LA TECLA

A Marcelo le tiembla el pulso. Sabe que si sigue adelante aquel hombre está condenado. Por otra parte también es consciente de que su obligación es  pulsar la maldita tecla.Tiene una sensación amarga que surge del estómago y terminaba casi bloqueando su respiración. 
Él era inocente, un simple funcionario, un peón más en aquel engranaje.
-No tengo la culpa de toda esta mierda -pensó.
Miguel lo miraba desde una silla absurdamente impersonal. Era un hombre de unos cincuenta años, mirada dura y un pelo aún fuerte. Sobre unos vaqueros pasados de moda sujetaba una capeta de cartón azul. Aquel hombre clavaba sus ojos en el médico.
-Nunca imaginé que iba a pedir esto, pero es usted el único que me puede ayudar -dijo Miguel.
-No me mires así, maldita sea -pensó el doctor.
-Si me firma el alta será el final, se lo pido por lo que más quiera, piense en mis niños al menos.
Marcelo sabía que aquel hombre estaba perdiendo la dignidad porque ya nada le quedaba.
-Yo soy un simple funcionario, ¿o no? -sigue pensando sin ser capaz de levantar la mirada.
-Durante la baja me han cortado el contrato, y ya no me pertenece desempleo y sin "lo de la baja" estaremos en la calle. 
Marcelo no podía prorrogar un día más aquella situación, una hemorragia digestiva no daba para más semanas de baja, y lo sabía 
-Maldita sea, me siento como un verdugo del sistema -piensa de nuevo. 
-Miguel, debo darle el alta, y usted lo sabe, no me queda otra.
Entonces se levanta intentando dar por acabada la visita. Aquel orgulloso hombretón de ojos claros y manos sembradas de callos intenta coger su mano, casi poniéndose de rodillas.
El médico tiembla, sabe que es el encargado de arrojar a aquel hombre al abismo. Cuando pulse la tecla se pondrá en marcha el mecanismo que ya no tendrá marcha atrás.
Sabe que Miguel no merece esa suerte, y que él no es culpable de ser la mano ejecutora de un sistema que tritura sin piedad a los más débiles.
Entonces decide levantar el dedo del teclado. No puede hacerlo, no va a condenar a nadie esa mañana. Con un gesto cansado, levanta la mirada, se encuentra con unos ojos suplicantes y suspira.
-Vuelva la próxima semana, Miguel.

2 comentarios:

Jesús Mondéjar Gascón dijo...

Uffffff, que mal trago, pero supongo que sucederá así, para el mundo que me apeo.

Jesús Mondéjar Gascón dijo...

Ufffffff, que mal trago, supongo que será así en más de una ocasión, para el mundo que me apeo.