LÁGRIMAS

Lloraba Josefa y no tenía consuelo. No paraba de hablar mientras las lágrimas pintaban su cara. Me dijo que no era justo, que no entendía por qué había pasado. Intenté consolarla sabiendo que fracasaría porque yo tampoco lo entendía.
-Estábamos muy unidos doctor –me dijo.
No pude hacer más que acariciar su hombro enlutado tras recetarle unos tranquilizantes.
 Lloraba Luisa mirando al cielo. Junto a varios miles de personas reza para que deje de llover. Desde un gran trono de madera y oro, la imagen de alguien que murió pobre, parece volver a morir perplejo clavado a un madero negro.
-Es una pena tremenda –me dijo persignándose por enésima vez.
 Lloraba Facundo releyendo una y otra vez la carta. El temblor de sus manos provoca que las letras bailen ante sus gafas. El banco no le dará más tregua y en dos días le quitarán la casa.
-No sé como decirlo a mi mujer–me dijo con voz entrecortada.
 Unas horas más tarde me sentaba junto a una mujer de pelo blanco y ojos azules. Empezamos hablando del tiempo, de los errores y aciertos en nuestras vidas. Me preguntó por el trabajo y luego me contó parte de su vida.
 -No lloré –me dijo- aquella mañana decidimos que no nos iban a ver llorar.
Habían pasado 75 años, pero la mujer de pelo blanco recuerda hasta el último detalle.
-Nos llamaron un sábado por la mañana –me dijo- nos estaban esperando en la taberna de la plaza. Éramos unas chiquillas, y ninguna teníamos nada. Bueno, hambre sí que teníamos. Y allí estaba el barbero, el jefe de falange, el alcalde y alguno más. Tenían una pistola sobre la mesa y nos dijeron que nos iban a pelar por rojas. Luego nos dijeron que teníamos que beber aceite de ricino.
-¿Y qué pasó? –pregunté curioso.
-Una de nosotras señaló la pistola –respondió la mujer de pelo blanco -dijo que antes le pegaran un tiro, pero que ella no iba a tomar aceite de ricino.
Se nos ha hecho tarde y tengo que volver a un siglo XXI tecnológico y sofisticado, un tiempo nuevo donde parece quedar poco espacio para viejas de pelo blanco que cuentan historias pasadas.
Abro la puerta de madera y me recibe el viento frío de Marzo, pero antes de salir nos miramos, aunque sé que ella apenas me ve, se da cuenta:
-Yo tenía dieciséis años –me dijo -pero allí nadie me vio llorar. Ni a mí ni a ninguna.

PS: En 1937 las tropas franquistas intentaron arrebatar la dignidad de muchas mujeres, acusadas de rojas, rapándoles el pelo al cero y dándoles a beber aceite de ricino.
 La mujer del pelo blanco y ojos azules es mi abuela María, hoy debo sentirme orgulloso de su decisión aquella tarde de Julio en una taberna junto a la plaza.

5 comentarios:

Juana dijo...

A mi abuelo lo fusilaron, el padre de su mujer, mi bisabuelo, se encargo de su hija (que no volvió a salir de su casa) y de sus nietos, eso sí, fue al casino escopeta en mano (él era muy de derechas) y dijo: "como alguien toque a mi hija lo mato" .... conviene conocer la historia de nuestros antepasados, está sobre nuestras cabezas, nos guste o no.

Anónimo dijo...

Nunca he visto tanto resentimiento en tan pocas palabras. Deberías saber que en tu bando se cometieron muchas tropelías, como cortarlo los huevos al cura y arrastrarlo por todo el pueblo con ellos colgando de un palo. Ni unos tan malos ni los otros tan buenos."Salud"!...

Carmen dijo...

Ya que otras vías parecen difíciles en este país confuso, dedicar todo nuestro tiempo a escuchar y valorar las memorias de todas las abuelas Marías se hace necesario. Y que por supuesto perciban el orgullo que su dignidad e integridad nos produce.

salva dijo...

Para anónimo 22:54: Ya estamos con "y tú más". Si crees que esa es la forma de rebatir mis argumentos me parece perfecto. En el relato de lo que pasó a mi abuela es simplemente lo que ella me contó, lo qu econtaron el resto de chicas que estuvieron aquella tarde allí y lo que sucedió. No he añadido ni más ni menos que eso. Si quieres contar historias acerca de tropelías de uno y otro bando, te montas un blog y lo cuentas querido. De todas formas se ve que no has entendido nada del relato. No es una historia de resentimiento ni de revanchas, es una reflexión en torno a los motivos por los cuales las personas lloramos o no, en determinados contextos de presión. Imagino que quien se pica será porque ajos come. Y dicho esto procedo a cerrar el debate, pues insisto en que este no es un blog de debate politico, sino un blog personal, al que le guste bien y al que no, puede dejar de leerlo y santas pascuas.

salva dijo...

Para anónimo 22:54: Ya estamos con "y tú más". Si crees que esa es la forma de rebatir mis argumentos me parece perfecto. En el relato de lo que pasó a mi abuela es simplemente lo que ella me contó, lo qu econtaron el resto de chicas que estuvieron aquella tarde allí y lo que sucedió. No he añadido ni más ni menos que eso. Si quieres contar historias acerca de tropelías de uno y otro bando, te montas un blog y lo cuentas querido. De todas formas se ve que no has entendido nada del relato. No es una historia de resentimiento ni de revanchas, es una reflexión en torno a los motivos por los cuales las personas lloramos o no, en determinados contextos de presión. Imagino que quien se pica será porque ajos come. Y dicho esto procedo a cerrar el debate, pues insisto en que este no es un blog de debate politico, sino un blog personal, al que le guste bien y al que no, puede dejar de leerlo y santas pascuas.