Y ENTONCES TODO CAMBIÓ

Te convencieron de que vivías en un país de Rinconetes y Urdangarines, una nación donde los gobernantes robaban a manos llenas y de forma impune, porque nadie creía ya en casi nada. Llegaste a creer que todo estaba perdido en ése, tu pobre y cansado país. Porque casi todo estaba destrozado, porque aquel pueblo, sabio y viejo, estaba de rodillas ante los de siempre.
Tuviste casi la completa seguridad de que no valía la pena seguir en la pelea, porque aquella gente sólo quería el sedante pan y circo, el sueño dulce que le ofrecían unas televisiones anestesiadas y unos gobernantes ajenos y lejanos.
Entonces pasó aquello. Nadie lo esperaba, porque no debía haber pasado. Fue una absurda y calurosa tarde de Julio cuando la tragedia pintó de sangre aquella ciudad milenaria. 
Nadie lo esperaba, pero todo cambió aquella tarde.
Anxó había sido despedido de su centro de salud hacía tres días, pero no dudó en presentarse a las puertas de aquel hospital con su fonendo y todas sus ganas. Mariña había sido estafada con unas acciones preferentes hacía dos años, lo había perdido todo y ahora esperaba su turno para donar en el banco de sangre.
Antón apenas cobra cuatrocientos veinte euros al mes, está a punto de ser desahuciado, y lucha entre el amasijo de hierros y sangre para sacar gente de aquel infierno. Ana no trabaja desde hace tres años, y se ha ofrecido para lo que haga falta. Y está Xavier, también Xacob, y Noa, Iria y Cristina. Cientos de personas que han dejado todo para ofrecerse sin condiciones.

Ha sido una tarde trágica, una noche negra; y serán unos días de dolor, pero algo ha pasado en Santiago, cuna de un viejo y maltratado país, un pueblo dolido, triste y herido; el mismo pueblo que asiste incrédulo al banquete de los poderosos, ha decidido moverse por los suyos, quizás al saber que ya nadie nos defenderá si no somos nosotros mismos. Quizás porque aún nos queda dignidad como pueblo, quizás porque no somos tan malos como los de arriba nos quieren pintar, puede que por puro instinto.
Y entonces, en plena madrugada de Julio, a muchos kilómetros de distancia, me siento gallego, abro mi libreta y escribo:
Este tarde negra me ha vuelto a mostrar que quizás siguen existiendo motivos para sentirnos orgullosos de ser quienes somos.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Por supuesto Salva,no somos ellos,no nos representan y la marca españa somos los del pueblo.