita lugar a lo importante..