OCHO BALAS

Miedo:
Alicia está asustada. Acabó sus estudios de enfermería hace dos años y desde hace seis meses es interina. Se dice que vienen recortes y tiene miedo de perder su puesto, de volver a cobrar el desempleo, de volver a las sustituciones. Sólo pide a su Dios que respeten su interinidad.

Ahmed está asustado. Su madre salió esta mañana en busca de comida, ya es de noche y aún no ha vuelto. Se dice que una bomba ha vuelto a matar a mucha gente en la zona de Makhdar. Sólo pide a su Dios que vuelva mamá.

Odio:
Pedro odia a todos los políticos. Después de cinco años preparando unas oposiciones y otros tantos trabajando en escuelas rurales, ha conseguido un puesto en el colegio de Santa Marta del Camino. Y ahora los políticos cabrones le vuelven a bajar el sueldo. Este año va a tener que cancelar el viaje a Disneyland. Pedro odia a todos los políticos.

Amaira Do Santos odia a las cucarachas. Especialmente a las que se arrastran por su cama durante la noche. También odia las pulgas que cada mañana convierten su cuerpo de once años en un mapa de montañitas rojas. Algún día abandonará aquella chabola junto al río, pero mientras tanto odia a los insectos.

Valor
Juan es un valiente. Hace unos días culminaron su expedición al Everest. Han tenido que enfrentarse a mil dificultades, y estuvo a punto de morir en un perdido glacial a cuarenta grados bajo cero. Pero Juan y su equipo pudieron con todo y culminaron la cima.

Armando Pereira es un valiente. Acaba de cumplir quince años y ya tiene su propio Webley de ocho balas, y eso no lo tiene cualquiera en el barrio. Un revólver ligero y de carga rápida con el que ha matado ya a tres guachupines. Doscientos dólares por trabajo no están nada mal. Armando es un valiente, hace quince días que dejó el pegamento, ha descubierto la cocaína base. 

Hambre:
Paula llora y su madre acerca el pecho, pero parece que Paula necesita más. Una enfermera sonriente le acerca un biberón de leche caliente. Paula nació hace quince horas, mañana será otro día.

Mahla llora y su madre le acerca el pezón a la boca sedienta. No hay leche en el escuálido pecho de la madre. Miles de moscas vuelan en torno a ambas, silencio en la choza. Mahla nació hace quince horas, morirá dentro de seis rodeada de moscas y su madre ni siquiera podrá llorarla porque ni lágrimas le quedan.


Algún día los de abajo, aquellos cuyas vidas y cuyas muertes ni siquiera podemos imaginar, aquellos cuyo dolor no podemos imaginar ni en la peor de nuestras pesadillas, levantarán la mano, y ese día conoceremos su miedo, su odio, su valor. Y su hambre...

5 comentarios:

Miriam dijo...

Inmejorable, como siempre. saludos

Una Más... (Katrina Jackson) dijo...

Que triste este relato...

Y Felicidades por el blog que es precioso.

MDoc dijo...

Increíble Salva. Alguna vez me he pasado por aquí y hasta ahora no había dicho nada.
Como siempre, cada palabra es algo maravilloso. Gran blog, grandes palabras, gran música de fondo.

Un saludo.

amelche dijo...

Estamos ya llegando a eso, desde el sábado estamos un paso más cerca.

Ana M. dijo...

No hay un relato que lea y no se me ponga la carne de gallina. Incríble, como siempre!! Qué bien cuentas las cosas, me encanta!!

A ver para cuando el libro, que ya le estoy dejando su hueco de honor en la mesilla de noche, ;)