ROSA

Dicen que los médicos tienen callos en el alma, y  cuando cuelgan la bata vuelven a su vida.
Aquella noche de martes todos dormían. La primavera estaba cercana y la madrugada calmaba mi ánimo.
Todos dormían porque a esa hora no se debe hacer otra cosa que dormir; pero allí estaba yo, mirando una luna naranja y oronda, oyendo los sonidos de la noche y pensando, siempre pensando...
Dicen que los médicos somos unos privilegiados en esta sociedad en eterna crisis, pero aquella noche sólo estábamos mi alma y yo frente a un mar de estrellas.
Rosa tenía diez años, unos ojos verde s y una camiseta de las Monster High. Había sido un relevo más, una paciente de esas que no pasan a la historia. Se había dado un golpe en el colegio y venía por dolor en la cadera.
-No va a ser nada -dijo el médico que me dio el relevo- pero le pedí una radiografía por si acaso.
La exploración fue anodina, pero en la radiografía apareció algo que no debería estar ahí.
Había que llamar a la madre y explicarle que Rosa, aquella niña de ojos verdes, iba a empezar un calvario. 
-¿La radiografía ha salido bien, verdad? -pregunta la madre.
Dicen que los médicos pueden, pero esa tarde no pude. 
-Un segundo, ahora vuelvo -respondí.
Y busqué un sitio donde respirar en soledad, un sitio donde encontrar las fuerzas para mirar a aquella mujer y decirle que la vida no es un juego de niños.
Aquella tarde no pude porque demasiadas cosas me recordaban mi propia vida.
Dicen que los médicos tenemos callos en el alma. Ojalá...

4 comentarios:

Miriam dijo...

...me ha encantado , como siempre...

amelche dijo...

¡Ufff!

Anónimo dijo...

¡Ojalá que nunca te salgan callos en el alma!

Aprovechando que hoy es 22M os dejo este enlace: http://www.yoestudieenlapublica.org/

Irene y Umpa Lumpa dijo...

Ojalá a mí nunca me salgan callos en el alma. Genial