YA HACE FRÍO EN GRANADA

El hombre gris ha cogido el periódico de la mañana. Hace meses que apenas concilia unas horas de sueño, por eso siempre se levanta a las cinco, y pasea el Albaicín esperando la llegada de Carlos, el chico de los periódicos. La decisión está tomada.
Ya empieza a hacer fresco por las mañanas.  El citroen del juzgado se arrastra cansino entre las callejas del centro. Granada duerme.
El hombre gris ha entrado en el viejo bar de calle Veleta. Saluda con una sonrisa y se sienta en la mesa del fondo. Pide su café, el mejor café del mundo, y hojea las páginas donde se habla de gesta histórica en el fútbol, de políticos corruptos y bodas de lujo.
Han aparcado el vehículo oficial a pocos metros del bar, es la hora del primer café. Alguien les ha recomendado el pequeño bar de calle Veleta. Han saludado al camarero y a un señor que se sienta al fondo leyendo el periódico.
El hombre gris se levanta, saluda a los dos hombres que desayunan en la barra y sale a la calle. Ya refresca. Recuerda las palabras de su madre (Antonio abrígate o cogerás una pulmonía que las mañanas granaínas son mu puñeteras), sonríe y decide que hoy no se abrigará. No va a coger ninguna pulmonía esa mañana.
Han acabado su desayuno y han vuelto al coche oficial. Son casi las ocho y media cuando recogen  del vehículo toda la documentación. A las diez de la mañana deben hacer acto de presencia.
El hombre gris ha llegado a su destino. Dobla el periódico con pulcritud y lo deposita sobre una mesa. La decisión está tomada.
Hace frío en Granada cuando el hombre gris se sube a la silla de madera. Reza un padrenuestro y salta.
Son las diez y tres minutos cuando los dos funcionarios se presentan en el pequeño local de La Chana. Un grupo de personas se concentra en la puerta del local. Hay un par de coches de policía,   una señora mayor llora en el hombro de alguien más joven y un perro mira curioso.
Ya hace frío en Granada cuando los dos funcionarios encargados del desahucio entran en el pequeño local. Un policía hace fotos mientras el forense ordena a los operarios que ya pueden bajar el cadáver. Un periódico perfectamente doblado reposa sobre una mesa de madera dejando ver una portada donde se cuenta que la culpa de todo es de aquellos que vivieron por encima de sus posibilidades.

6 comentarios:

Irene y Umpa Lumpa dijo...

Sin comentarios...

Miriam dijo...

Triste...pero tan real como la vida misma...

ALEJANDRA dijo...

Salva, "la cosa está mu mala", nadie lo sabe contar mejor que tú, pero es que te veo más pesimista de la cuenta. No digo que no lleves TODA la razón, pero hay algo que no van a conseguir quitarme, porque tengo dos hijos universitarios locos con sus carreras,comiéndose literalmente los libros, con la ilusión "puesta en lo aRto", con muchas ganas de comerse el mundo y no estoy dispuesta a esperar que el mundo se los coma a ellos, por ellos, por mí, por ti, a mí la esperanza no me la quita nadie. Un abrazo!.

Anónimo dijo...

olé Alejandra!!

amelche dijo...

Lástima que no sea una simple ficción. La realidad supera la fantasía. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Es hora de que todos digamos BASTA YA.