MANCHAS DE CAFÉ

-¿Me dice que le duele la pierna desde hace dos semanas? -Victor Bárcenas esa mañana no estaba de buen humor.
-Sí, pero es que... -el anciano tiene una mirada que es en sí una excusa.
-Vamos a ver señor -el médico mira la etiqueta identificativa  del paciente- Marcelo, usted sabrá que esto es un servicio de urgencias.
Ha recalcado la palabra urgencias de forma intencionada.
-Sí, ya lo sé, pero es que no pude venir antes.
-Marcelo, antes de venir aquí debe ir a  su médico de familia.
Víctor tiene una demora de casi tres horas, catorce pacientes a su cargo y casi la mitad sin ver. Está siendo una tarde verdaderamente horrible, y ahora tiene que lidiar con un señor con dolor de rodilla desde hace un mes.
Marcelo no parece mala persona, acaba de cumplir setenta y ocho años, tiene una cara amable y viste jersey azul sobre una camisa también azul. Un pantalón de pana marrón y unos zapatos pasados de moda completan el atuendo. Víctor nota unas manchas de café en el jersey. Acude solo y cojea ligeramente de la pierna derecha.
El joven médico no suele ser tan brusco con sus pacientes, pero acaba de discutir con la enfermera de triage, el ordenador se ha bloqueado en varias ocasiones y además un familiar de otro paciente amenaza con poner una reclamación si no lo atienden con celeridad.
-Venga, póngase en la camilla para que lo mire -le dice con aspereza.
-Gracias doctor -Marcelo parece tímido, también cansado.
-No me dé las gracias, lo que debe hacer es acudir a su médico para estas cosas -la somera exploración hace intuir que el dolor es provocado por la edad- esto es un dolor de artrosis, además seguro que lleva con este dolor meses, venga ya se puede levantar.
Cinco minutos más tarde Marcelo se dispone a abandonar la consulta con cautela, con el papel del alta en la mano se dirige al médico que sigue intentando desbloquear el ordenador.
-Gracias de todos modos doctor -le agradece de nuevo- ¿esto cree usted que me mejorará?
La gota que colma el vaso de la paciencia de Víctor.
-Oiga -le espeta levantando el tono de voz- si le he mandado esa medicación es porque creo que le mejorará, y si no mejora, debe ir a su médico.
-Es que...-Marcelo busca su mirada, pero el médico está centrado en el sistema operativo del ordenador- necesito mejorar.
-Y yo necesito unas vacaciones -piensa el joven, imaginando que Marcelo no acude a su médico porque debe jugar al dominó en el hogar del pensionista.
-Necesito mejorar doctor -repite Marcelo- no es por mí, es por Encarna.
El médico levanta la cabeza y por primera vez encuentra la mirada de aquel hombre del jersey azul.
-¿Encarna? -pregunta el médico.
-Es mi mujer -responde Marcelo- no tiene a nadie más que a mí. Tiene Alzheimer y la tengo que llevar todas las mañanas a pasear . Por las tardes se pone imposible y tengo que estar con ella. Aunque hay días que ni me conoce yo la sigo queriendo como siempre. Hoy me ha traído un vecino y he conseguido que una vecina se quede cuidándola. Es verdad que la pierna me duele hace meses. Usted disculpe, pero necesito estar bien, es por Encarna.
-Marcelo,  yo no quería...-el médico sabe que se ha equivocado. Se levanta, al menos acompañará a su paciente a la puerta- espero que todo salga bien
-Llevamos cincuenta y dos años casados -Marcelo sonríe- y yo ya sin ella no soy nada.
-Cuidese Marcelo -el médico acaricia la espalda del anciano.
-Gracias doctor, gracias y disculpe.
Y un anciano con pantalón de pana y jersey azul con manchas de café se aleja cojeando por el pasillo.

11 comentarios:

Marilis González dijo...

¡Ufff! Estas cosas nos pasan, creo, a todos...Te hacen sentirte fatal, te darías de bofetadas. Cuando sucede, te haces la promesa de no ser tan impaciente la próxima vez, tan estúpida...En fin, es bueno ver reflejada estas situaciones en tus palabras, tal vez sirva para que sean las menos posibles.

Irene y Umpa Lumpa dijo...

No sé cómo lo haces, pero cada vez que te leo me corren unos lagrimones por la cara...

Gracias por enseñarnos taaantas cosas.

Anónimo dijo...

Ya somos dos con los lagrimones,sin palabras.....

Anónimo dijo...

Cuando conectamos con el alma de la persona que tenemos enfrente, se nos caen todas las barreras, y toda la agresion , molestia, enfado que sentiamos...puf!!!! desaparece.

Ojala y fueramos todo el tiempo conscientes de que enfrente de nosotros........lo que hay es otro nosotros con otra cara.

Me resulta reconfortante leerte.

Mar dijo...

Soy auxiliar en un hospital y no sabes la de veces, que yo o alguna compañera salimos de la habitación pensando que nos trague la tierra por vocazas, por no tener paciencia... Gracias por como escribes!

Mar dijo...

Soy auxiliar en un hospital y no sabes la de veces, que yo o alguna compañera salimos de la habitación pensando que nos trague la tierra por vocazas, por no tener paciencia... Gracias por como escribes!

maria basanta dijo...

Cuantas veces deberiamos pararnos ante unos pantalones de pana y unas ...manchas cafe con leche...
Cuantas veces deberiamos ponernos en el lugar del paciente...

maria basanta dijo...

Cuantas veces deberiamos pararnos ante unos pantalones de pana y unas ...manchas cafe con leche...
Cuantas veces deberiamos ponernos en el lugar del paciente...

Amig@mi@ dijo...

Precioso post que muestra nuestro lado más humano.
Abrazos

Anónimo dijo...

Muchas felicidades por expresarte de esta forma que en el fondo refleja que eres un tipo muy humano, como tantos otros que intentan capear el temporal en los servicios de urgencias desbordados y abandonados a su suerte. Gracias por escribir así, soy uno más con lagrimones.
Un Compañero

Sara dijo...

Otra con lagrimones...cómo reconforta, frente al riesgo del burn out, leer lo que escribes. ¡Gracias!