Nos encontramos esta mañana. Yo arrastraba mis pasos por un pasillo atestado de pacientes; eran las diez de la mañana y me acababa de levantar tras una guardia que había acabado demasiado tarde.
Se llama Juan, aunque prefiere que le llamen El Juani y la mayoría le llaman camarada Juani medio en broma medio en serio. Seguramente ya cumplió los setenta años, así lo atestigua su escaso pelo blanco cubierto por una boina negra, su cara plagada de arrugas y unos ojillos claros pequeños y vivaces que más que mirarte te escrutan. Tiene una mirada limpia, y te mira siempre a los ojos regalando una sonrisa las más de la veces.
Hace más de veinte años que lo conozco y nos vemos dos o tres veces al año. Siempre se hace ver porque es un hombre alto y espigado; su boina negra lo delata entre la muchedumbre.
Hasta hace unos años solíamos coincidir en las manifestaciones del primero de Mayo y en los mitines del partido cuando había elecciones. Él era de los clásicos, de los que siempre están ahí, porque siempre encontraba una causa para defender, para luchar o simplemente para ponerse tras una pancarta y gritar a los poderosos.
El camarada Juani nunca fallaba.
Siempre nos saludábamos, cambiabamos unas palabras y unas risas. Sabíamos que somos de los que siempre pierden, pero eso era lo de menos.
-¿Cómo va la cosa por el pueblo? -solía decirme
-Ya ves, como siempre. Tenemos buenas expectativas, igual este año damos la campanada...- solía responderle.
-Igual algún día dejamos de comernos los mocos la noche de las votaciones.
Pero siempre perdíamos, porque a los que estamos en el lado de la minoría siempre nos toca contar menos votos.
Desde hace dos años el camarada Juani no está bien de salud. Apenas puede ir al mitin central y ya no trae la gran bandera tricolor que solía ondear cuando los himnos ponían en pie a la gente puño en alto.
Hace meses que solemos cruzarnos por las urgencias. Allí sabemos que él es Juan y yo soy el médico; porque jamás pidió un trato de favor.
Nos cruzamos por el pasillo con un breve saludo.
-¿Cómo va la cosa Juan?
-Ya ves niño, el corazón este que me tiene frito -suele responder- un día de estos me deja en el sitio.
Y el camarada Juani se alejaba en busca de sus analíticas, sus radiografías, sus sueros...hace meses que usa bastón para caminar y ya desapareció aquella boina negra.
Pero esta mañana algo pasó. Lo vi acercarse por el pasillo entre la gente. Me asombró comprobar que hoy no usaba bastón y había vuelto a lucir su boina.
-¿Te has dado cuenta? - una sonrisa iluminaba su rostro- ¿Te has dado cuenta Salva?
Yo sabía a qué se refería Juan.
-Ahora sí -respondí- esta vez hemos dado la campanada.
-Además, en el pueblo hemos ganado, eso no pasada desde el ochenta y seis.
Apoyó la mano derecha sobre mi cuello, noté la rugosidad de unos dedos trabajados y sembrados de callos.
-Venga niño, vanos a tomarnos algo -me sonrió- porque esta vez no nos hemos comido los mocos el día de los votos.
Y así fue mi desayuno esta mañana. No sé qué pasará en Andalucía en los próximos meses, pero estoy absolutamente convencido de que aquella noche de Marzo sirvió para que el camarada Juani abandonase su bastón, recuperase su boina negra y sobre todo volviera a encontrar su sonrisa. Y para los que siempre perdemos eso es importante.
PD: Dedicado al camarada Fali, que se quedó en el camino hace años.


