EL LIBRO HUÉRFANO

Como miembro de la comunidad científica debo renunciar a la magia. Mi papel en la sociedad es creer en lo mensurable, lo reproducible, lo palpable y lo visible. Mililitros, gramos, metros, segundos, grados, porcentajes, números... el problema es que creo que soy de letras.
Lo que hoy me ha sucedido entra dentro del terreno exclusivo de lo que llamo momentos mágicos en los que la vida se pinta de colores.
Pasaba junto a un contenedor de basuras cuando vi un par de bolsas de las que sobresalían algunos libros. Estaban en el suelo, quizás el pudor hizo que su dueño no las arrojara para reciclar. 
No pude evitar parar el coche, sabía que debía parar y bajar a echar un ojo a aquellos libros huérfanos. Llámame friki, quizás tengas razón.
Me acerqué con cierta vergüenza por si alguien me estuviera viendo mientras rebuscaba en basuras ajenas, y con cuidado me arrodille junto a las bolsas.
La primera  contenía varios libros amarillentos, novelas policiacas casi todas y algunos best sellers americanos editados en rústica de los años sesenta. 
-Nada especial -pensé- esta vez me falló la intuición.
La segunda bolsa parecía tener el mismo tipo de libros, pero no pude evitar echar un ojo.
Más novelas de misterio, un callejero de Madrid, una recopilación de cuentos infantiles; y cuando casi me levantaba vi un trozo de tela envolviendo algo.
Esperando encontrarme unas novelas de Corín Tellado, separé la tela y encontré dos libros: Federico García Lorca y su romancero gitano de 1946; y debajo un ejemplar ajado de hojas amarillentas: Marinero en tierra de Rafael Alberti, un ejemplar de 1956. Ambos editados en Argentina.
Entonces lo noté, algo estaba a punto de suceder.
Con cuidado, casi con mimo, abrí el libro de Lorca y leí algún poema. Decidí quedármelo.
Luego abrí el libro de Alberti, y allí estaba. No me lo podía creer pero en las guardas, esas páginas iniciales que nadie mira encontré un autógrafo y un dibujo del genio Rafael Alberti. Ejecutado con trazo firme estaba su firma y un precioso pez. 
No me preguntes cuanto ni cuando, no me preguntes por cantidad o velocidad, tampoco por porcentajes o intensidad, pero allí, en el sucio suelo junto a un contenedor de basura y envuelto en un trozo de tela gris, encontré la magia de colorea mis días, un viejo libro firmado por un genio de la naturaleza al que admiro y que desde hoy figura con honores como el mejor libro de mi biblioteca.



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1 comentario:

amelche dijo...

Sorpresas que te depara la basura. Has cogido carrerilla, ¿eh? De repente, vas casi a post por día. :-)
Me alegro de que hayas vuelto.