JUAN PULEYO, UN TIPO LEGAL

Mi nombre en Juan Puleyo, y estoy a punto de dar el campanazo, porque soy un tipo listo. Pero listo, listo de verdad. No tienes ni puta idea de lo listo que soy.
Lo primero que debes saber es que lo sucedido con la urbanización de Villarrubias de Carluengo no fue culpa mía. Aquello era un chollo de primera, y todo legal por supuesto. Era coser y cantar, lo habíamos hecho mil veces y esta vez también debía haber funcionado. La estrategia era siempre la misma: Comprar terrenos, convencer adecuadamente a   un par de políticos, construir a cascoporro, vender de prisa y forrarnos. Calculábamos tres milloncejos limpios para cada uno de los socios. 
No contamos con la crisis. 
Una buena tarde, el consejo de administración decidimos retirar unos milloncetes a Andorra y echar el cierre. Se quedaron quinientos trabajadores en la calle y la mitad de las casas sin terminar, pero no fue mal del todo la jugada; y todo legal por supuesto. 
Pudimos salvar los muebles, aunque ahora la cosa del ladrillo está jodida. 
Pero hay que vivir queridos amigos. Mi abogado me decía que eso de tener el dinerito en Andorra estaba muy bien, pero que había que ir moviendo la cosa si quería seguir con la casa en Palma, el piso en La Castellana, el Hummer y el palacete de Marbella.
La cosa parecía estar jodida, pero por suerte no era para tanto. Estamos en un sistema de libertad de mercado, donde todo se compra y se vende. Simplemente es cuestión de encontrar el negocio; y ser legal, por supuesto.
Hace dos semanas nos volvimos a reunir los del desaparecido consejo de administración y me dieron la buena noticia: hay negocio.
Vamos a hacerlo como siempre, como marcan las pautas de la vieja escuela: montar el chiringuito, dar buenos argumentos a los políticos y recoger los frutos de forma  legal, por supuesto.
Esta vez estuve un poco torpe, porque cuando llegué a la reunión del consejo la cosa resulta que estaba muy avanzada.
-Esta vez vamos a asegurarnos de no fallar como en el tema del ladrillo -me dijo Pedro Arresmendiazuga- ya tenemos la idea y el apoyo de los políticos, pero necesitamos inversores.
-¿Estarán todos en el negocio? -pregunté suspicaz
-Cada uno ha puesto dos millones, incluso Abiols i Ferrugell, y ya sabes que esta gente no se meten en cualquier asunto.
El compromiso de los políticos ha sido claro: y el negocio será limpio y legal, por supuesto.
En pocos años van a desmontar el sistema sanitario público. La excusa será perfecta: no hay dinero, la gente ha vivido por encima de sus posibilidades y hay que ahorrar para pagar a los bancos las deudas anteriores.
La idea es tan sencilla como brillante; despedir sanitarios, cerrar centros y dejar de prestar servicios. En unos meses el que quiera sanidad, tendrá que pagar su seguro privado, y ahí entramos nosotros. Vamos a montar una gran aseguradora médica privada.
-¿Y la gente no va a montar un cirio con esto? -pregunté sin estar convencido del todo.
-La gente no se enterará -respondió don José Wassling, el conocido empresario blandiendo la portada del periódico- ¿en serio crees que el pueblo se preocupa por esto más que  por los resultados de la Champions? Además el debate político será si españolizamos a los niños, los catalanizamos o les enseñamos a hablar búlgaro. No seas iluso amigo.
Y por eso yo, Juan Puleyo, conocido como Juan "el ganzúa" en mis años de juventud, brindo con todos ustedes, y les animo a seguir confiando en nuestro extraordinario sistema donde todo se compra y se vende. Y siempre de forma legal, por supuesto.

Evidentemente todo lo reflejado en este post es imaginado, basado en personajes imaginados de un país que sólo existe en mi retorcida mente y en un tiempo muy, muy lejano...

1 comentario:

Anónimo dijo...

Bye bye, sanidad y educación pública. ¿Vamos a permitirlo?