Estoy un poco cansado de oír todos los días lo mismo. Gente que se cree original dictando el evangelio y diciendo que tiene la solución a la crisis, que la culpa de todo es de los políticos que son unos chorizos, y que lo arreglaban todo en tres patadas bajando el sueldo a los políticos y echándolos a la calle. Y entre políticos y banqueros, todos culpables.
Otros, más listos, apostillan moviendo la cabeza arriba y abajo diciendo que esto no pasa en Islandia, Alemania o Suiza, que allí están felices y contentos creciendo como leones.
Y todos estos argumentos esgrimidos por gente solvente; aunque yo me pregunto:
¿Acaso en Alemania, Suiza o Islandia no hay políticos? ¿Quien, si no nosotros, hemos puesto a nuestros políticos donde están? ¿Estamos hablando de sustituir a los políticos que tenemos por gestores económicos? Si quitamos a los políticos, elegidos por nosotros, ¿ponemos a abogados, a empresarios, a sindicalistas o a Belén Esteban? ¿Y quien elige y controla a estos gestores?
Es cierto que estamos en una situación que es la pera limonera, pero este país que tanto dolía a Unamuno tiene una enfermedad, y ésa es la ceguera.
Ceguera es decir "todos los políticos son iguales" y creer que con eso se arregla todo. Esa misma ceguera la tuvo el pueblo alemán en 1931 y llegó un enano calvo para abrirles los ojos (si estudiamos algo de Historia veremos que Hitler o Franco siempre predicaban contra los políticos).
Ceguera social es pensar que "los políticos" tienen la culpa de todo para calmar nuestra conciencia, en lugar de pensar que algunos políticos tienen la culpa de muchas cosas y plantearnos elegir. Porque para eso hay que leer, pensar y razonar.
Ceguera es quedarse en casa quejándose y esperando la llegada de un caudillo salvador; ceguera es pensar que "los políticos son los malos", mientras contratamos a la señora de la limpieza sin asegurar, trabajamos en negro, pedimos que nos quiten el iva de la factura o fumamos en sitios prohibidos porque somos más listos que nadie. Ceguera es abusar de los servicios sanitarios porque son gratis, ir de mariscada con los laboratorios o conducir borracho.
Porque en esos países también hay políticos, pero no son políticos españoles. Aunque igualmente hay ciudadanos que no necesitan un torno en el metro, porque simplemente no se cuelan, que no necesitan tanta policía, que no incumplen sistemáticamente las normas, son tan raros que ni siquiera tiran chicles por la calle.
Nuestra ceguera es pensar que somos mejores que nuestros políticos. Porque ellos, igual que nuestros banqueros, nuestros empresarios, nuestros sindicalistas, nuestros fontaneros y nuestras limpiadoras se parecen demasiado a nosotros mismos. Y eso no lo vemos porque estamos ciegos.
Si queremos buenos políticos necesitamos buenos ciudadanos, y eso hay que cultivarlo desde la infancia.





















