PIENSA, PIENSA...COSAS DE VIEJOS

No lo conoces de nada, no sabes nada de él pero ahí está, mirándote desde la camilla con desesperación; con esa forma que tienen de mirarte quienes saben que están muriéndose.
Llegó hace apenas cinco minutos y alguien de azul te cuenta la historia de forma apresurada.
-Ochenta y seis años, con buena calidad de vida. No tiene alergias, únicamente es diabético bien controlado en tratamiento con pastillas -recita la médica de urgencias-  no fuma y  dice la mujer que en mitad de la noche se ha empezado a ahogar.
Es el box de reanimación, la sala de pacientes críticos. Una gran habitación azul donde se alinea infinidad de tecnología con una sola finalidad: salvar vidas.
Un coro de personas pasea la mirada entre el paciente, la doctora de la ambulancia y tú.
Te acercas y coges su mano derecha. Es una manía cogerle el pulso a todos los pacientes, pero crees que eso les tranquiliza (y a tí también, no te engañes).
Dos celadores, tres enfermeras, un auxiliar, dos médicos residentes (ya no eres residente, no te escondas ahora no tienes escapatoria), la médica de la ambulancia, el técnico y alguien que pasaba por allí. Mucha gente, y Tú
Sabes que no hay otra, es tu hora y tú decides. Te pagan bien, y sabes que te pagan para esto ("maldita sea, debería haberme metido en Económicas, ahora estáría en mi cama en lugar de comiéndome este marronazo" piensas en ese instante).
Tienes suerte, hoy las enfermeras son experimentadas y se saben su trabajo; eso te salva de los primeros treinta segundos. Sabes que ellas cogerán la vía, cursarán las analíticas, empezarán a hacerle un electrocardiograma, pero debes decidir, para eso estás, para eso te formaron.
El paciente apenas puede levantar la caja torácica, te mira muy fijamente pues se ha dado cuenta de que eres tú el encargado de sacarlo de allí.
Pum-pum...pum-pum...casi oyes tu corazón bombeando adrenalina a cada poro de tu piel. Debes empezar, debes empezar...
-¿Le duele el pecho Antonio? -no se te ocurre otra forma de empezar (ya le cogiste el pulso listillo).
Antonio gira la cabeza negando. No puede hablar, sabes que eso indica que la cosa está jodidamente mal.
Piensas, piensas....
Te aferras al fonendo en espera de alguna solución, pero debes empezar a dar órdenes. Todos esperan algo de ti. Piensas, piensas...
-Ponedle la mascarilla con reservorio, carga una perfusión de Solinitrina, prepara una ampolla de mórfico, vamos monitorizándolo y sondándolo.
Sabes que has ganado dos minutos, los justos para oír lo que hay en el pecho de Antonio. Auscultas. Y mientras piensas, piensas...luego exploras mientras piensas.
El residente de segundo año ha cursado la analítica (pidele de todo, le recuerdas) y cursado una petición de radiografía urgente. Piensas que cuando eras residente te tocaba a ti, ahora estás en primera línea.
Antonio está monitorizado. Miras el monitor (otra manía, mirar el monitor constantemente esperando que en lugar de líneas y números salga un listado de diagnósticos y tratamientos). Saturación, frecuencia, ritmo, tensión...
-Ya lo tienes todo campeón -piensas que con los antecedentes, los síntomas, la exploración, el electro, y la radiografía debes tomar decisiones. Antonio se apaga.
Se te ocurren tres opciones: llamas a la UCI para que te rescaten, sales corriendo para no volver o empiezas a dar órdenes. Y te da la impresión de que las dos primeras no son viables por ahora.
Alguien te sugiere la frase del día:  "¿has pensado en intubarlo?". Piensas, piensas...
Antonio no te mira.
-Joder, joder joder -piensas. Antonio pone los ojos en blanco y parece desconectarse.
-Preparad también el tubo -dices.
Alguien llega corriendo y te entrega un papel. Son los resultados de la analítica.
Miras al cielo y te acuerdas de San Páncrito de Beocia . La analítica tampoco te ayuda demasiado. Por ello aporovechas para acordarte también de toda la familia del santo en cuestión.
Casi puedes sentir tus neuronas trabajando, buscando la solución...piensa, piensa...
Todos te miran, pues ahora no tienes salida. O decides o...
-Preparamos la Cpap, le ponemos dos ampollas de seguril, media ampolla de mórfico, un clexane y empezamos con la perfusión de solinitrina -has decidido y ya no hay vuelta atrás. Te acercas a Antonio y le explicas al oído  algo que sólo él entiende.
Miras a tu alrededor y percibes que la maquinaria funciona engrasada; cada uno realiza su parte en las órdenes recibidas.
Una hora más tarde te acercas a la cama tres (por la derecha del paciente) y coges la muñeca de Antonio (la curiosa manía de tomar el pulso a los pacientes). Él gira la cara y te mira desde detrás de una extraña máscara.
-¿Mejor? -gritas.
Esboza una sonrisa y asiente con la cabeza.
Entonces empiezas a relajarte y notas un terrible dolor en cada una de tus articulaciones.
Mañana subirá a planta y posiblemente nunca más volverás a ver a Antonio. En el desayuno comentarás a tu relevo que tuviste un crítico y que te tuvo liado toda la noche, que ha sido una guardia de perros.
Nunca te darás cuenta pero una semana después te reconocerán mientras desayunas; no te dirá nada por no molestar, pero un anciano de pelo gris sonreirá al recordar que tú estabas allí aquella noche.
Y es posible que te cruces con él, apoyado para caminar en una mujer de mediana edad asida a su brazo.
-Oiga...¿me recuerda usted? -te dirá.
-Pues, la verdad, no caigo -te excusarás, aunque su mirada te será familiar- es que vemos tantos pacientes. 
-Mira niña este joven de verde es el médico que estaba la noche que me puse a morir. Ella es mi hija -dirá con orgullo-, ha venido de Bilbao. Por lo del corazón, ya sabe.
-Venga, deja de molestar al médico y vámonos para casa -dirá la hija.
-Me dijo algo al oído que me salvó cuando estaba a punto de morirme -le dice  la hija.
-No le haga caso -excusará ella al anciano- son cosas de viejos.
Y se alejarán por el pasillo perdiéndose entre la gente.
En ese momento sabrás dos cosas:
Que hiciste bien al no coger Económicas y que tus palabras sirvieron para salvar una vida.

P.S.: Es fundamental explicar al paciente al cual vamos a colocar una Ventilación Mecánica No Invasiva, la importancia que tiene el colaborar con la máquina que le va a ayudar a respirar, pues es lo que le salvará la vida. 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Con mucho sentimiento...

Montgomery dijo...

Me he emocionado y cuánta razón tienes en todo lo que dices...

Anónimo dijo...

Me encanta!!!Tan real como la vida misma!!!Yo seria la medico de azul!!!jiji

Eusebio dijo...

Muy bueno, Salva
¿ Me dás permiso para publicar también esta entrada en nuestra página?
Un saludo

salva dijo...

permiso concedido Eusebio,citando la procedencia del mismo :-) gracias

Nuria dijo...

¡Hola!. Soy médico, he leído historias de médicos escritas por médicos y por no médicos. También alguna vez he escrito historias de pacientes y de no pacientes.
Me gusta mucho como cuentas las cosas, sigue escribiendo por favor...aunque sea entre guardia y guardia ;-)