SONRISA PROFIDENT

Víctor Bárcenas es una persona. A pesar de que a veces ha llegado a dudarlo. De hecho este mes había conseguido poner una sonrisa amable a un elevado porcentaje de pacientes/clientes/usuarios por muy peregrinas que fuesen sus solicitudes (incluyendo verrugas en la madrugada).
Pero aquella mañana la situación era especialmente peliaguda. La tarde anterior, en un golpe de suerte sin precedentes había logrado arreglar la grapadora unicamente clavándose dos grapas en el dedo gordo, algo que no le sucedía desde que tenía 13 años. Por otra parte su zapatilla de cuadritos marrones del pie izquierdo seguía en paradero desconocido y a la hora de cenar comprobó con alborozo que la mortadela estaba cubierta de una pelusa blanquecina y el queso por la misma pelusa, pero de color verde.
Después de ver dos episodios de la  quinta temporada de Primeval, y cuando estaba a punto de caer en brazos de Morfeo el cruel destino decidió que a sus vecinos les tocaba noche de pasión. Normalmente tocaba los viernes por la noche, pero aquel martes todo estaba en su contra.
Las noches tórridas de don Crespo y doña Luinda consistían en una serie de sonidos polifónicos. Todo empezaba con un wink-wink-wink procedente de los muelles del somier, que a los pocos segundos se acompasaban perfectamente con el clonk-clonk-clonk del cabecero contra la pared. Minutos más tarde, y entrando en clave de sol empezaba don Crespo con unos gruñidos como de jabalí (oñg-oñg-oñg) que se sincronizaban con los gemidos lastimeros de doña Luinda (ay-ay-ay). Finalmente, en una especie de allegro ma non troppo, la sinfonía encajaba algo así como wink-clonk-clonk-oñggg-ay-ay... y vuelta a empezar.
Víctor imaginaba a la pareja de profesores de instituto en plena faena mientras pensaba dónde había puesto su zapatilla de felpa. Normalmente este recital conseguía que Víctor dejara de pensar en sexo durante varios días.
Pero todo iba a cambiar en el ascensor. Allí se había cruzado con una chica de pelo rubio y mirada seductora. Se habían saludado y ella había sonreido, durante dos segundos, pues a continuación su cara se convirtió en una mueca de asco que sorprendió al joven médico. Al llegar a los servicios comprobó que un enorme y reseco moco verde asomaba amenazante y orgulloso por su orificio nasal derecho.
Pero esa mañana, a pesar de todo, iba a empezar con amabilidad y respeto, con cariño y una sonrisa, a pesar de su dedo, su zapatilla, su mortadela, su moco, don Crespo y su esposa.
La primera paciente acudía con el uniforme oficial de batalla: pijama azul, zapatillas rosas. Su acompañante con unos pantalones tan estrechos que sin duda quedaría impotente para el resto de sus días de seguir dos minutos más enfundado en esos vaqueros, unas botas blancas a lo cocodrilo dundee y el correspondiente palillo mondadientes a la oreja.
Motivo de consulta: Dolor cervical tras accidente de trafico hace dos meses. Es la quinta vez que consulta. 
-Buenos días -intenta sonreír el doctor aún con dificultades para quitarse de su cabeza el wink-clonk-clonk-oñggg-ay-ay.
-Buenos dias dostor -responde el chico desde su camiseta de Camarón Vive -la parienta que sigue con sus dolores y que dise la abogada que lo ponga todo en "lopapele".
-Bien -el médico respira dos veces antes de proseguir- ¿y es alérgica a algo?.
-No -responde el chico con los testículos estrangulados- "quesesepa", pero eso ya verá usté que para eso es médico.
El médico los observa, luego mira su dedo con los cuatro agujeritos de las grapas del día anterior, sonríe. Y sigue...

3 comentarios:

compi1 dijo...

Gracias. Hay días en que todo va al revés como tú dices, pero acordarse de Víctor Bárcenas te hace sonreir

Carles Valls dijo...

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Anónimo dijo...

!Buenísimo!.Empezar el día con una sonrisa es lo mejor que nos puede pasar.
YONG..AY,AY,AYYYYYYYYYYYYYY.
YA...