DEBERES

Debe salir, buscar un sitio adecuado, reunir a las personas exactas y decirlo todo.
Debe mirar a los ojos de alguno de ellos, no dudar ni un segundo, no expresar miedos o inseguridades, porque no es lo que esperan de él en ese momento.
Debe dar la dosis exacta de esperanza, si la hay, a todos y cada uno de los que le oyen bebiendo de sus palabras, debe decir exactamente la verdad sin derrotismos absurdos, pero sin ilusiones vanas.
Apenas cinco minutos para resumir toda la situación, para dar la información justa, la necesaria. Y esperar mirando a los ojos.
La mente humana procesa los datos en menos de treinta segundos, y luego reacciona:
rabia contenida unas veces, violencia o amenazas sin sentido las otras; llanto, incredulidad o negación en ocasiones. Preguntas, dudas, miedos y quizás lo peor: silencios, silencios que duelen.
Debe aguantar la presión porque ellos necesitan saber que alguien está a cargo de todo, que se han hecho las cosas bien, creer que aquella persona de blanco les ofreció todo lo que la medicina podía ofrecer, que se preocupó por luchar junto a ellos, que la batalla se perdió con coraje. 
Y debe dar un último consuelo, esperar que las aguas reposen y dejarlos digerir la información.
Y entonces debe volver a empezar, porque hay otra persona, otra batalla, otra familia esperando que alguien de blanco les dé la esperanza que necesitan.

PS: La información a familiares y pacientes es, en mi opinión, una de las partes más importantes en la gestión de nuestro trabajo diario.