ALPARGATAS

Nunca pensé escribir estas líneas.
Existió una vez un político, creo que aún subsiste por esas campiñas sevillanas, al que se le atribuye una frase ciertamente espectacular. Este docto señor, amante de la música clásica y el teatro se llamaba don Alfonso Guerra, y llegó a ser vicepresidente de un gobierno cuyo presidente, otro ilustre sevillano, también subsiste a duras penas entre fiestas chillout y canapés de membrillo asturiano.
A este ilustre hijo de nuestra dolorida Andalucía se le atribuye una frasecilla lapidaria y propia de una persona de rancio abolengo: "No descansaré hasta conseguir que el médico lleve alpargatas".
Pero es evidente que este señor se equivocó de la pé a la pá, pues bien es sabido que en este próspero reino de todas las Españas, aquél que dedicó su infancia a estudiar, su adolescencia a romperse los codos ante un pupitre, su juventud a quemar neuronas como un mono, su madurez a preparar un examen MIR, sus días libres a machacarse los sesos y sus noches a intentar salvar alguna vida, tiene una recompensa social y económica mucho mayor que aquel que dedicó su tiempo a dar patadas a una lata. Es cierto que en nuestra ilustre España, antaño Imperio Español, el Doctor, Médico o Galeno suele poseer extensas propiedades inmobiliarias, pasearse en Mercedes de lujo y es una persona respetada por la sociedad, admirada y tenida como ejemplo.
Qué iluso el señor Guerra, pensar que iba a vernos en alpargatas...
Eso soñaba yo a las 4 de la madrugada mientras echaba una cabezada sobre la mesa de mi consulta. Minutos más tarde un señor de apenas veinte años me paraba por el pasillo y muy amablemente me decía:
-joé tío a ver cuando me toca que estoy talogüevo de esperar.
Aquellas palabras me han hecho reflexionar.
Hoy somos miles los médicos de todo este católico, apostólico y romano país que, después de media vida en este oficio de curar gentes, debemos felicitar al insigne político de Híspalis:
Señor Guerra: le informamos que, cautivo y desarmado el colectivo médico, estamos en chanclas, en posición de genuflexión y con la correspondiente dosis de vaselina aplicada en sálvese la parte.
Proceda y luego ya puede irse a descansar tranquilo.

4 comentarios:

Irene y Umpa Lumpa dijo...

No creo que se trate de ser superior o inferior por ser médico. Ni de que se merezca más respeto que nadie por serlo.

Simplemente, ese tipo de frases son una auténtica falta de respeto. Tanto si van dirigidas al tendero de un kiosco de gominolas, como si va dirigida hacia el mismísimo rey.

Pero en esta sociedad, exigente, quejica... sociedad "de derecho"... las palabras " por favor", "gracias"; la paciencia... Todo se ha perdido. Y no es cosa de la juventud (entre la que me incluyo) es de todo el mundo...

Como decía un profesor mío hace unos meses (ya con el tema de la salud): "Desde que la salud es un derecho, la enfermedad parece una injusticia y la muerte un escándolo"

amelche dijo...

Pues no te digo dónde estamos los profesores, si los médicos estáis así...

Anónimo dijo...

A este paso salud y educación pronto van a dejar de ser un derecho. ¿Hacia dónde vamos? Con las medidas que están tomando, lo único que generarán (aún) más desempleo, bajarán (aún) más las cotizaciones, ídem con el consumo... No entiendo nada.

Anónimo dijo...

ya lo dijo Jovellanos pais sin cabeza pobre de mí, no viene de corto todo este adebacle, pero hubo otro personaje que se llamó el Cid que dijo que buenos vasallos para un buen rey ,somos un buen pueblo con malos gobernantes , ¨pues cambiemoslos ¨por una plataforma por el cambio ,YA. por el bien nuestro y de nuestros hijos