LA GENTE Y EL ALMA

...esta mañana he sentido un frío irreal y doloroso que me ha recorrido atravesándome como un rayo. 
(No me considero alguien especialmente bueno; creo que soy una persona bastante normal, con mis intereses, mis ilusiones y mis egoísmos. Sin duda no soy un héroe ni una persona con una bondad extrema. 
Si bien es cierto que no puedo soportar el sufrimiento de un niño, eso no me convierte en alguien bondadoso.)
Esta mañana no tenía nada de especial. Una de esas mañanas de otoño que empiezan con una tostada, un café con leche, y algo de sueño atrasado con la radio de fondo.
(No soy el más sensible, ni el más solidario. Lloro en el cine  cuando las películas son de llorar, me río cuando son de reír y me aburro cuando son de directores iraníes.) 
La tostada estaba casi acabada y el café se enfriaba cuando una periodista de voz neutra anunciaba la entrevista al presidente de un gran banco.
La voz de aquel hombre sonaba gélida, casi glacial, mientras desgranaba cifras multimillonarias.
(No soy un héroe, tampoco un villano, pero aquellas palabras...)
-Sin duda debemos ganar en competitividad -la voz sonaba eléctrica, impersonal, sin alma- y eso lo conseguiremos redimensionando las plantillas.
-¿cuanta gente? -la voz de la periodista sonaba sin tono.
-Estimamos que unas seis mil personas.
He apagado la radio, acabado el café y he salido a la terraza. 
En ese momento he pensado en seis mil familias y en muchos miles de vidas, he pensado en un tipo con corbata firmando sin vacilar miles de despidos para ser competitivos...entonces he sentido un frío irreal y doloroso que me ha recorrido atravesándome como un rayo al pensar que estamos en manos de gente sin alma. 

LA BATALLA

No ha pedido nada durante el largo turno de mañana. Apenas ha dicho unas palabras a la enfermera para solicitar un poco de agua.
La enfermedad casi lo ha devorado sin piedad ni escrúpulos. En unos meses ha convertido a aquel hombre fuerte de grandes ojos negros en el paciente de la cama 7 en espera de pruebas. 
Las analíticas volverán a confirmar lo que todos saben, es la  crónica de una guerra perdida a base de batallas sin esperanza.
La cama se hace un mar para aquel cuerpo de piel apergaminada y huesos. Ojos grandes y dolor.
La Medicina, aquella magia que salió de las cuevas para convertirse en ciencia dará treguas sin frutos, alargará las batallas hasta el paroxismo, aunque sabes que nada impedirá la caída de aquel hombre de ojos negros.
-¿Como se encuentra? -no te atreverás a tutearle.
-Me duele mucho- te dirá.
Se acercará la hora de la visita de los familiares y el hombre de ojos negros te solicitará algo. Será apenas un susurro en tu oído.
-¿está usted seguro? -le dirás
Te responderá asintiendo con un gesto cansado; escribirás la orden de enfermería y volverás a otras batallas.
Minutos más tarde un enfermera de pijama blanco y sonrisa neutra empujará el émbolo de una jeringa de plástico estéril y ajeno. 
Veinte segundos para contraer sus pupilas. Dos minutos para mejorar su respiración. Seis minutos para calmar los dolores. Diez minutos, es la hora de la visita: sonrisa.
Una mujer de pelo blanco y luto precoz se acercará a la gran cama. Junto a ella caminará una joven de ojos vidriosos y mirada aterrada.
-¿Cómo te encuentras esta tarde papá? Parece que estás mejorcillo -el acento delatará su origen del Sur.
-Estoy mejor, ahora no me duele casi nada -sonreirá el hombre de ojos negros.
Entonces pensarás que has conseguido una tregua, y aunque sabrás que todos perderéis la batalla, has luchado al menos para arrancar tres sonrisas en una tarde de otoño.

LA HUELGA NO SIRVE PARA NADA...


No lo voy a negar, tenía mis dudas. Cuando alguien con cierta solvencia intelectual, amigo para más INRI,  te dice eso (que todos hemos oído) de que “la huelga general no va a arreglar las cosas”, debes ponerte a pensar un poco.
Y sí, querido amigo, te voy a dar la razón. Pero sólo te pido que me leas y luego pienses durante cinco minutos. Luego puedes mandarme a tomar por saco.
Si hoy vas a la huelga no vas a arreglar las cosas. No impedirás que el sistema sanitario público se desmantele, que la educación pública degenere. No vas a devolver sus casas a miles de personas expulsadas a la calle como perros. Si hoy te movilizas no vas a devolver el trabajo a tu vecino, tampoco por ello dejarán los más ricos de llevarse el dinero a paraísos fiscales, ni los corruptos dejarán de robar.
Si hoy protestas no dejarán las madres de buscar entre la basura, no devolverán todo lo que robaron los de arriba.

Pero quizás algún día, dentro de muchos años, tu hijo te preguntará dónde estabas cuando acabaron con todo. Ese día le dirás con orgullo que todo se perdió, pero que tú luchaste en las calles. Le podrás decir que perdisteis la batalla, pero que tú no te rendiste, que no te quedaste sentado en tu maldita silla pensando si lo que tenías bajo tu culo era tu gordo trasero o simplemente estabas cagado de miedo. Quizás no sirva para nada, pero también es posible que tu ejemplo sirva para que tu hijo no doble la cerviz

GRAN VÍA

Llueve desde hace tres días, una lluvia de esas que acarician la cara y te dejan los calcetines empapados.
Un chico negro vende paraguas en la esquina, alguien duerme junto a un cajero automático. Pienso que seguramente ambos tendrán una historia, una vida que contar.
Comida japonesa, Mc Donalds  y luces de neón.
Recorro la plaza mojada donde un loco grita cosas sobre mundos que se acabarán en breve, los jóvenes fuman bajo la mirada del gran oso de bronce y un señor de gran barriga devora un bocadillo de calamares. 
Mido mis pasos por tu Gran Vía y decido que eres eterno. Madrid, odiada ciudad de mis sueños.

MI PREGUNTA

Queridos, estimados y amados políticos:
Hoy quiero demostraros mi ignorancia porque, sinceramente hablando, hay muchas cosas que no logro entender. 
Ante todo os diré que creo que los políticos son, más que necesarios, imprescindibles para la democracia, pues debéis representarnos. Me niego a creer que un gobierno de tecnócratas o caudillos sea la solución a nada.
También os digo que no critico vuestros sueldos. Un político que trabaje por su gente debería cobrar un sueldo digno, lo contrario dejaría la política en manos de los más ricos o de los corruptos.
Tampoco quiero ser demagogo, pues soy consciente que lo fácil que en estos tiempos convulsos y ciertamente extraños es echar la culpa de todo a los políticos y quedarse tan ancho. 
Como no pretendo ser más listo que vosotros ni éste es un blog de economía, no voy a debatir acerca de vuestros recortes, vuestros gastos o vuestras decisiones.
Tan sólo os voy a pedir una explicación. Con ella volvería a creer en muchas cosas: 
Cuando casi seis millones de personas están en paro en nuestro país, la sanidad pública a punto de desaparecer, miles de personas pierden sus viviendas diariamente, cuando las condiciones laborales cada día nos acercan más al siglo XIX, cuando desaparecen ayudas a las personas dependientes y mucha más gente de la que pensáis está en la pura miseria...
¿Por qué hostias tenéis de desplazaros en un maldito Audi A8?
Imagino que ningún político profesional responderá a mi pregunta. Pero a lo mejor si la red funciona...