DEMASIADAS NOCHES SIN TI

...y no puede dejar de pensarlo.
Todo había empezado casi como una broma; recordaba que fue una noche celebrando la victoria de su equipo preferido. Habían bebido y se acabaron perdiendo entre la multitud. Fue una noche extraña como son todas las primeras noches. 
Los siguientes doce meses fueron fantásticos; hasta que la chispa se apagó (cosas de la vida, cosas de la vida...). Algo había salido mal, quizás alguien tuvo la culpa pero eso ya no importaba.
...pero no puede dejar de pensarlo.
Un día de Mayo se dijeron adiós, porque las personas civilizadas se despiden de forma educada. No hubo lágrimas ni tragedias, sólo un sentimiento de que algo se perdía para no volver.
-Siempre es así -le dijeron- deja que pasen los meses y lo olvidarás.
-Jodido tiempo que todo lo cura -maldijo.
Poco a poco el polvo del tiempo cubrió de olvido las heridas. Sólo quedaban cicatrices resecas y endurecidas por el pensamiento racional.
Ella sabía que aquello no hubiera llegado a ninguna parte.
Pensó en él cuando sonaba el teléfono; lo esperó tras cada número desconocido, tras cada esquina, tras cada mirada.
A veces era un trozo de tarta de chocolate junto al Moldava, a veces el olor de la hierba fresca, incluso una vez creyó encontrar su mirada en un chico de ojos azules que bailaba en Covent Garden a cambio de unas libras.
Otra vez fue una canción de Norah Jones, o simplemente lo recordaba al descubrir que aún debía arreglar aquel cajón del baño.
Han pasado muchos años, pero hoy lo recordó mientras el sol acariciaba las plácidas olas de su vida. Era curioso porque hacía meses que su recuerdo dormía anestesiado.
Era una mañana cualquiera de un día cualquiera. Ella paseaba por una calle fea y llena de gente anónima en una ciudad con playa.
Y allí estaba él. Miraba un escaparate con aire distraído. Quizás con más canas, incluso con algunos quilos de más, pero era él, no cabía la menor duda. Tan presente como siempre, tan ausente como nunca.
Ella se acercó en silencio
-¿Eres tú? -su voz sonó absurdamente asustada.
No se hablaron, sólo se acercaron entre la multitud.
Esta vez tendió su mano y no sintió, como antaño, la necesidad de despedirlo. Habían pasado quince años (demasiadas noches sin ti).
Se fundieron en una sonrisa. Entonces Rosa despertó.