NOCHES EXTRAÑAS

Fue un momento de lucidez absoluta , y todo sucedió a una hora indeterminada de la noche, en un verano cualquiera de un año voraz y rapaz.
No había sucedido nada en especial, pero algo me despertó en mitad de una oscuridad rota por la luna, perezosa y mora, aquella madrugada revoltosa, amable, cálida.
Abandoné la cama con sigilo, salí a la terraza y mojé mi cara con agua fresca.
Me senté en una vieja silla de madera mientras un grupo de perros discutía a lo lejos y el último grillo me regalaba unas notas sedantes e impagables.
Respiré el aroma dulzón y empalagoso de un jazmín vecino y pensé en mis cosas. 
Entonces me di cuenta de que no necesito un coche de alta gama, ni el Iphone 5, tampoco visitar los mejores restaurantes, asistir a grandes eventos o vestir la ropa más lujosa. Fueron apenas cinco segundos, pero más que suficientes para descubrir que mi felicidad se esconde tras una madrugada, una luna burlona y una vieja silla de madera.

1 comentario:

amelche dijo...

Por eso yo tengo un móvil sin whatsapp, conduzco un Fiat de hace diez años y no me gasto mucho en ropa. Un abrazo.

Ana