EL LAGAR


Me lo encontré ayer en mitad del tiempo.
Era una de esas mañanas de domingo luminosas y preñadas de sol que a veces regala el Sur. Después de un desayuno frugal decidí hacer uno de esos largos paseos sin rumbo, en los que suelo perderme entre lomas y caminos cuyos nombres a veces sólo recuerdan los mayores.
Hacía calor y tras una hora de caminata decidí abandonar el cauce de un arroyo sembrado de cantos y seguir una senda que subía en el monte zigzagueando entre olivos. El camino me llevó a una hasta un antiguo cortijo abandonado.

Me acerqué con cautela presintiendo que algo iba a suceder. No sé si sólo me sucede a mí (imagino que no), pero hay momentos en los sé que voy a vivir un momento de magia.

Me lo encontré ayer en mitad del tiempo.

Una ventana de madera desvencijada y una carcomida puerta sin cerradura eran mudos cancerberos de aquella antigua vivienda. Empujé la puerta que se abrió con un crujido de madera podrida. Un viejo lagar con cuadra, salón y un dormitorio No había cocina, tan sólo una rudimentaria chimenea junto a la cual aún dormía una olla oxidada. Después de unos minutos salí nuevamente al camino. De pronto algo se movió a mi derecha.
Me lo encontré ayer en mitad del tiempo.


Se acercaba con paso rápido y respiración jadeante. Pantalón de chándal azul, camisa a cuadros y zapatos negros. Caminaba con como quien tiene prisa, protegida la cabeza con un sombrero de paja, un canasto enganchado del brazo derecho, y un viejo transistor en la mano izquierda donde Radio Nacional contaba vidas lejanas.

Me lo encontré ayer en mitad del tiempo.
Inicialmente creo que ni siquiera nos conocimos, nos miramos como dos extraños junto a la puerta de aquel lagar centenario.
-¿Eres tú? –me dijo apartando el transistor de la oreja izquierda.
-Sí, claro –creo que mi voz sonó como una excusa- estaba dando un vuelta por el campo.
Allí estaba Antonio, aquel que siempre ganaba en las carreras del colegio; el portero del equipo en los recreos de pan con chocolate de tercero de EGB. Allí estaba Antonio, el mismo que siempre que reía nos contagiaba ataques de risa porque se reía con la i, el que jamás se negó a prestarme su sacapuntas.
-Joder quinto, no esperaba encontrarte por estos parajes –me sonrió.
Nunca antes nadie me había llamado quinto, pero era cierto que éramos quintos. Parece que sucedió hace mil años, pero una tarde de febrero , quince jóvenes, Antonio y yo mismo nos tallamos. El policía municipal nos pesó, nos midió y nos tomó los datos para hacer la mili. Después, en una especie de rito iniciático, empezamos a beber alcohol como cosacos hasta casi desfallecer.
Luego la vida nos separó y cada uno siguió su camino. Yo sabía lo de Antonio, su vida y peripecias. Seguramente él también sabía mi recorrido en los veinte años que nos separaban.
-¿Cómo te va? –le pregunté.
-Bueno, ya sabes; yo sigo con lo mío –su mirada destellaba tristeza- la verdad es que salgo a andar para despejarme un poco.
-Todo mejorará, no te preocupes –le dije.
-Dios lo quiera quinto –respondió- Dios lo quiera. ¿Quieres una pesicola?
-Venga.
Me lo encontré ayer en mitad del tiempo.
Hablamos de los recreos y las tardes de fútbol en aquel campo lleno de piedras. Hablamos de aquella borrachera de los quintos del setenta y de las chicas que no conquistamos. Nos reímos al recordar que finalmente ninguno de los dos fuimos a la mili
-jijijiji, lo único que sacamos de la mili fue una borrachera como un piano –me dijo volviéndome a contagiar su risa.
También hablamos de cosas que no debo contar y que se quedarán en aquel viejo lagar entre olivos.
Quedamos en vernos pronto. Quizás el próximo domingo, quizás dentro de otros veinte años.
Me lo encontré ayer en mitad del tiempo, y debo decir que fue una de las mejores  pesicolas he bebido.

3 comentarios:

YoYoa dijo...

Emociona mucho cómo lo cuentas... Qué tengas buena semana!!

MDoc dijo...

¡Qué historia tan bonita!.
Los viejos amigos, esos que pierdes por el camino y que volver a encontrártelos hace que se fusionen las almas de nuevo.

Yo perdí a alguno. Algún día lo espero encontrar y recordar cómo ha pasado el tiempo.

Gran blog. Y por cierto, me encanta la banda sonora que le tienes puesta. Ya tengo bajada la canción.

Un saludo.

Sir Enry Baskerville dijo...

He leido con interés esta historia de un reencuentro....si, veinte años por medio separan, pero las relaciones se reavivan con intensidad si es preciso.
Recibe mis saludos.